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Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario

Los políticos con cargos importantes ya no son portadores de ideas que nos movilicen las neuronas, como la frase de Willy Brandt que da el título a esta columna. Prefieren refutar y hacer hocicar al contendiente

En 1958, el político Willy Brandt, que ya era alcalde de la Berlín dividida en dos, y aún no había adquirido la fama planetaria que le dio ser canciller de Alemania (1969-1974), dijo que en un país que se precie de serio, "tiene que haber tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario". He ahí una idea clara de un socialdemócrata. Sensatez y pragmatismo.

¿Vio, lectora o lector, lo difícil que es hoy encontrar ideas como esas en las declaraciones o discursos de los políticos? No hablo sólo de ideas con las que uno esté de acuerdo, sino de ideas que nos movilicen las neuronas aunque sea para refutarlas. ¿Será que ya no vienen políticos que lean filosofía?

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En la actualidad, los referentes políticos (oficialistas y opositores) abren mucho la boca para retrucar al contrincante, lo cual no está mal, es parte del trabajo; sin embargo no ayudan debidamente a hacernos pensar. Mucho eslogan y retruécanos, mucho querer hacer hocicar al opuesto y degradarlo. Pero en general hay escaso interés en aportar conceptos para el debate de ideas.

Criterio se necesita

Hagamos un cacho de historia. En 1990 cuando los vientos del mundo soplaban hacia "el neoliberalismo", es decir hacia una versión más financiera que productora de riqueza genuina, el presidente Carlos Menem se subió a esa ola haciendo guarangadas de nuevo rico.

El riojano hizo una versión salvaje de liberalismo extremo en un país que hasta entonces se alimentaba de nacionalismo y populismo. Como estaba bajo el paraguas protector del peronismo, que hoy puede ser neoliberal y mañana de izquierda, Menem terminó licuando buena parte de sus logros, haciendo en muchos casos capitalismo de amigos y, lo que es peor, transformando la venalidad y la corrupción en el pan diario de la política.

En Mendoza, para ese mismo tiempo, el gobernador José Octavio Bordón, quien acompañaba de manera más racional esa ola liberal, se había dado a la tarea docente de convencer a los mendocinos que era la hora "de comenzar a desestatizar la vida", de que no todo tenía que estar en manos estatales, y de que era el momento de activar la participación privada en tareas que no eran primordiales del Estado. Eso era un peronismo renovador y no lo de Menem.

¿Quién podía negar en la Argentina de 1990 que existía un chirriante atraso y una notoria falta de eficiencia en la mayoría de las firmas gestionadas por el Estado, copadas por gremios y sectores políticos que vivían a costillas de esa ineficiencia?

Bordón predicaba en la senda de Willy Brandt, es decir, intentando una interesante mezcla de mercado y Estado. Menem, propugnaba una versión extrema: exigía más mercado a como diera lugar. Como hoy hace el inclasificable Milei, a causa de quien muchos suponen que el liberalismo es una ideología de extremistas sin corazón. No digo que Milei no sepa de economía, digo que no comprende de política.

Durante los tres gobiernos peronistas del Equipo de los Mendocinos (Bordón-Gabrielli-Lafalla) en Mendoza se privatizó la bodega Giol, que más que una empresa estatal era una tragedia cotidiana que impedía el crecimiento de la industria del vino, se privatizaron los dos bancos provinciales y la empresa de energía, entre otros entes. Se hizo el dique Potrerillos con fondos de las privatizaciones. Hubo debates fuertes pero el tono general de esos cambios fue de previsibilidad. Si hasta se privatizó una edición de la Fiesta de la Vendimia, pero no funcionó bien y se dejó en el olvido.

Capitalismo y bienestar

Volvamos a nuestros días. El economista argentino Guillermo Calvo, catedrático de la Universidad de Columbia, doctorado en Yale, ex FMI, ex jefe de economistas del BID, acaba de opinar que "Está claro que hay problemas dentro del capitalismo, pero no hay otra alternativa superadora para potenciar el bienestar de la sociedad".

Para Calvo, la concepción contradictoria que tiene el gobierno argentino sobre el capitalismo genera gran incertidumbre entre los inversores". Dice que la Casa Rosada carga con mala "reputación" entre los que tienen plata, es decir entre quienes son los generadores de empleo más genuinos. Cuando ganó el Frente de Todos en octubre de 2019, Calvo había dicho que el peronismo parecía tener más espalda que Macri para soportar la crisis que se venía,"por los sectores que lo apoyan",

Si Macri hubiese ganado y en una hipotética segunda presidencia hubiese hecho los ajustes que -acuciado por la realidad económica y la pandemia- está haciendo el presidente Fernández, las piedras no habrían llovido sobre el Congreso sino sobre la propia Casa Rosada con cientos de nuevas versiones del Gordo del Mortero.

Alberto Fernández, que sueña con que alguna vez la Argentina se parezca a Noruega, Suecia o Finlandia, seguramente debe saber que buena parte del ideario político de Willy Brandt fue forjado en Noruega y Suecia, países a los que debió huir cuando en su nación el nazismo lo perseguía por judío. Lo de "tiene que haber tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario" es exactamente lo que aplican esas repúblicas escandinavas.