Dos hermanos llegaron el sábado al hospital Schestakow para hacerse atender de heridas de arma blanca, pero no quisieron denunciar a sus atacantes ni aportar datos de la agresión.
Los apuñalados, de 34 y 37 años, arribaron a las 6.40 de la madrugada por sus propios medios al nosocomio para solicitar la asistencia médica, fueron curados de sus heridas punzo cortante, uno en el tórax y el otro en el abdomen, y luego quedaron internados para su recuperación.
Y como es habitual en los casos de este tipo que se atienden en el lugar, a los lesionados se les solicitó datos del hecho de sangre, pero no quisieron señalar a los eventuales atacantes y ni aportar mayores datos, según informaron desde la policía.
Lamentablemente se está volviendo habitual que apuñalados o baleados que son atendidos en el hospital público eviten hacer la denuncia o aportar datos de los agresores, apelando a una especie de “código de silencio”.
Esto incrementa el riesgo de que se produzca posteriores posibles represalias o “ajustes de cuenta”, que pueden derivar en nuevos hechos de sangre.
