Opinión

Visión sobre el manejo de los mulares en el Parque Aconcagua tras las denuncias de maltrato

Arturo Erice Argumedo, montañista, abogado, magister en Derecho Administrativo (Universidad Austral) y master en Derecho de los Deportes de Montaña (Universidad de Zaragoza), brinda su postura sobre el manejo de las mulas en el Parque Provincial Aconcagua

Durante los últimos días, se ha desarrollado un importante debate sazonado con actuaciones cinematográficas en torno al estado y manejo de las mulas utilizadas en el Parque Provincial Aconcagua (en adelante, PPA), propugnando que los prestadores de servicios adopten políticas acordes a un adecuado cuidado de los animales procurando su bienestar y desconociendo la verdadera situación actual de dichos animales.

Algunas notas históricas

Desde que fue introducida en América, la mula ha sido muy utilizada en tareas que requieren de fuerza o resistencia, como medio de transporte especialmente en la Cordillera de Los Andes, cumpliendo un rol preponderante durante la Campaña del Ejercito Libertador.

Su adaptación a los áridos caminos de montaña, su resistencia y un andar especialmente firme en las sendas montañosas, determinaron su utilización tanto para el comercio equino como para el transporte de mercaderías desde un lado al otro de la cordillera.

Posteriormente, Matthias Zurbriggen utilizó los servicios de algunos arrieros en su primera expedición al Aconcagua; (concretó la primera ascensión el 14 de enero de 1897), metodología posteriormente también utilizada por numerosas expediciones que hicieron historia en el Cerro Aconcagua e, incluso, para instalar los primeros refugios de gran altitud en el Centinela de Piedra.

maltrato-mulas-aconcagua-cullunche-02 (1).jpg
La Fundación Cullunche denunció el maltrato animal que sufren las mulas cargueras utilizadas en el Parque Provincial Aconcagua.

La Fundación Cullunche denunció el maltrato animal que sufren las mulas cargueras utilizadas en el Parque Provincial Aconcagua.

Durante años, los arrieros originarios de las zonas aledañas, alimentan y preparan a sus animales para la temporada estival, trasladándose con sus familias a Alta Montaña, para generar así los ingresos que les permitirán vivir durante el resto del año. Ellos han sido siempre los primeros interesados en que sus mulares y aperos se encuentren en las mejores condiciones, pues de ello depende su propia existencia y progreso.

Volcando su experiencia luego de sus numerosos viajes, Don Fernando Grajales tuvo la idea de utilizar un sistema de identificación de equipajes similar al implementado por las aerolíneas, marcando cada bolso con una cinta autoadhesiva distinta, a los efectos de distribuir los equipos transportados por las mulas entre los diferentes campamentos bases usados por los montañistas.

Años después, la Fundación Cullunche habría utilizado el supuesto maltrato animal en Aconcagua como una bandera para ingresar en el contralor de animales, lo que le habría generado ingentes ingresos a su fundación -provistos por las arcas provinciales- que no se habrían materializado en mejoras concretas en el bienestar de los équidos.

En el 2018 se dictó el Reglamento de Uso del PPA, con un apartado específicamente destinado al Bienestar Mular, que disponía el contralor de los equinos sobre el cuerpo de guardaparques. La experiencia receptada derivó en la firma de un nuevo convenio entre la Dirección de Recursos Naturales Renovables y el Colegio de Médicos Veterinarios de Mendoza, cuya implementación tuvo lugar en la pasada temporada 2023/2024.

El Programa de Control de Bienestar Animal de Mulas Cargueras del Aconcagua

En la pasada temporada 2023/2024, la Dirección de Recursos Naturales Renovables celebró un convenio marco con el Colegio de Médicos Veterinarios de Mendoza, con el objeto de implementar un programa de control de bienestar animal de las mulas cargueras dentro del PPA, mejorando y modificando el Reglamento de Uso del PPA en esta materia.

El programa en cuestión fue el resultado de la experiencia de la Administración provincial conjuntamente con los prestadores de servicios, que tuvieron oportunidad de participar en la diagramación del mismo a través de la Comisión Asesora del Parque Aconcagua (CAPA), y expertos médicos veterinarios, con vasta experiencia en el tema.

Los resultados del programa fueron excelentes, aparejando también beneficios económicos para Mendoza, en tanto significó trasladarles a los prestadores de servicios importantes inversiones y responsabilidades, tales como la colocación de un chip de seguimiento en cada uno de los animales utilizados, la designación de un director técnico veterinario para cada empresa prestataria, la implementación de un “Plan de Manejo y Rotación de Animales para Descanso”, conjuntamente con un fuerte seguimiento de las condiciones sanitarias de cada animal.

