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Son el eje de "Pueblo verde", un contundente documental de Sebastián Jaurs con el que debuta en el largometraje y se estrena esta semana.

Contundente documental sobre el uso de agroquímicos y sus consecuencias

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El glifosato, la soja transgénica, la soja y sus múltiples derivados en la alimentación y en numerosos productos -que es difícil suponer que la incluyen en sus fórmulas-, así como sus efectos sobre la biodiversidad, en especial en seres humanos, son el eje de "Pueblo verde", un contundente documental de Sebastián Jaurs con el que debuta en el largometraje y se estrena esta semana. Jaurs dirigió varios cortometrajes, el mediometraje infantil "El planeta de los sueños", episodios de la serie "Horizontes de ciencias naturales" y todos los de "Conociendo al capital", que se vieron por Encuentro, así como también acredita una larga experiencia en cine publicitario.

En 2008 tuvo la idea de abordar el tema de los agroquímicos y cuánto perjudican la naturaleza, la biodiversidad y los mismos humanos, ya sea por proximidad geográfica o su ingestión a través de productos que incluyen soja o sus derivados y nació este documental.

"Planeta verde" enfrenta el tema, recorriendo , Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe y , donde entrevista a trabajadores rurales, vecinos de las zonas afectadas y médicos, para llegar a conclusiones convincentes.

El resultado permite tener una visión ampliada del tema, de lucha sin recurrir a la mirada panfletaria, de análisis, así como escuchar las voces de las víctimas y de quienes alertan y denuncian el desequilibrio ecológico, al tiempo que muestra como la naturaleza sigue viva a pesar de estas permanentes agresiones.

Jaurs encuentra el equilibrio entre tema, narración y estética la hora de resolverlo en forma cinematográfica, repitiendo encuadres a la hora de las entrevistas a luz de día y a cielo abierto en cantidad, y a la hora de encuadrar cada geografía con su verde y naturaleza.

-¿Cómo nace la idea de abordar el tema de los agroquímicos y la biodiversidad -Todo empezó allá por el 2008 cuando tuve la oportunidad de ver el documental "El mundo según Monsanto", de Marie Monique Robin. Quedé tan impactado que me pregunté ¿Cuál era la situación aquí?, y me di cuenta que el panorama era aún peor que en esa película. Por aquel entonces el tema de las retenciones al agro estaba en todos lados, pero el debate estaba enfocado en la distribución de los beneficios económicos, y no en las consecuencias del modelo productivo.

-¿Cuanto duró el rodaje ya que insumió un gran recorrido por pueblos y muchas entrevistas? -El rodaje duró como un año y medio, pero la parte central fueron cinco semanas en las que visitamos seis provincias. En cada lugar al que llegábamos nos recibieron con la necesidad de contar sus vivencias. En un principio habíamos previsto 50 entrevistas, y terminaron siendo más de un centenar. El cerco mediático era y es tan fuerte, que ante la posibilidad visibilizar la problemática se multiplicaban los testimonios.

-¿Hubo tropiezos? ¿Cuáles fueron? -El tropiezo se dio en el momento de sentarnos a editar. La gran cantidad de testimonios nos jugó en contra y nos faltaba una historia. Después de mucho probar decidimos junto a Amalia Herdt, productora y coeditora, que la historia a contar era el rodaje de la película. La experiencia de filmar el documental iba a ser el hilo conductor. Nos pareció que de esa manera el espectador se sumergía en el viaje y nos acompañaba.

-¿Qué tanta información sobre el tema cree que tiene la gente común? -Me parece que nos alimentamos a titulares y profundizamos muy poco. No estamos acostumbrados a atar cabos y eso hace que por ejemplo no relacionemos el aumento de los asentamientos en las periferias de las grande ciudades con las cosechas récord. Por suerte desde hace años existen organizaciones sociales que vienen denunciando este modelo de producción a gran escala y eso permite que las consecuencias salgan a la luz. La información está, solo hay que tomarse el trabajo de buscarla.

-¿Considera que la conciencia acerca del tema crece, y que este tipo de trabajos ayudan? -Como consumidores somos responsables de la cadena productiva de nuestros alimentos. A veces desde la ignorancia, a veces desde la comodidad avalamos sistemas productivos perversos. Creo que es momento de mirar más allá de la góndola, informarnos, y debatir cuál es el mejor modelo productivo para el país y sobre todo para sus habitantes. Y eso conlleva consecuencias tanto políticas como sociales. En ese sentido la película es una semilla, habrá que ver que hace el espectador con ella.

-Con Trump como presidente de Estados Unidos ¿Los agroquímicos seguirán teniendo cada vez más protagonismo? -El tema central son las multinacionales semilleras que buscan monopolizar el control de los alimentos en todo el mundo. La modificación genética que introducen en los laboratorios les permite patentar las semillas, y de esa manera cobrarle al agricultor en cada siembra. Este insumo que siempre fue patrimonio de la humanidad, un regalo de la naturaleza, hoy corre el riesgo de pertenecer a unas pocas empresas.

-Siempre fue así, entonces... -Los gobiernos norteamericanos han apoyado en esa dirección y han sido fuente de presión, como ocurrió a mediados de los 90 con la introducción de los cultivos transgénicos. Me parece que eso no se va a retroceder con la administración Trump.

-¿Cómo encaró el guión frente a la cantidad de temas abordados? -La película es solo un recorte de la cantidad de temas relacionados con los agro negocios. Lo que siempre estuvo fue la idea ir develando la información en capas. Utilizar una estructura de capítulos que nos permitiera adentrarnos poco a poco e introducir datos que favorezcan el crecimiento dramático. Muchos de los temas que no pudimos tratar en el documental por una cuestión de tiempo, están desarrollados en las entrevistas que vamos publicando en la página de Facebook "Pueblo Verde la película".

-¿Qué tan difícil es abordar el género documental frente a la abundancia de propuestas? -El proceso es largo y cambiante, por eso es importante que la temática elegida tenga peso y nos movilice. Esta es mi primera experiencia en lo documental, y fue fantástica. El género te permite conectarte con realidades ajenas y desde ahí crecer. Lo más complejo en ese sentido es que al involucrarse emocionalmente con los entrevistados después es difícil decidir qué dejar y qué sacar.

-¿Qué tan de acuerdo debe estar con la propuesta estética? -Es que el contar va de la mano del cómo contarlo. En nuestro caso nos propusimos centrarnos en los testimonios para construir un relato colectivo. Era importante demostrar que la problemática afecta a gran parte del país, y para eso necesitábamos cantidad y diversidad de entrevistados y nos pareció que la mejor manera era en cámara, para que se produzca un vínculo directo entre entrevistado y espectador.

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