Por Ariel Cubells
Un estudio previo, víctimas a merced de tres delincuentes y un suculento botín fueron el resultado de una fuerte entradera que sufrió una familia en Corralitos el martes cerca de las 23.30.
En calle Buenos Vecinos, Gonzalo Villanueva llegaba a su casa, en la que vive junto con sus padres, Héctor y Elsa (ambos jubilados), cuando fue sorprendido en la cochera por tres individuos encapuchados y armados que lo obligaron a entrar.
Los malvivientes redujeron a los tres integrantes de la familia y comenzaron a revolver todo lo que estaba a su alcance.
Dos ladrones se tomaron aproximadamente una hora para revisar cada rincón del domicilio, mientras el otro sujeto mantenía controladas a las víctimas con un revólver. “Estábamos tirados en el piso, atados, y nos pisaba.Nos decía que si nos movíamos nos iban a quemar”, contó Elsa. Inclusive a Héctor y a su hijo les pegaron con una pistola en la cabeza.
Tareas de vigilancia
Gonzalo Villanueva contó que viernes y sábado de la semana pasada en horas de la noche había observado a hombres desconocidos rondar la casa. En las dos oportunidades, estos sujetos se movilizaban en un mismo vehículo, aparentemente un Renault 19. La familia dio aviso de la situación al 911 y recibió la respuesta de que se iban a ocupar de la situación. “Venían haciendo inteligencia y estudiando el lugar, nos tenían marcados.
Llamamos a la policía pero nunca vinieron”, dijo Gonzalo.
En una de esas noches Héctor sacó un arma y arrojó algunos tiros al aire para ahuyentarlos. Esta situación después se la recordaron los delincuentes durante el asalto del martes.
Los saquearon
El botín del que se hicieron estos tres hombres fue bastante variado y con muchas herramientas que eran de uso casero: un generador eléctrico, una motosierra, un martillo neumático, una sierra, una fresadora, una lijadora, una caladora, una soldadora y una amoladora.
Además se llevaron un revólver calibre 22, un televisor, dos teléfonos celulares, un reproductor de música, más de $2.000, algunas joyas, varios pares de zapatillas, prendas de vestir, una moto Honda de 150cc que Gonzalo todavía está pagando y el Renault 9 de la familia.