Los prestadores también debieron asumir la financiación del programa impuesto por la Provincia, abonándole al Colegio de Médicos Veterinarios de Mendoza un valor identificado como “Ticket Mula” por cada animal sometido al contralor y posterior admisión al PPA.

Por su parte, el Colegio de Médicos Veterinarios de Mendoza, recibiendo fuertes ingresos económicos por su rol en el programa, asumió las siguientes funciones: 1) asumió el contralor y admisión inicial de los animales previo al comienzo de cada temporada; 2) implementó una currícula de capacitación obligatoria previa al inicio de cada temporada para arrieros, encargados de coordinar a los arrieros y de asignarles las mulas durante la temporada, guardaparques y veterinarios/as directores/as técnicos/as; 3) designó como inspectores a médicos veterinarios, con la función específica de admitir o rechazar los equinos en la entrada de las Quebradas de Horcones y de Vacas, en consonancia con su específica formación profesional.

Como corolario del programa durante su primera temporada, su resultado fue muy bueno y positivo tanto por su elaboración e implementación participativa de todos los actores, como por los beneficios que redundaron para los animales involucrados.

La evolución del programa durante la temporada 2024/2025

Durante la presente temporada de Aconcagua 2024/2025, el programa comenzó a presentar diversos problemas en su implementación, generados por varios factores. Uno de ellos fue la acefalía generada en la Dirección de Áreas Protegidas, durante el lapso que medió entre el inicio de temporada y la incorporación del nuevo director de Áreas Protegidas.

Se verificó también la ausencia de los guardaparques provinciales en los cursos previstos por el programa, a los que sí asistieron arrieros, encargados de coordinar a los arrieros, y directores técnicos veterinarios de cada empresa prestadora.

Otro de los factores, y el más importante en realidad, fue la desnaturalización de las funciones de contralor en materia veterinaria asignadas a los inspectores nombrados por el Colegio de Médicos Veterinarios de Mendoza; desconocidas de hecho por los guardaparques quienes propugnaron retomar el contralor sobre el ingreso de los equinos en cada quebrada, aplicando criterios impropios de la ciencia veterinaria y generando estándares variables según el responsable de turno.

Esos criterios diversos también se aplicaron en materia de horarios de cruces de ríos, horarios de salidas del parque, factores que -en lugar de beneficiar a una adecuada gestión de los animales- los terminaba perjudicando.

Los prestadores, por su parte, vienen cumpliendo con las responsabilidades a su cargo, cuidando a sus animales, incorporando mejores sistemas de alimentación y descanso, formando a sus arrieros y efectuando un control permanente a través de los médicos veterinarios designados como directores técnicos de sus respectivos emprendimientos, y -fundamentalmente- financiando todo el programa.

Las divergencias de criterios, aunadas a una falta de liderazgo y compromiso desde el órgano colegiado, han derivado en la caída del programa en el medio de la temporada, fogoneada por críticas motivadas en intereses políticos y plasmadas en una clara campaña “ambientalista” de desinformación pública.

La decisión adoptada por el Colegio de Médicos Veterinarios es criticable jurídica y políticamente por su timing y por el incumplimiento de las obligaciones asumidas por el mismo. No se puede pretender percibir ingresos y no cumplir con las prestaciones a su cargo.

Tampoco se puede tirar abajo un convenio, sin cumplir con los pasos y tiempos previstos para su denuncia, pues ello demuestra la ausencia de compromiso institucional y la falta de profesionalidad de quienes gestionan el colegio profesional, afectando paralelamente el trabajo mancomunado realizado durante las últimas décadas para posicionar la marca “Aconcagua” en el mundo.

Bajo el supuesto manto de un negocio oscuro, los opositores de turno están levantando una bandera para criticar la gestión de gobierno, en forma sesgada y malintencionada: no existe el supuesto maltrato sistemático de mulas. La afirmación sobre la existencia de una explotación de mulares en beneficio de un negocio lucrativo que prioriza las ganancias por encima de la ética es una falacia.

