El peronismo kirchnerista que conocimos no va a volver. La aseveración es del politólogo y sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga, una de las voces de la Iglesia más consultadas por sus conocimientos sobre ese mundo sorprendente que es el Conurbano bonaerense.
Según su visión, antes había como una certeza de que el peronismo derrotado era un ave fénix que sólo debía esperar a que aquellos que lo suplantaron hicieran las cosas mal. Otro escenario (uno que nos cuesta asir) es el que presenta el país desde el triunfo de Javier Milei.
Por eso, pasado el menemismo y el kirchnerismo, uno de derecha y otro de izquierda, la pregunta es si la máquina matriz del peronismo tendrá ánimos como para empezar a preparar una síntesis que se instale con un perfil social y renovador en el centro político, para ofrecer esta vez el saneamiento de la economía y de las finanzas del Estado.
El peronismo no puede hacerse el desentendido sobre los motivos que llevaron a la bronca y a la frustración de la sociedad por la baja eficiencia de la política en general y del populismo kirchnerista en particular. Esa defección fue la que llevó a Javier Milei a la presidencia de la Nación.
El fenómeno "anti casta" que promovió el libertario prendió no sólo en importantes sectores de la clase media y de la clase media-baja, sino que esta vez el soporte del libertario fue totalmente transversal agrupando también a votantes de clase baja (otrora adherentes "naturales" del peronismo) y a los sectores más pudientes.
Perder el terreno
Sin embargo muchos kirchneristas siguen creyendo que "cuando fracase la antipolítica de Milei, volverán a buscarnos y levantaremos cabeza". Adormecidos junto al rescoldo de esas supuestas chances, la militancia más dura del kirchnerismo ya aguarda un supuesto renacer en las legislativas de 2025.
Los kirchneristas aún siguen lamiéndose las heridas de la derrota de noviembre pasado, pero se niegan a una autocrítica frontal. Están convencidos de que Milei les abrirá el camino para volver victoriosos.
No quieren aceptar -como sí admitió el gobernador bonaerense Axel Kicillof, otrora niño mimado de Cristina Kirchner- que la gente ya se cansó de escuchar la misma canción y ese disco rayado del populismo de izquierda. "La alternativa se llama peronismo", dijo Kicillof en el acto por los 50 años de la muerte de Perón. Esto es, en el PJ hay que barajar y dar de nuevo. Como Zarazaga, Kicillof ha comprendido que debe venir algo que supere a los k.
Pobres y jóvenes
El kirchnerismo ha perdido terreno en todos los sectores sociales que alguna vez pudieron haberlo votado. Los argentinos más necesitados, que eran la base simbólica y epopéyica del ideario peronista, ya no creen en el kirchnerismo.
La pregunta que los analistas se hacen, escarbando en el voto de los pobres y tratando de estar atentos a las señales de la "matrix", es cómo reaccionarán los menos favorecidos ante una nueva oferta peronista que no contenga los reiterados ingredientes que se llevaron puestos a Alberto Fernández, a Cristina y a Massa.
El kirchnerismo también ha perdido a esos jóvenes que alguna vez miraron con cierto interés a Nestor Kirchner y a la Cristina de sus tramos iniciales, y que luego terminaron de comprobar que todo aquello era una antigualla conceptual de tufillo conservador, que confundió la gestión con una agencia de conchabos estatales y a la tarea política como la vía para "asaltar" las cajas más rentables del Estado.
En vereda
El "Estado presente"o "la década ganada", entre otros eslóganes ideológicos de los K, terminaron siendo una cáscara que en realidad escondía una gobernanza dispendiosa, de cotillón y escasa gestión saneadora.
Zarazaga sugiere que el crash kirchnerista se inició con el desplome de la "clase media baja" que descendió a "clase pobre" seguida de aquellos ciudadanos de clase media que retrocedieron varios casilleros hasta caer a la "media baja".
Es decir: sectores claves al que el kirchnerismo "les dió y luego les sacó" porque ese reparto estaba motivado por políticas que no tenían sustentabilidad.
Ese es un concepto parecido al que sociólogos de Chile explicaron cuando se produjo la revuelta social de 2019 en ese país. La síntesis de la nueva clase media trasandina fue: "nos llevaron hasta las puertas del cielo y, cuando llegamos, nos las cerraron en las narices".
Buena parte de la gestión kirchnerista despreció la rigurosidad porque eso era "de derecha", como si cuidar los dineros públicos y adecentar el gasto, fuera mal visto por la sociedad. La ciudadanía, harta, los puso en la vereda.
Zarazaga cree que ha habido un "vaciamiento de muchos conceptos fundamentales" y que habría que plantearse preguntas como ¿qué es hoy la justicia social? y cómo hay que manejarla con acierto desde la política?




