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Vacunas: demasiado tarde para lágrimas

La escasez de dosis se planta en la antesala de las campañas electorales

La lógica política indica que es el Gobierno quien debería preocuparse y ocuparse en que, por la situación de la pandemia, la economía termine colapsando.

Ya históricamente la estructura económica y social argentina muestra los problemas que derivan siempre en más pobreza, crisis de empleo y distribución regresiva del ingreso. Y ahora que atravesamos una nueva ola de contagios, la amenaza de un mayor drama va en aumento con mayores restricciones.

Reforzar el sistema de salud es una premisa que mal que mal el Gobierno nacional ha puesto como prioridad desde el año pasado, pero la estrategia que ocupó el centro de la lucha contra el coronavirus ha sido el cierre de la actividad económica.

Lo que le dio réditos en términos de imagen al gobierno de Alberto Fernández en un comienzo, por iniciativa y por dar a entender que se estaba cuidando la salud de la población, derivó en una caída de la popularidad cuando las cuarentenas se extendieron hasta el hartazgo sin resultados mejores en comparación con países que mantuvieron mayor apertura y cierres selectivos y acotados.

El impacto sobre la economía del país, con el deterioro o cierre de empresas y, en consecuencia, la caída de miles y miles de puestos de trabajo generaron en forma proporcional el aumento del descontento en diversos sectores, que incluye a franjas que votaron por el Frente de Todos.

El error de creer que con la sociedad sumida al control del Estado, el sistema sanitario relativamente reforzado, y la distribución discrecional de la asistencia y recursos desde el gobierno central eran una garantía de gobernar sin contratiempos indefinidamente, llevó al país a un punto de difícil retorno: niveles inusitados de pobreza, números alarmantes de contagios y muertos, caída de popularidad, y postergación de proyectos tales como la Reforma Judicial.

El salto en la estrategia oficial que perduró durante largos meses del año pasado ocurrió cuando, con mayores aperturas protocolizadas, y bajando la curvas del contagio, el Gobierno se aferró a la vacuna salvadora. Entonces llegaron las promesas de Alberto Fernández de las decenas de millones de dosis que serían aplicadas durante el verano, mientras el renunciado Ginés González proyectaba que para agosto o septiembre toda la población mayor de 18 años quedaría inoculada.

Hoy son tantos los números acerca de la provisión de vacunas de aquí y de allá que da a conocer a diario la ministra Carla Vizzotti, que se hace difícil seguirle el registro. También el Presidente ha vuelto a aventurar que en la segunda semana de abril llegarán dos millones de dosis de Sinopharm, una de las vacunas que según las autoridades de China ofrece una baja eficacia.

Precisamente en Chile, un 45 por ciento de la población ya está inoculada con al menos una dosis de la vacuna Corona Vac (laboratorio Sinovac), pero las terapias intensivas están abarrotadas, principalmente, por franjas etarias más bajas que el año pasado debido a son las que más desatienden los riesgos de contagiarse.

Estudios científicos realizados en el país vecino concluyen que la eficacia de la vacuna China alcanza el 56,5 por ciento dos semanas después de aplicada la segunda dosis, y apenas tres por ciento luego de aplicada la primera dosis. Son datos a tener en cuenta en la estrategia local, mientras surgen en paralelo las críticas por el fracaso en la negociación por la Pfizer por razones nunca bien aclaradas.

La grieta de las restricciones

El planteo dicotómico que subyace en la visión salud o economía, le dio un espacio natural al posicionamiento de la oposición. Mientras el oficialismo intenta quedar parado en la vereda de la lucha sin cuartel contra el coronavirus, aún a costa del sacrificio de las actividades, lo que opera como variable dependiente, desde Juntos por el Cambio, paradójicamente, salen en defensa de la economía, pero manteniendo un equilibrio con la política sanitaria.