Arrieros y prestadores cuidan a los animales a lo largo del año, asumiendo los gastos concernientes a alimentación, mantenimiento y sanidad, siendo los primeros interesados en el cuidado de los animales y en su adecuado reposo. La carga de transporte de cada animal es cuidadosamente verificada por cada prestador; distribuida de forma tal de no lastimar a los animales, no existiendo jornadas extenuantes ni condiciones extremas ideadas por quienes carecen de iniciativa política y visión pública para plantear verdaderos temas de fondo para nuestra sociedad.

El desconocimiento supino de la actividad conlleva afirmaciones puestas fuera de lugar, destinadas a generar un impacto mediático, que tampoco nos beneficia como sociedad. En esta temporada ha fallecido una sola mula, y su deceso fue a causa de un cólico intestinal. No tuvo origen ni en maltrato, ni en una jornada extenuante ni tampoco en una explotación desmedida y carente de ética.

Sin embargo, ha dado lugar a que declaren en los estrados judiciales más de 15 testigos; mientras por las denuncias realizadas por contaminación desde las inspecciones de cauce son subsumidas en canales burocráticos que castigan a las valientes y aplican multas irrisorias a las empresas contaminantes.

No se han decomisado 70 mulas, ni fue esa la cantidad de animales en supuesto mal estado identificadas por el magistrado actuante: más del 80% de esos animales se encontraban en sus respectivos corrales, cumpliendo con los planes de reposo diagramados por los directores técnicos veterinarios de cada empresa.

Destaco que los montañistas y turistas de aventura que concurren al Parque Provincial Aconcagua, son los principales veedores sobre el desarrollo de las actividades de transporte de cargas, y los primeros que denuncian también si las actividades de desarrollan o no conforme a los actuales parámetros de cuidado animal.

¿Por qué los columnistas de oportunidad se rasgan las vestiduras por el supuesto maltrato animal, de un negocio que sostiene a miles de personas durante cada año y coadyuva a las arcas provinciales, en lugar de enfocarse en los graves problemas de contaminación ambiental de las napas hídrica en Barracas?

Mario Vadillo, en este ímpetu sensacionalista, ha mencionado la Ley N°22.421 sobre la protección de fauna silvestre, errando en la normativa aplicable, correctamente identificada por el fiscal Capizzi. En efecto, las mulas no integran la fauna silvestre: son animales domésticos y de trabajo, cuya protección encuentra amparo bajo la Ley N°14.346.

Las medidas adoptadas desde la administración pública, tales como la judicialización del convenio con el Colegio de Médicos Veterinarios de Mendoza como así también la contratación de veterinarios para suplir los incumplimientos contractuales del referido colegio profesional deben valorarse positivamente como una muestra de liderazgo político y eficiente gestión administrativa.

En este sentido, resulta fundamental mantener el Protocolo de Bienestar Animal, producto de un trabajo mancomunado y participativo entre los distintos actores involucrados, durante la presente temporada, para una vez finalizada la misma efectuar su evaluación y proponer las mejoras producto de la experiencia acumulada. En este contexto, y a raíz de supuestas denuncias de maltrato animal, se ha planteado un debate sesgado de intereses políticos y profundo desconocimiento del tema.

¿Tiene sentido utilizar mulas para el transporte de cargas y personas en Aconcagua?

Mario Vadillo, junto con otros “abanderados” del medio ambiente, han subido a la palestra para objetar una actividad sobre cuyas características principales les resultan desconocidas, generando una campaña de desinformación pública, con la intención de criticar la gestión gubernamental ante la ausencia de iniciativas propias.

El transporte de cargas y personas en el Parque Provincial Aconcagua, utilizando animales domésticos, especialmente creados para este tipo de trabajos resulta útil, razonable y beneficioso tanto para la provincia como así también para todos aquellos que trabajan en relación al Aconcagua.

No se trata de un negocio obscuro, donde los animales sean absolutamente maltratados: es una actividad tradicional que se ha ido perfeccionando durante los últimos 40 años, donde los arrieros trabajan durante la temporada para vivir y mejorar su situación familiar para todo el resto del año.

Aclaro que se trata de numerosas familias que dependen para su subsistencia del trabajo en el parque. De hechos son miles de personas las que dependen de esta actividad, aunque nadie lo mencione.

Los prestadores, por su parte, llevan a cabo un escrupuloso trabajo de peso y distribución de cargas sobre los animales, adecuada a cada trayecto y cada animal. Cada bolso es pesado en forma previa y las cargas se organizan para que puedan llegar a tiempo, sea para trasladar equipos de montaña, remedios, alimentos, o bien para bajar desechos del monte.

