Por Enrique Pfaab - [email protected]San Martín. Mario González, oficial ayudante de la Policía de Mendoza, fue condenado ayer a 6 años de prisión efectiva después de que la jueza María Victoria Franano lo considerara culpable del delito de lesiones graves dolosas, agravadas por su condición de funcionario público.
Mario González deberá cumplir cárcel efectiva al haber herido gravemente a Cristian Villarrubia en la cabeza, lo que le provocó lesiones con secuelas permanentes.
Condenaron a 6 años de prisión a un policía que baleó a un joven que hacía picadas
En la sentencia se entendió que el policía le disparó, a corta distancia y apuntándole a la cabeza con una Itaka, a Cristian Villarrubia, provocándole lesiones que le dejaron secuelas permanentes.Después de leído el fallo, el policía fue esposado por sus compañeros de fuerza y hubo gritos y momentos de gran tensión en la sala. Además se ordenó investigar a otros tres efectivos policiales, por intentar encubrir el hecho y pretender hacerlo pasar por un accidente vial. La sentencia fue dura. La tensión vivida ayer en tribunales se debió a que se creía, como máximo, que el uniformado podía recibir una pena en suspenso.
Sin embargo, el fiscal de cámara Oscar Sívori había pedido momentos antes en su alegato la pena de 7 años de prisión efectiva, y la querella había solicitado 9. Para la defensa, se debía imponer la absolución. Finalmente la jueza Franano, en sala unipersonal, entendió probada la postura de la fiscalía que sostiene que la madrugada del 21 de enero de 2013 algunos vecinos de Palmira que estaban en el Parque La Palmira llamaron al 911 para pedir la presencia de un móvil policial, ya que había jóvenes en moto que circulaban a alta velocidad por los caminos internos, realizando picadas.Un patrullero partió hacia allí. Además se subió a ese móvil el oficial Mario González, que estaba de franco pero decidió ir con sus compañeros, ya que vive cerca del lugar. Los policías intentaron hacer un cerrojo para interceptar a las motos. González, con una escopeta Itaka, se ubicó en la salida norte del parque mientras el patrullero ingresaba por el otro extremo. Hubo un desbande. Las motos se dirigieron hacia el extremo norte. Algunos pilotos vieron al acusado apostado allí y lo evitaron, siguiendo su ruta por una huella que bordea el río Mendoza. Otros, unos pocos, atendieron la orden de alto que les dio González, que los apuntaba con la escopeta. Villarrubia iba en este grupo.González hizo dos disparos. Uno habría sido al aire y el otro fue directo, apuntado a la cabeza de Villarrubia. Fue casi una misma secuencia. El joven recibió el impacto, perdió el equilibrio, cayó y su cabeza pegó contra un cilindro de hormigón que reduce el paso de vehículos. Quedó tendido allí, inconsciente. Fue llevado al centro de salud de Palmira, luego al Perrupato y finalmente al Hospital Central. Las primeras actuaciones se realizaron como si la herida de Villarrubia hubiera sido sólo producto del golpe contra el cilindro, pero después los médicos que operaron al joven informaron que habían encontrado dos perdigones en la herida. Para la fiscalía y la querella, González apuntó y disparó para herir al motociclista, pese a que el hecho no era un delito sino, cuanto mucho, una infracción de tránsito, una contravención y nadie estaba en riesgo. Para la defensa, González estaba solo en un lugar oscuro y Villarrubia, “que era parte de un grupo de inadaptados, intentaba atropellarlo”. La jueza entendió que la acción del policía fue dolosa, es decir que tuvo la intención de herir, y que lo hizo excediendo sus atribuciones e incumpliendo su función de prevención. Mario González había llegado libre a tribunales y se fue detenido.Tras la sentencia y la detención hubo una fuerte conmoción, especialmente en la familia del condenado.




