Con sólo mencionar la palabra Alcatraz cualquier persona lo asocia con una prisión de máxima seguridad. Y de hecho lo era: construida en medio de una isla, a más de 2 kilómetros de la costa más cercana y separada por aguas turbulentas. Sin embargo, tres presos lograron romper con toda la mística y la lógica de es cárcel tras protagonizar una cinematográfica fuga.
Guía detallada sobre cómo fugarse de una cárcel de máxima seguridad en una isla
En la década del ’60 se registró una triple fuga de presos en una de las cárceles más míticas: Alcatraz
La prisión federal de Alcatraz era considerada el destino final para los criminales más peligrosos y reincidentes de Estados Unidos. Operativa desde 1934 hasta 1963, albergó a figuras notorias como Al Capone.
Sus celdas diminutas, las corrientes heladas de la bahía y los tiburones que se rumoreaban en las aguas hacían que escapar de esa cárcel pareciera imposible. Ningún preso había logrado evadirse con éxito, o al menos eso se creía hasta lo que ocurrió en 1962, un año antes de ser cerrada.
Los protagonistas detrás de la fuga
Los tres hombres detrás de la fuga fueron Frank Morris y los hermanos John y Clarence Anglin. Morris, un ladrón de bancos con un coeficiente intelectual superior a la media. Los hermanos Anglin, también ladrones de bancos, eran expertos nadadores.
La fuga fue el resultado de meses de planificación meticulosa. Los presos, usando cucharas de metal robadas del comedor y una aspiradora modificada como taladro improvisado, comenzaron a excavar en secreto. Trabajaban de noche, cubriendo el ruido con música de acordeón tocada por otro recluso y ocultando los agujeros con rejillas falsas hechas de cartón pintado.
Para engañar a los guardias durante el conteo nocturno, los presos fabricaron cabezas de maniquí usando jabón, papel maché, pintura y cabello recolectado de la barbería de la cárcel. Estas cabezas, sorprendentemente realistas, se colocaban en las almohadas para simular que estaban durmiendo.
Además, recolectaron más de 50 impermeables donados por otros presos para construir una balsa inflable y chalecos salvavidas. Cosieron los impermeables con pegamento y usaron tubos de la prisión para inflar la balsa con la que concretarían la fuga.
La fuga, ¿exitosa?
El 11 de junio de 1962, el plan de fuga se puso en marcha. Morris y los hermanos Anglin colocaron las cabezas falsas en sus camas y se deslizaron por los túneles excavados hasta un corredor de servicio. Desde allí, escalaron tuberías hasta el tejado y descendieron por un poste de luz hasta la costa. Alrededor de las 22, inflaron su balsa y se lanzaron a las aguas heladas de la bahía, rumbo a la isla Ángel, a unos 2 kilómetros de distancia.
A la mañana siguiente, los guardias descubrieron las celdas vacías y las cabezas falsas, desencadenando una de las mayores cacerías humanas en la historia de Estados Unidos. El FBI, la Guardia Costera y las fuerzas locales peinaron la bahía y las áreas circundantes.
Encontraron restos de la balsa, un remo improvisado y un chaleco salvavidas cerca de la isla Ángel, pero no había rastro de los hombres. Las autoridades concluyeron que tras la fuga probablemente murieron ahogados debido a las corrientes fuertes y la temperatura del agua, que rondaba los 10 grados.
El destino de Morris y los Anglin sigue siendo un misterio en Estados Unidos. El FBI cerró el caso en 1979, afirmando que no había evidencia de que hubieran sobrevivido. Sin embargo, no se encontraron cuerpos tras la fuga, lo que alimentó especulaciones.
Aumentando aún más misterio una carta anónima recibida en 2018 afirmaba que los tres presos sobrevivieron a la fuga y vivieron en libertad. Por otro lado, expertos en oceanografía han señalado que las condiciones de la marea esa noche pudieron haber favorecido su travesía.





