Diario Uno Policiales joven trans
Sin precedentes

Un brutal asesinato de una joven trans será juzgado como femicidio

Por UNO

El caso de una travesti asesinada con 17 puñaladas por un cliente que la mató salvajemente mientras ejercía la prostitución, conmueve a Córdoba. El acusado podría recibir prisión perpetua por el "homicidio calificado por violencia de género".

La noche en que Azul Montoro fue asesinada empezó como cualquier otra en la zona roja de Córdoba capital. Antes de salir a encontrarse con un cliente, Azul les había dicho a sus compañeras que cerca de las 3 de la mañana necesitaba que el departamento estuviera libre para poder trabajar ahí, por eso Maina decidió irse a lo de Tatiana a terminar de maquillarse para la noche y le avisó con un mensaje a su amiga que ya podía usarlo. "Ok, reinu", le contestó ella.

 Embed      

A las cinco de la mañana, cuando Maina -la amiga con la que compartía el departamento- llegó al edifico de la calle Rincón al 100 se encontró con la puerta abierta, las llaves puestas del lado de adentro. Pensó tal vez que Azul estaba con alguien y que no se había dado cuenta que la puerta no se había cerrado bien. "Amiga, ¿estás ocupada?", gritó. Nadie contestaba desde adentro. Bianca, la caniche toy de Lara, lloraba.

Cuando se acercó a la habitación, vio adentro el cuerpo sin vida de Azul tirado en el suelo sobre un charco de sangre junto a la cama, que también estaba completamente revuelta y ensangrentada. 

A partir de ese momento, las sospechas de los investigadores se centraron en un hombre que esa noche había deambulado por la zona y había sido visto con ella. Fabián Alejandro Casiva, de 23 años, con domicilio en Córdoba capital, era una cara conocida en esas esquinas, un cliente habitual. 

Esa noche, Casiva habló con varias de ellas hasta llegar a Azul. Esa noche había hablado con varias de ellas y nadie había querido irse con él porque, decían, andaba con plata falsa. Con Azul quizás llegó a algún tipo de acuerdo y la llevó en su moto hasta el departamento.

Como Azul cobraba por adelantado, creen que tal vez discutieron cuando llegaron al departamento y que ahí fue que Casiva, de acuerdo a la imputación en su contra, la apuñaló 17 veces con un cuchillo que tenía consigo, la golpeó en la cabeza, le cortó la oreja a la perra que no paraba de ladrar, robó un poco de dinero y el celular y huyó.

En las horas siguientes al crimen, mientras tanto, las amigas de Azul veían que ella figuraba "en línea" en WhatsApp y querían saber quién tenía su teléfono y seguía usándolo. Una de ellas se animó e hizo una videollamada. Del otro lado, un hombre atendió, se dejó ver y no dijo nada. Así, tomaron una captura, que ilustra esta nota.

 Embed      

Entre la madrugada del miércoles 18 de octubre y el jueves 19, horas después del crimen, Casiva -que tenía antecedentes de 2013 y 2016 por lesiones y amenazas contra su hermana, su mamá y su cuñada embarazada– había estado en su casa, su familia lo notó con un comportamiento extraño.

Cuando su hermana se despertó a las 7 de la mañana para llevar a sus hijos al colegio, lo vio pensativo y escuchó que decía que lo iban a ir a buscar. Ella recuerda haberle preguntado qué le pasaba y dijo ante la Justicia que notó que estaba drogado. "Me hice un hecho", le contestó él y le señaló un teléfono y unos billetes. Después la llevó a su habitación y le mostró sin decirle nada unas zapatillas y un bollo de ropa con manchas de sangre.

 Embed      

"No lo quise hacer", le repetía: "No lo quise hacer".

Ese jueves, la policía de Córdoba lo encontró a Casiva en el Hospital Neuropsiquiátrico Provincial, donde había estado internado anteriormente y de donde se había fugado. Allí, le dijo a los médicos que quería internarse por sus problemas con la droga, que su mamá se lo había pedido. La policía lo revisó y le encontró encima varias pastillas, un encendedor, el teléfono de Azul y dos billetes de 100 pesos con manchas de sangre.

Fue detenido y estuvo preso hasta el 29 de diciembre a última hora, cuando el resultado de la primera pericia psicológica y psiquiátrica arrojó que Casiva era inimputable. En 2013 y 2016, había quedado en libertad por el mismo motivo.

 Embed      

"Los peritos tuvieron una mirada bienintencionada por sus antecedentes de consumo. Lo tomaron con ligereza", dijo una fuente de la investigación que estuvo en desacuerdo con el resultado, que terminó con la internación de Casiva en el hospital Aurelio Crespo en Cruz del Eje. "Una persona con un brote psicótico actúa de otra manera. Él tenía un cuchillo encima, salió subrepticiamente del departamento, mantuvo conversaciones coherentes, no es el caso", agregaron los investigadores.

Según las nuevas pericias, todos sus comportamientos previos y posteriores al crimen indican que Casiva siempre fue consciente de sus actos.

Tras una serie de nuevas pericias de parte y oficiales, Casiva fue declarado nuevamente imputable en 2018, se le retiró la medicación y volvió a estar preso en el penal de Bouwer.

Apenas ocurrió el crimen, además, Casiva había sido solamente imputado por homicidio simple, pero, con el avance de la investigación, la Justicia escuchó el reclamo de la querella y las organizaciones sociales que la acompañan, y el fiscal Guillermo González cambió la calificación a "homicidio agravado por violencia de género": un femicidio.

Temas relacionados: