Llegó el estallido que se programaba en las festivas performances de Javier Milei. Pero ningún cuetazo cayó en terreno libertario. La detonación más dañina se registró en ámbitos de Juntos por el Cambio (JxC), con epicentro en el PRO "modelo halcón", donde hubo una muy mala digestión de la derrota tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
La mecha no la prendió el anarcocapitalista de los cuatro chocos a los que califica de hijos. Lo hicieron tanto Mauricio Macri como Patricia Bullrich, quienes decidieron blanquear, manu militari, su decidido apoyo a la candidatura presidencial de Milei en el balotaje, una determinación que la otra mitad del PRO, referenciada en el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta y afines, rechaza sin miramientos..
Más rotunda fue la reacción de la UCR nacional, principal socio del PRO en JxC. Se declararon neutrales respecto de la finalísima entre Milei y Massa. Y ratificaron la libertad de acción para sus votantes.
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Desde Mendoza tanto Alfredo Cornejo como Ernesto Sanz estuvieron entre los primeros en fijar la posición de neutralidad, que con el correr de las horas se replicó en toda la esfera radical del país, incluido el Comité Nacional que conduce el jujeño Gerardo Morales, del que algunos temían que hiciera algún acuerdo pero con Massa, por la amistad que ambos tienen desde la época que el Frente Renovador del tigrense se asoció con Morales en Jujuy.
Hace ya un año los radicales habían descartado públicamente cualquier acuerdo con Milei. Ahora se declararon formal y monolíticamente, por la neutralidad en la contienda que sostendrán el 19 de noviembre el peronista Sergio Massa, el más votado en la primera vuelta con el 36,68% de los votos, y Javier Milei, segundo, con el 30,06% de los sufragios.
Armar y romper
Mauricio Macri fundó el PRO hace 18 años. Ahora pareciera que busca destruirlo con la ayuda de la derrotada Patricia Bullrich sin esperar un pronunciamiento de su propio partido, y sin el correspondiente debate con los radicales con quienes conducen Juntos por el Cambio, además de la Coalición Cívica de Elisa Carrió.
Resultado: la grieta infecta al territorio macrista. Por un lado, han quedado los citados halcones (más el mendocino Luis Petri, lo cual ya ha generado un fuerte ruido en Cambia Mendoza) quienes en el balotaje votarán al novio de Fátima Florez.
Y por otro lado están los azorados palomos que orienta el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, que rechazan que el PRO sea absorbido por el proyecto anarcocapitalista de Milei.
Hasta el domingo pasado Macri y Bullrich decían ser leales al espíritu de Juntos por el Cambio, la coalición opositora al kirchnerismo, pero en menos de 24 horas rifaron esa creencia ante el altar del ultraderechista que salió segundo el domingo pasado.
Money & monkey
¿Es la marca Juntos por el Cambio lo que se ha roto? Eso quedará dilucidado en este tramo hasta el balotaje. Lo que seguramente sí está resquebrajado es el PRO. La asonada de los halcones dejará marcas severas. La batalla entre palomos y halcones arrojará muchos heridos, enconos y un gran pase de facturas.
La tesitura de los radicales, de los palomos del PRO, y de los lilitos de Carrió es -según han dicho- la de seguir batallando para que Juntos por el Cambio retome el rol de primera fuerza opositora, apoyándose sobre el peso político de los diez gobernadores afines que resultaron electos este año y en el importante número de legisladores de la coalición que deberán actuar como "garantes del control republicano".
Todo muy lindo como espiche, pero palabras similares estaban en boca de Macri y de Bullrich hasta hace unos días y hoy son hojas en el viento. Para Milei, Bullrich era una montonera que había puesto bombas en jardines de infantes en los años ´70, y hoy lo tenés al libertario anunciando -tras una bonita cena en casa de los Macri- que han hecho las paces y que la dama podría ser una estupenda ministra de Seguridad. For the money, dance the monkey.
En política hay una exagerada fascinación por representar supuestas heroicidades que no son tales. También por acudir en exceso a forzadas teatralidades berretas. Una marquesina política te puede llevar a hacer macanas de esas que dejan marca.
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