Franco Sance (25 años) vive en Capital y es un deportista nato, de esos que no pueden dejar pasar un día de su vida sin adentrarse en el campo, tomar contacto con la naturaleza y dejarse llevar por la adrenalina que generan los senderos. Su amor por las motos lo llevaron en su adolescencia a competir en carreras de motociclismo de velocidad, motocross, para convertirse luego en un endurista destacado.
Pero el “Flow” en la vida de Franco se apagó de un día para el otro, cinco años atrás. Un accidente lo dejó con su brazo izquierdo inmovilizado y su vida deportiva se detuvo en el tiempo, llena de interrogantes.
Pasaron cinco años y Franco, que hace poco terminó de rendir todas materias en administración de empresas y está preparando la tesis, está de vuelta en competencia, haciéndole frente a la vida como un crack: corrió su primera carrera de Enduro empuñando su moto con una sola mano.
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“La gente me dice que estoy loco, pero prefiero ser el loco que con lo que me pasó, hago todo lo que hago y no el pobrecito que le pasó lo que le pasó. Más loco es el que se queda en la casa sin hacer lo que le gusta, por miedo o lo que sea”, asegura.
¿Siempre tu vida estuvo ligada al deporte? ¿Venís de familia de deportistas?
La verdad que no, pero sí siempre intentaron inculcarnos el deporte. De chicos siempre nos llevaron a fútbol, tenis y uno que otro deporte. En mi caso siempre predominó la bicicleta y las motos. Muy fanático de las motos…
¿Podés contar qué te sucedió a los 20 años?
Hace exactamente cinco años atrás, tuve un accidente en la calle, en moto. Una señora me atropelló y con una mala caída, me repercutió en los nervios que salen de la médula al brazo. Me dejó sin movilidad y sensibilidad mi brazo izquierdo. Después vinieron largas cirugías y muchos dolores neuropáticos complicados.
¿Se puede decir que después de lo que te pasó... la moto pasó a un segundo plano en tu vida?
Si bien pasó lo que pasó arriba de la moto, nunca le agarré miedo. Me acuerdo que le decía a mi mamá, cuando los médicos me decían que nunca más iba a poder mover el brazo, que podíamos pegar un abrojo en el puño y otro en el guante para poder manejar. Eso fue por inocencia y por las ganas que tenía en su momento de subirme de nuevo a la moto. Después empecé a ver lejos el tema de subirme a la moto, por el tipo de lesión y por no tener el entrenamiento adecuado, ni nadie que me guíe para hacerlo. Se me hizo un poco difícil.
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Desde que pasó el accidente hasta el día de hoy recurro todos los días a mi fisioterapeuta Balbina Santos, del centro Sinergia. Ella me ha ayudado muchísimo a enfocarme en no seguir perdiendo más de lo perdido. Mi amigo Nacho Careddu, de la Academia Crossfit 5730, me volvió loco para que fuera a entrenar. Al principio tenía algo de miedo, hasta que me animé. Después de casí un año me volví a subir a una moto. Siempre anduve en bici y con él empecé a mejorar las sensaciones y se empezó a acercar más el sueño de subirme a una moto.
Fue un largo proceso por el que pasaste para volver a competir…
Los primeros seis meses fueron muy duros psicológicamente. Verdaderamente no quería saber nada. Fue un momento muy depresivo, pero luego me dije que no podía estar así. Pensé en lo que me había pasado y traté de salir delante de la mejor forma posible. Se me hizo bastante complicado, pero gracias a mi familia, fisioterapeuta, amigos, se puede decir que ahora llevo una vida normal.
Lograste hace muy poquito inscribirte y volver a largar una carrera...
Siempre lo dije, soñaba más con subirme a una moto que recuperar mi brazo. Hace dos semanas me regalaron una moto y tuve sólo tres salidas antes de correr el pasado fin de semana, en la segunda fecha del Provincial de Enduro en Cacheuta. Le doy gracias a todos los organizadores por dejarme participar y a toda la gente que me alentó. ¡Me sentía el campeón del mundo!
¿Te la ingenias con una moto que tiene algunas adaptaciones?
No tiene muchas adaptaciones. El embrague se lo tuve que poner del lado derecho junto al acelerador y el freno delantero. Ubiqué la palanca del embrague debajo del freno.
Demás está decir que sos un ejemplo… ¿Lo sentís así? ¿Qué le dirías a los que no se animan a salir adelante?
No me siento un ejemplo. Lo sentiría si alguna persona con algún tipo de dificultad del tipo que sea, diga “si Franco puede, por qué yo no puedo”. De esa forma sí me sentiría un ejemplo y es lo que más me gustaría en la vida, poder ayudar a las demás personas a que puedan ir detrás de sus sueños, por más lejos que parezca. Cuando uno se esfuerza, las cosas se empiezan a solucionar de a poquito. De un momento al otro, lo estás cumpliendo. Mi consejo es que no se den por vencidos y que se esfuercen mucho, hagan lo que hagan, sea para el deporte o en todos los aspectos de la vida.
Mi gran amigo, el Peta Faure
Franco Sance hace un paréntesis y resalta la existencia de su amigo Augusto Faure.
“El Peta me lleva a todos lados y me da una mano ante cualquier inconveniente”, confiesa el endurista, que en los senderos de la reciente competencia en Agua de las Avispas, tuvo el respaldo de su fiel compañero como guía.
Fotos: gentileza Franco Sance y Ariel Santibáñez
