Diecisiete allanamientos. Diez aprehendidos. Nueve imputados. Más de 350 kilogramos de carne. Estos son algunos de los números de una investigación que realizaron autoridades del Valle de Uco y que terminó desbaratando dos bandas de cuatreros a mediados de la semana pasada.

El 23 de octubre fue el puntapié inicial de la pesquisa gracias a un informe de policías de Investigaciones que detectaron varios casos de robo de ganado en la zona de Chilecito, Pareditas y San Carlos. Se trata de delitos difícil de rastrear ya que son zonas despobladas y las víctimas se dan cuenta uno o dos meses después de sufrir el abigeato, cuando hacen los rodeos y notan que les faltan los animales.

La Unidad Fiscal de Valle de Uco decidió pinchar cinco líneas telefónicas de sospechosos y con esta medida logró individualizar dos bandas que "estaba a full", según graficó una fuente ligada a la causa.

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La carne secuestrada a las bandas de cuatreros.

La carne secuestrada a las bandas de cuatreros.

El modus operandi consistía en ingresar a los corrales durante la noche, llevarse las cabezas de ganado, faenarlas y luego venderlas a un precio accesible que rondaba los $450. Los cuatreros mantenían el perfil bajo y conseguían a sus clientes gracias al boca en boca, llegando hasta tener encargos de distintos cortes de carne en concreto.

La pesquisa desembocó en 17 allanamientos que se realizaron en todo el Valle de Uco el 22 de diciembre pasado. En las medidas se secuestraron 350 kilos de carne -ya sea vacuna, de cerdo, de viscacha y avestruz-, 25 cabezas de ganado -valuadas en $80 mil cada una-, escopetas de caza, armas blancas, celulares y hasta poleas para movilizar las vacas.

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La carne y armas de fuego secuestrada a las bandas de cuatreros.

La carne y armas de fuego secuestrada a las bandas de cuatreros.

Diez personas fueron aprehendidas, aunque nueve de ellas fueron las que terminaron imputadas en su mayoría por los delitos de encubrimiento o de tenencia ilegal de arma de fuego. "Es difícil imputarles abigeato porque todavía no podemos conectarlos con alguno de los robos de ganado en específico", explicó una fuente judicial. Para esto será clave el análisis que se realizarán en los ocho teléfonos secuestrados. Los detenidos pertenecen a dos familias de apellidos Maya y Salinas. "Viven de esto desde hace muchos años", detallaron los sabuesos judiciales.

Trascendió que también se realizaron dos allanamientos en carnicerías de San Carlos sospechando que allí se terminaba vendiendo la carne robada, pero finalmente los controles municipales y bromatológicos avalaron a los comercios.

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