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Vicky Donda, o los inesperados avatares de una mujer enfática

La probable imputación judicial contra Vicky Donda, presidenta del INADI, viene a demostrar que no es lo mismo ser durante 12 años legisladora, que estar al frente de un cargo "de gestión"

Victoria Vicky Donda (43), presidenta del INADI y durante 12 años diputada nacional (dentro de lo que se denomina el campo progresista), es una mujer que ostenta. No lo hace con lujos u otras ornamentaciones. Ella hace ostentación de personalidad y exhibe cierta sobredosis de talante.

Quizás tenga que ver con su historia personal, marcada por ser hija de desaparecidos y porque la crió una pareja de apropiadores. Tal vez por eso muchos le detectan un supuesto tono de "a mi se me respeta", pero no a la manera que lo puede exigir un viejo carcaman. No.

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Ocurre que ella juega a ser fresca, provocadora, inclasificable. Está casada con el periodista Pablo Marchetti, uno de los fundadores de la revista satírica Barcelona. En cualquiera de esos roles, es enfática. Es que Vicky Donda viene con subrayados. Con llamados a pie de página.

Mirala a esa

Un detalle: hay varias mujeres que no la estiman. La Canosa, por ejemplo, dice que Donda "se llevó sentido común a marzo". Otros le reprochan que hoy el INADI "sólo persigue a los que piensan distinto a ella". Vicky no sólo es militante: le gustan los escotes, la ropa ajustada y hacer alharaca, como cuando llevaba a su beba a las sesiones para darle el pecho en pleno recinto y poner en evidencia a algunos de sus compañero/as de bancada que se mostraban alarmados porque ella "pelaba teta" a la vista de todos.

Aún hoy no parece arrepentirse de que en 2001 al comienzo de su militancia política haya sido una de las activistas que prendió fuego a unos sillones en el ingreso al Congreso Nacional durante aquellos días de la caída de Fernando de la Rúa.

Hace unas semanas quedó (muy mal) pegada al caso de la toma de la estancia de los Etchevehere por parte de los Grabois boys que actuaron como fuerza de choque de una de las hermanas de esa familia de hacendados, quienes mantienen entre ellos una disputa legal por sus tierras. La titular del INADI se prendió en esa jugada como defensora de Dolores Etchevehere ("sufre violencia de género") mezclando los tantos entre su rol de funcionaria equidistante con el de la militante.

Contra las cuerdas

En su historial político como diputada nacional ha tenido algunos encontronazos tanto con Néstor como con Cristina Kirchner. Ha pasado por Barrios de Pie, por Libres del Sur, por el Frente Progresista de Hermes Binner, ha probado hasta con Lilita Carrió, creó un partido que patentó como Somos y otro al que llamó En Común. Desde 2019 se alió con el kirchnerista Frente de Todos, motivada más por Alberto que por Cristina.

Si bien es abogada, hasta el 2019 trabajó siempre para el Estado en puestos legislativos. Su primer cargo ejecutivo, que es éste de la presidencia del INADI, le ha traído varios dolores de cabeza. Es que no es lo mismo manejar una caja y cargos, que proponer leyes. Esto de tener plata y poder para hacer política palpable, la ha puesto ahora contra las cuerdas

La denuncia penal de una ex empleada doméstica de Donda ha trastocado de manera fulera la carrera de la funcionaria. Se la acusa de haber tenido en negro a esa mujer durante 10 años, de no haberle efectuado aportes jubilatorios, de no abonarle sus sueldos durante la pandemia, y de pretender acallar sus reclamos ofreciéndole un cargo de maestranza en el INADI o un plan social del Estado. Ya está en manos de la justicia un audio donde Vicky le hace tales propuestas.

Avispero alborotado

Todos estos detalles se han consumido como pan caliente en las redes sociales y en la prensa, pero también en los ámbitos políticos y de derechos humanos donde Vicky Donda ha sido siempre una activista. Un fuerte malestar ha trascendido entre sus compañeros de militancia por la "incoherencia" en la que habría caído.

Lo cierto es que está en un momento bisagra de su carrera política. Ya ha hecho varios descargos en las redes sociales (que deberá reiterar en la Justicia), en los que insiste que su exempleada está siendo víctima del accionar de dos abogados carroñeros.

El impacto en el oficialismo no ha podido asordinarse. En el entorno presidencial no faltaron los que pidieron mano dura, pero el Presidente le ha dado una chance bajo el argumento de que el historial de Donda indica que "su naturaleza no es la de sacarle ventajas al Estado".

Hacer política desde un cargo ejecutivo del Estado, o sea eso que los dirigentes avezados llaman "la gestión", es el escalón más difícil en el arte del servicio público. No es lo mismo ser militante y quemar sillones en el Congreso, o debatir una ley en Diputados con su alto componente de chicanas y trenzas, que tener que manejar dinero público y contar con la posibilidad de otorgar cargos. Ahí es donde mejor se ponen a prueba los caracteres.