En verdad, teniendo en cuenta este año electoral, lo más conveniente para el Gobierno sería lograr que no se le desborde el sistema de salud, pero al mismo tiempo que no se le vuelva a caer estrepitosamente la economía cuando las proyecciones de los analistas del mercado muestran un crecimiento del PBI del orden del 6.7 por ciento para este año (último relevamiento de expectativas del mercado realizado por el Banco Central).

Frente a la incertidumbre reinante sobre la provisión de vacunas, desde el gabinete de Fernández salen voces contradictorias. Por un lado aumentan las limitaciones, mientras presionan al Jefe de Gobierno porteño y a los gobernadores a ser más restrictivos, y por el otro, la ministra de Salud señala que vienen tres semanas cruciales, pero que no se piensa en endurecer las salidas ni en aislamientos estrictos. El ministro de Educación, Nicolás Trotta, asegura que la presencialidad educativa es prioridad, mientras Axel Kicillof presiona para volver a la virtualidad. El Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, ahora dice que las provincias pueden comprar vacunas, en tanto el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, le sale al cruce porque advierte que eso sería peligroso porque hay "mercados negros y cosas raras".

Por su parte, gobiernos distantes, como el del peronista cordobés, Juan Schiaretti, o el de Rodolfo Suarez, han decidido hacer la suya para administrar la crisis de la manera que consideran más conveniente, sin dañar tanto la actividad económica y apelando a la responsabilidad de la población y controles para sostener el sistema sanitario.

Sin levantar el tono, el gobernador de Mendoza marcó diferencias con la Nación al indicar que la habilitación que están haciendo para la compra de vacunas implica tirarle la pelota a las provincias, por el fracaso del gobierno de Fernández en las negociaciones para proveerse de un insumo que se sabía sería escaso. No obstante, decidió asumir las gestiones y contactos necesarios, una empresa que de prosperar permitiría conseguir más dosis de aquí a varios meses.

Por su parte el intendente de Las Heras, Daniel Orozco, aseguró este sábado en una entrevista que nos dio por radio Nihuil que le han ofrecido dosis por 25 dólares cada una y que estaría dispuesto a poner siete millones de pesos para la compra de la partida que le permitiría vacunar a todo el personal del municipio, para lo cual se necesita la intervención del gobierno provincial.

La apuesta principal del gobierno de Suarez es apoyar todo lo que se pueda, con restricciones mínimas, la actividad económica, principalmente la gastronómica y la turística más amenazadas. Por eso el reconocimiento que le están brindando las entidades empresarias que buscan sostener, aunque más no sea, la continuidad de los negocios.

Otro frente sensible es el educativo, que el Gobierno busca mantener con presencialidad combinada con enseñanza virtual, pese a la advertencia del SUTE sobre la proliferación del virus. Aferrado a relevamientos, la DGE sostiene que las escuelas ofrecen seguridad y que los contagios se originan en otros ámbitos.

El mayor desafío, entienden las autoridades, es controlar las fiestas clandestinas y la subestimación del problema por parte de las franjas juveniles.

Por su parte, hay gente que hace hincapié en la concentración de padres en la puerta de los colegios, o en el relajamiento que se observa en los supermercados donde prácticamente ya no se cumple con los protocolos, en la cantidad de pasajeros que viajan parados en los colectivos en horas pico, en la concentración de personas en locales sin ventilación, en los descuidos en lugares de esparcimiento, y en los encuentros sociales en viviendas, lo más difícil de controlar.

El gobierno provincial por ahora se la está jugando por bancar la apertura, aun volviendo a tensionar con la Nación por hacer caso omiso al decreto presidencial. Su estrategia se basa en la respuesta de las conductas sociales.

En tanto, entre idas y venidas, el éxito o fracaso del Gobierno nacional depende de distintas variables: la económica, que mucho depende a su vez de los vientos internacionales, la propia gestión gubernamental, la cohesión de fuerzas de la coalición, el sostén del sistema sanitario, y el ritmo de vacunación.

No es poco para un año electoral, donde se plesbicita el apoyo o no a un gobierno de rumbo errático.

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