La logística para lograr que las cargas lleguen en tiempo y forma a cada campamento es simplemente impresionante. La supuesta confiscación de más de 70 mulares no existió: en realidad, el fiscal subrogante confundió algunos animales que podrían haber estado lastimados con más del 90% de los restantes que se encontraban en sus corrales cumpliendo con el programa de descanso diseñado al efecto.

Recientemente se está cuestionando en Nepal la utilización de helicópteros para trasladar personas, equipos y comida, pues los vuelos impactan visual y sonoramente en las zonas de montaña; amén de implicar un menor ingreso económico para todas las aldeas situadas camino a los campamentos base de Everest, Makalu, etc.

Por otra parte, trasladar el equipo mediante helicópteros o drones resultaría en un encarecimiento de los costos para los visitantes, que afectaría seriamente la fauna nativa, y especialmente la rica fauna avícola de la zona, extremo que cuidadosamente Jenifer Ibarra ha omitido en sus reflexiones.

En la misma línea, no existe en Mendoza capacidad para proveer de porteadores que sustituyan el trabajo de las mulas, sin mencionar lo realmente duro que es trasladar mochilas con más de 40kg de equipo y comida a los campamentos bases. A nadie se le ocurriría cuestionar la utilización de yaks para transportar dichas cargas, como tampoco resulta lógico hacerlo respecto de las mulas, siempre y cuando se adapten sus criterios de manejo a los tiempos actuales.

Y los prestadores están demostrando fáctica y económicamente su compromiso con el cambio y la mejora constante, aún cuando existen seguramente aspectos para mejorar.

Respecto a la mula muerta en la Quebrada de Vacas, que diera lugar a una denuncia, se ha omitido mencionar que el animal murió por cólicos renales, no como consecuencia del maltrato al que habría sido sometido. En esta línea es curioso pensar lo siguiente: la denuncia de la mula muerta dio lugar a que declararan en sede penal más de 10 personas. ¿Cuántas personas han sido llamadas a declarar por la contaminación hídrica con petróleo denunciada por una valiente inspectora de cauce, suspendida por cumplir con su trabajo? Ninguna.

El legislador citó un supuesto incumplimiento de la ley de protección de la fauna silvestre, cuando en realidad y como bien encuadró el tema el fiscal, la normativa aplicable para animales domésticos y de producción es la Ley N°14.396.

Reitero, los prestadores son los principales interesados en la percepción sobre el trato animal que se lleven los visitantes, dado que impacta en su servicio y en su imagen empresarial. Los argumentos utilizados caen por su propio peso. Y un ejemplo claro es la supuesta quemadura por ácido de baterías de algunos animales, cuando hace más de 10 años que se utilizan baterías de gel o litio.

Sería mucho más relevante debatir sobre la extensión de la temporada, que debería ser más larga, para distribuir mejor la cantidad de personas que ingresan cada temporada. En esta línea, debería permitirse el ingreso al Parque durante todo el año, estipulando claramente que los servicios de guardaparques y médicos solo se brindará durante la temporada de verano.

Por otra parte, la rápida respuesta gubernamental, ante el incumplimiento del convenio por parte del Colegio de Médicos Veterinarios de Mendoza debe ser destacada y reconocida, siendo la designación de nuevos inspectores veterinarios una solución lógica y ajustada a las circunstancias.

Es dable esperar que prime entonces el criterio veterinario sobre admisión de los animales, en lugar del criterio de personal neófito que ni siquiera ha querido participar de los cursos obligatorios creados para su correcta formación.

Durante muchos años se ha trabajado incesantemente para crear y posicionar la marca “Aconcagua” en el mundo, y la gestión del parque y especialmente el trabajo de los prestadores de servicios ha permitido transformar al Centinela de Piedra en un destino mundial, con servicios en constante mejora.

Atentar contra Aconcagua, con el argumento del supuesto maltrato animal, es atentar contra las arcas provinciales y contra miles de personas que directa e indirectamente trabajan y viven merced a los montañistas y turistas de aventura que vienen cada temporada a Mendoza.

Como conclusión, el Programa de Control de Bienestar Animal de Mulas Cargueras del Parque Provincial Aconcagua debe ser tomado como un ejemplo a seguir en su elaboración y fines perseguidos, y no debería ni sustituirse a mitad de temporada ni criticarse livianamente sin tener conocimiento sobre el tema, teniendo presente que siempre es posible mejorar dicho programa en función de la experiencia recabada a lo largo de estos años.

Temas relacionados: