La muerte de un joven médico destapó un escándalo que involucra el robo y el consumo recreativo de medicamentos potentes en uno de los hospitales más prestigiosos de Buenos Aires.
Fiesta del propofol: la muerte de un médico que destapó un submundo de drogas
Un médico fue encontrado sin vida tras sufrir una sobredosis de dos fármacos intravenosos de uso estrictamente hospitalario
Alejandro Zalazar, anestesiólogo de guardia en el Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez y exresidente del Hospital Rivadavia, fue hallado sin vida en su casa el lunes 23 de marzo pasado. La causa de su muerte fue una sobredosis de propofol y fentanilo, dos fármacos intravenosos de uso estrictamente hospitalario.
En la escena, las autoridades encontraron ampollas de estas drogas junto con instrumental médico como bombas de infusión y dispositivos de ventilación asistida, lo que encendió las alarmas sobre un posible circuito irregular de distribución.
El submundo de médicos y drogas
La trazabilidad de los fármacos y los elementos hallados en la vivienda del médico reveló que provenían del Hospital Italiano de Buenos Aires. Este dato derivó en una investigación interna inmediata en la institución. Se identificó a un anestesiólogo y a una residente de tercer año como presuntos responsables del robo y distribución de las sustancias controladas.
Se cree que el médico anestesiólogo organizaba lo que se conocía informalmente como “Fiesta del propofol” o “Propo fest”. Se trataba de reuniones privadas, en algunos casos con connotaciones sexuales, donde se administraban dosis controladas de propofol y fentanilo para inducir “viajes controlados”: estados de euforia y relajación profunda.
Participaban médicos y residentes de varios hospitales de Buenos Aires, coordinados a través de un grupo de WhatsApp con ese nombre. Un “controlador” permanecía atento para asistir en caso de apnea respiratoria, el principal riesgo de la sobredosis. Alejandro Zalazar habría asistido a alguna de estas fiestas.
La combinación de propofol y fentanilo, habitualmente usados en endoscopias o cirugías, genera una sedación profunda que, en contextos recreativos, puede resultar letal sin supervisión médica adecuada. El escándalo se viralizó en chats médicos y redes sociales, donde audios y mensajes daban cuenta de prácticas que incluían certificados médicos falsos para evadir controles antidoping.





