Identidad trucada

Cómo funcionaba la siniestra clínica que durante décadas hizo abortos y vendía bebés

Era una red familiar con médicos, enfermeras y un policía. Si no podían hacer el aborto, porque el embarazo era avanzado, provocaban el parto y vendían el bebé

"Estamos allanando la casa de San José y cuando los sorprendimos terminaron tirando un bebé recién nacido abajo de la cama y habían dejado otro en una casa vecina", palabras más palabras menos eso fue lo que contaba apurado un policía que en agosto del 2009 irrumpía en una casa de Guaymallén en la que sabían que se hacían abortos clandestinos y vendían bebés. La red contaba con médicos, enfermeras que conseguían los certificados de recién nacidos truchos y ágiles vendedores que contactaban a los desesperados.

Ahora, cuando ya varios de esos niños pudieron haber festejado sus 15 años con una falsa identidad, a esa aceitada red de venta de bebés se la condenó a sólo 3 años de prisión en suspenso.

La fría tarde del 8 de agosto del 2009 la policía irrumpió en la casa de Álvarez Condarco 2008 de San José. Para los desprevenidos que pudieran pasar por allí, e incluso para los periodistas que llegamos al lugar advertidos por el megaoperativo, esa era una linda casa de dos plantas que resaltaba entre las sencillas construcciones aledañas.

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El consultorio allanado funcionaba en calle Álvarez Condarco, en San José, Guaymallén.

El consultorio allanado funcionaba en calle Álvarez Condarco, en San José, Guaymallén.

Puertas adentro funcionaba una oscura clínica en la que se practicaban abortos clandestinos y algunos días se improvisaba una sala de partos, para los casos en los que el embarazo había avanzado tanto que ya el aborto era impracticable.

Para esos casos el negocio ya tenía previsto una alternativa: esos niños se vendían y a los interesados compradores se les entregaba incluso el certificado de nacido vivo truchado con la identidad de quien podía pagarlos.

Cuando los efectivos llegaron a esa casa encontraron un bebé recién nacido que habrían traído del norte del país para venderlo en estas tierras. Esa "transacción" no alcanzó a hacerse pero estaba todo listo. En un placard de la casa había una bolsa con una pequeña manta con la tradicional puntilla blanca, un pequeñísimo vestidito blanco talle 1 y otro bolso con pañales y juguetes.

En la habitación contigua funcionaba el improvisado quirófano, con una camilla ginecológica y un ecógrafo. De testigo de las "intervenciones" que hacían quedaron allí guantes descartables, gasas con manchas de sangre, agujas descartables, una pinza y hasta una punzante aguja de tejer. Evidentemente en la premura por escapar alguien dejó tirados allí tres billetes, dos de 100 dólares y otro de 20 dólares de un pago que quedó trunco.

Muy cerca de allí, en calle Aristóbulo del Valle funcionaría una especie de sucursal de la clínica. En ese domicilio, en una casa al fondo del pasillo la policía encontró a dos hombres y una mujer que guardaban allí a una pequeña beba de unos 5 meses de vida y sin documentación.

Aquel día y casi en el mismo instante también se allanó un domicilio de calle Sarmiento 599, también de Guaymallén con la orden de detener a la médica que comandaría la clínica, pero cuando los policías llegaron sólo escucharon el llanto de un bebé. De los buscados sólo había rastros, pero el pequeño -de no más de 10 días de vida- gritaba con todas sus fuerzas para que alguien lo rescatara. Lo habían dejado tirado sobre una cama de dos plazas. Alrededor habían recetarios y muy bien escondido un revólver calibre 32.

Cómo funcionaba la red

Luego de varios días de escuchas telefónicas y con los elementos secuestrados en el allanamiento se logró detener a dos ginecólogos involucrados: Silvia Irene Lorenzo (69) y Ernesto Aveiro Porcel, quien hoy tendría 87 años pero falleció en enero del año pasado. Este último incluso se hacía pasar por otro médico que ya había fallecido llamado Juan Carlos Moya.

Ambos atendían a sus pacientes en los dos consultorios de San José: el de calle Álvarez Condarco y el de Sarmiento.

En este último lugar se había montado una especie de quirófano en el que practicaban los abortos o los partos clandestinos.

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Los involucrados en la causa: Silvia Lorenzo, Diego Funes, Ernesto Aveiro, Hilda Morán y Roxana Ascanio.

Los involucrados en la causa: Silvia Lorenzo, Diego Funes, Ernesto Aveiro, Hilda Morán y Roxana Ascanio.

Si se producía el parto entregaban al bebé al hijo de Silvia Lorenzo, Diego Horacio Funes Lorenzo (45), quien residía en la planta alta del consultorio. Él y su pareja estaban encargados de cuidar a los pequeños hasta que conseguían una familia compradora.

También una vecina de calle Álvarez Condarco cumplía la misma función por una suma de $500 pesos, además de la entrega de pañales y leche.

La investigación hizo que días más tarde se detuviera también a la pareja de Lorenzo, un policía que tenía vínculos familiares en una clínica a través del cual lograban conseguir los certificados de nacidos vivos, que es un documento que se entrega en los hospitales y las clínicas, y que ellos terminaban truchando.

Una ex empleada arrepentida confirmó que en el periodo en que trabajó como secretaria en esa clínica nacieron dos bebés y que a uno de ellos se lo vendió en $6.000. El negocio había crecido tanto que venían mujeres de San Luis y Córdoba para desprenderse de bebés que por el avanzado estado del embarazo ya no se podían abortar.

Silvia Lorenzo y una de sus secretarias, Hilda Griselda Morán (65), eran las encargadas de buscar a las parejas que iban a comprar a los niños en sumas que rondaban los 20 mil pesos, aproximadamente.

La pesquisa reconstruyó que el precio variaba según el color de piel y hasta de los ojos de los niños. Una vez que cerraban el negocio, realizaban un acta de nacimiento apócrifa para que los compradores pudieran tramitar el DNI.

Entre los tremendos testimoniales de la causa aparece el de una de las mujeres que llegó a esa clínica con un embarazo avanzado de más de 7 meses. El dato se lo habría dado un amigo, que conocía la clínica porque con una ex novia habían acudido a hacerse un aborto diez años antes. Ese amigo la acompañó hasta el lugar y habría reconocido a Silvia Lorenzo cuando la vio.

La mujer contó que había pactado con Silvia hacerse un aborto a cambio de pagar $1.000, pero como no tenía el dinero volvió a la clínica un mes más tarde y la atendieron las nueras de Lorenzo.

La mujer sedada recuerda que rompió bolsa y escuchó a su bebé quejarse al nacer. Pese a que le aseguraron que había nacido muerto, ella contó que vio cómo una vecina se llevaba al recién nacido.

Una acusación que se suavizó y terminó muy leve

Tras la investigación que en aquel momento lideró el fiscal Daniel Carniello, a los implicados se los acusó de asociación ilícita y promoción o intermediación en la alteración de identidad de un menor de 10 años en forma reiterada.

Luego, recuperaron su libertad pagando distintas fianzas.

El resto es historia conocida. Estaba previsto que durante toda esta semana se desarrollara el debate en su contra, pero finalmente llegaron a un trato con el fiscal y realizaron un juicio abreviado donde admitieron su culpabilidad.

Finalmente se quitó de la calificación legal el delito de asociación ilícita y fueron condenados a la pena mínima del otro delito: 3 años de prisión.

Como ninguno de los sospechosos tenía antecedentes penales, la condena fue en suspenso y permitió que mantuvieran la libertad. En el caso de Lorenzo, se agregó el doble de tiempo de inhabilitación para ejercer la medicina.

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