Martín Cusa es Ricardo Darín. En realidad no, me corrijo: Martín Cusa es Román, el personaje que Ricardo Darín interpreta en Luna de Avellaneda, aquella película de Campanella del año 2001. Un tipo de barrio que encontró en un club, el amor de su vida. (Cuando lo conocés, te enamorás).
De ahí, la gestación de la era más dorada del club en el fútbol de salón, ganador de absolutamente todo: torneo local, Copa Mendoza, División de Honor y Mundial de Clubes. Sí, a esa vitrina repleta de polvo al que le faltaba renovación de trofeos, Martín Cusa le dio vida, lustre y brillo. (Subí, subí, subí).
Hasta ahí todo más o menos normal: un pibe que se hace póster y al que el guacherío quiere imitar, pero más allá de eso que es noticia, al margen de una vuelta olímpica, Martín Cusa es el sinónimo del amor único por un club de barrio. El rechazo a cambiar de colores por plata para elegir jugar y trabajar gratis. La pieza fundacional para levantar a una institución que iba rumbo al iceberg y ponerla de pie en boca del país. (¿Cómo se hace un club nuevo?).
Pero por si todo eso fuese poco y no alcanzara, Martín Cusa sigue haciendo de una película interminable escenas en continuado: ayer, mientras el partido de semifinal de División de Honor de futsal era un manojo de nervios, cuando Andes Talleres amenazaba con dejarlo abajo del podio, Martín Cusa va y lo hace de nuevo. (Y, habría que averiguarlo).
Una salida perfecta, con una triangulación entre el arquero, Batiz y Lauletta, quién asiste profundo, contra la raya, a Martín Cusa. A partir de ahí, todo es otra vez cinematográfico: la Gata Fernández que no llega con la barrida, y el capitán que controla, medio en slow motion, y va contra Fede Pérez, que es su amigo pero también es su rival, y el remate que no es caviar pero sí lo suficientemente efectivo, con una pelota que entra pidiendo casi permiso. (Miro por una hendija de la cerradura y ahí te veo bailando).
El 5 apunta al cielo y corre a abrazarse con sus compañeros contra el córner, esos mismos que dirigió en inferiores, a los que vió crecer y a los que hoy guía en la cancha. El tiempo se consume y gana el Jockey Club, que ahora jugará una nueva final de División de Honor, la cuarta en lo personal para él. El partido es cuento y también es mito. Martín Cusa, también. (Acá, en este club, es poco más que una gran estrella: acá es feliz).
*Entre paréntesis y en cursiva, fragmentos de Luna de Avellaneda.
Jockey Club va por la final de la División de Honor de futsal
Luego de eliminar a los mendocinos Cementista y Andes Talleres, al Burrero le quedará un paso más. Esta noche, desde las 20, el equipo de Montes de Oca jugará contra Transporte Wenu de Esquel. Jockey Club buscará su cuarta estrella nacional tras las logradas en 1995, 1997 y 2023.
