Tristeza. Eso es lo que siento tras este sábado negro que, aunque me digas "ilusa", confieso que jamás pensé que sería así.

Sin ningún fundamento, sin ningún argumento que pudiese constatarse con la realidad, creí que solo debía preocuparme por mantener mi corazón a salvo de emociones fuertes pero me equivoqué una vez más.

Volví a darte una oportunidad porque te amo, porque cambiaste mi vida para siempre y porque no la concibo sin vos, pero me fallaste como nunca nadie lo hizo antes. Jugaste con mis sentimientos, me hiciste creer que se podía y que lo nuestro iba a funcionar. Creí que habías cambiado y me clavaste un puñal por la espalda justo el día en el que estaba más vulnerable.

Sos una mentira y me das asco.

Soñé de mil maneras diferentes este día y amanecí con un nudo en el estómago. Volví a sentir esa adrenalina que no sentía hace tiempo. Me hiciste revivir a aquella niña que no podía pensar en otra cosa más que en vos. Confíe en vos, en que me harías feliz como otras tantas veces.

También temí sufrir. Sí, temí sufrir por amor y terminar herida pero me arriesgué a creer porque de eso se trata la vida. Y aquí estoy, envuelta en un profundo dolor. Me decepcionaste como jamás pensé que lo harías y ya no hay vuelta atrás

Hoy moriste para mí. Hasta siempre, fútbol.