Pero tenía más pólvora y terminó 1975 con 60 tantos. Frente a Boca Juniors el Gringo Héctor Scotta superó la marca de Arsenio Erico con 48 goles en un año.

Frente a Boca, el delantero de San Lorenzo superó el récord

Por UNO

Lucio A. [email protected] las tribunas contrarias el grito más suave que le bajaba era "animal". Le gritaban "Burro, aprendé a jugar", "Ponganle el arado", y tantas frases entre hirientes y graciosas que largan los ingeniosos y burlescos desde las plateas o las populares. Iban dirigidos para el muchacho de pelo rubio, de aspecto bien italiano. Su apodo no podía ser otro que Gringo. Nació el 27 de setiembre de 1950 en la localidad de San Justo, en Santa Fe. Jugaba al fútbol, era rápido y junto con su hermano (Néstor), dos años más grande, tenían señalado el futuro como jugadores profesionales. Los chicos se quejaban cuando el Gringo los fusilaba a pelotazos. Pateaba muy fuerte y no medía su potencia. En la escuela y en el barrio trascendió la inusitada fortaleza del más chico de los Scotta. Los dos llegaron a la primera división de Unión de Santa Fe y allí el Gringo Héctor Scotta marcó 9 goles en 23 partidos en 1970. Al año siguiente pasó a San Lorenzo de Almagro, en donde se quedaría por 5 años, en su primera etapa en ese club. Colaboró en los dos títulos de 1972, Metropolitano y Nacional, y con el Nacional de 1974. Los hinchas lo aprendieron a querer y a respetar. Sus remates al arco pegaban en los carteles de publicidad en lo alto de las tribunas, iban cerca del banderín del córner para regocijo de los hinchas rivales. Pero cuando tenían destino de arco las pelotas ya habían rebotado en la red y los arqueros recién estaban levantando sus manos. El Gringo tenía pólvora en sus botines. Había que saber esperarlo y en sus momentos de puntería no había barrera ni arquero que frenara sus impulsivos remates. Pero en 1975 su juego y su pegada tuvieron una caricia de embellecimiento. Un maquillaje, que no alcanzó a ser una transformación, cubrió a la persona del Gringo. Sus corridas pasaron a ser más controladas, sus remates encontraron la "mira telescópica" tan buscada. Los plateístas rivales comentaban "Ojo con ese, que aprendió y ahora le pega al arco". Y los hinchas de San Lorenzo preparaban sus gargantas cuando Scotta se disponía a entrarle al balón, tan fuerte como con sus amiguitos de San Justo. El burro, el animal, el torpe pasaron de ser usados como "palabras descalificativas" a ser utilizados para resaltar su fortaleza y su efectividad. En el torneo Metropolitano de 1975 River Plate volvería a ser campeón tras 18 años, pero en lo más alto de los goleadores aparecía el Gringo de San Lorenzo con 32 goles en 34 encuentros. Luego en el Nacional el puntero derecho de San Lorenzo continuó haciendo goles. Se acercaba cada vez más a los 47 que había convertido Arsenio Erico (Independiente de Avellaneda) en 1937. Pasaron 38 años hasta que el 23 de noviembre de 1975, por la 15ª fecha Héctor Scotta le marcó dos goles a Boca en el triunfo por 5 a 3 en la Bombonera. Abel Alves (2) y Darío Felman anotaban para Boca mientras que la visita ganaba con dos de Prémici, uno de Beltrán y los dos de Scotta. El primero de Scotta fue un remate largo, desde 35 metros, que se metió junto a un poste. El segundo a los 34', fue el 4 a 1 para San Lorenzo y el Gringo lo hizo de zurda. Fue el gol del récord porque Scotta llegó a los 48 goles en una misma temporada superando los 47 de Erico, aunque el promedio del paraguayo era superior. En la ronda final (8 equipos) el Gringo metió 11 en 7 partidos hasta alcanzar los 28 goles en 23 partidos. En la temporada de 1975 sumó 60 goles en 57 encuentros. Un récord que todavía está vigente y que sólo se asemeja a los que logra Messi en Barcelona o Ronaldo en Real Madrid. Nadie más le gritó "Burro" y su récord lleva 41 años de vigencia en Argentina.

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