Cindy James, nacida en 1944, era una enfermera y administradora de un preescolar para niños con problemas emocionales de Canadá. Su vida parecía estable hasta que, tras la separación con su esposo en 1982, comenzó a reportar un crimen tras otro: casi 100 incidentes de acoso durante siete años. Casi nadie le creía, hasta que terminó siendo víctima de un femicidio.
Denunció 100 veces que la acosaban, no le creían y terminó siendo víctima de un femicidio
El caso de Cindy James, un femicidio que conmocionó a Canadá, permanece como uno de los misterios más desconcertantes en la historia criminal del país
Los acosos incluían llamadas telefónicas amenazantes, notas con letras recortadas, líneas telefónicas cortadas y animales estrangulados dejados en su jardín. Esta situación continua, según Cindy James, la sumió en un estado de terror constante. Sin embargo, la policía de Canadá comenzó a sospechar que estos eventos podrían ser autoinfligidos.
En 1983, una amiga encontró a Cindy James en su casa con una media de nailon alrededor del cuello, alegando que alguien la había atacado. En 1985, fue hallada en una zanja, semiconsciente, con hipotermia y otra media al cuello. En 1988, un incendio en su sótano, iniciado desde el interior, intensificó las sospechas de la policía de que estaba orquestando los ataques.
El desenlace fatal del femicidio
La Policía de Canadá invirtió más de 1 millón de dólares investigando pero nunca encontró pruebas de un acosador externo, lo que alimentó la teoría de que Cindy James padecía un trastorno psicológico.
El 25 de mayo de 1989, la mujer desapareció. Su auto fue encontrado en un centro comercial de Canadá con sangre en la puerta y artículos de su cartera esparcidos. Dos semanas después, el 8 de junio, su cuerpo apareció en una casa abandonada, atado de manos y pies, con una media de nailon alrededor del cuello.
La autopsia reveló que este femicidio involucró una sobredosis de morfina, lo que llevó a la policía de Canadá a concluir que se trataba de un suicidio, a pesar de las circunstancias que sugerían un crimen violento. La ausencia de una jeringa en la escena y la dificultad de atarse a sí misma tras ingerir drogas letales generaron escepticismo.
La familia de Cindy James rechazó vehementemente la teoría del suicidio, insistiendo en que fue un femicidio. Incluso un investigador privado argumentó que las contusiones en su cuerpo sugerían que fue asesinada en otro lugar y trasladada, un detalle que complicaba la narrativa del suicidio.
El jurado de la investigación forense en 1990 declaró la causa de este femicidio como “indeterminada”, reflejando la confusión que aún persiste. La falta de evidencia concreta, combinada con el gasto masivo de recursos policiales, convirtió este crimen en el caso más costoso de la Policía de Canadá.




