En el segundo juicio por el crimen ocurrido el 14 de septiembre de 2002 se descubrió que desaparecieron archivos judiciales, escuchas telefónicas y quemaron libros de la Guardia de la Comisaría 12 en esa fecha.

Caso José Luis Bolognezi: la Justicia no preservó pruebas importantes

Por UNO

El caso Bolognezi deberá quedar en los libros, para que con ellos se instruyan futuros funcionarios judiciales y policiales. Será para que sepan cómo se trabaja espantosamente. Para que sepan cómo se cometen cientos de errores o se trata de encubrir burdamente a alguien en una misma causa. Entre las cosas que ha dejado al descubierto el tribunal que está juzgando por segunda vez el crimen ocurrido el 14 de setiembre del 2002 ya se detectó que desaparecieron misteriosamente del Archivo Judicial 3.458 casets con igual cantidad de horas de escuchas telefónicas y que fueron quemados los libros de Guardia de la Comisaría 12 de ese año. 

Curiosamente, no corrieron la misma suerte los libros del 2001 y el 2003. La defensa y la querella están de acuerdo. Los impulsan intereses diferentes, pero ambas partes coinciden en que la desprolijidad los perjudica.  Entre tanto, los jueces viven asombrados.

El miércoles, el tribunal se llevó otro chasco. En la investigación del caso se realizaron 3.500 horas de escuchas telefónicas. Una policía, utilizando su propio criterio, resumió todo ese tiempo en al menos unos 100 casetes  de una hora cada uno.

Ahora, cuando el tribunal cursó los oficios para que le envíen todo el material, sólo aparecieron 42 casetes y nadie sabe precisar dónde están las tres enormes cajas que contenía el resto.

La querella estima que los hicieron desaparecer, posiblemente, para beneficiar a los actuales imputados: Abdo Girala y Carlos Metralleta Pérez.

Las defensas presumen que la selección arbitraria de las escuchas puede  haberse realizado para perjudicarlos y, en cambio, ocultar la identidad de los verdaderos autores.

Hasta ahora, el tribunal insiste en que se continúe buscando y no se descarta que terminen siendo acusados por esta “pérdida” algunos responsables del Poder Judicial.

Pero ésta no es la primera “desprolijidad” descubierta. Ya se había detectado que los libros de Guardia de la Comisaría 12 del 2012 fueron quemados y todavía no se pudo precisar quién dio la orden para esto.

Si esos libros estuvieran se podría establecer, por  ejemplo, por qué a las 7.30 de esa trágica mañana había un policía junto al cuerpo pero recién dos horas después se dio por registrada la novedad del hallazgo.

Mucho menos se puede explicar por qué, durante esas dos horas, el cadáver fue corrido del lugar y la ropa acomodada junto a él mucho antes de que llegara el personal de la Policía Científica.

¿Desprolijidades?

Desde antes de que comenzara este segundo juicio, las fuentes cercanas al tribunal ya dejaban claro algo.

“Puede ser difícil determinar quiénes fueron los autores del crimen, pero al menos dejaremos en claro las desprolijidades que se cometieron”, aclararon.

Ya están logrando este objetivo.