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Suarez, el punching ball de la política

Si es cierto que "lo que no mata, fortalece", el gobernador Rodolfo Suarez quizás llegue a diciembre 2023 convertido en un habilidoso runner de la templanza

Llegó en diciembre y empezó a parir. Y sigue a diario con trabajo de parto, contracción más contracción. La política lo ha tomado de punching ball. Y si es cierto que “lo que no mata, fortalece”, Rodolfo Suarez quizás llegue a diciembre 2023 convertido en un habilidoso runner de la templanza.

La realidad lo cachetea a placer. Y él acierta, se equivoca, prueba, cambia. Dice que lo salva su familia, la actividad física, la disciplina, el equipo que lo secunda, el apoyo ciudadano.

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Y asegura algo muy poco creíble: que duerme bien. Si, Rodi, cuéntemelo. ¿Después de un Zoom con Alberto y Máximo?

Gente rara la de San Carlos, empecinada en gobernar la provincia. Unos son pura dinamita, y otros parecen salidos del templo de Shaolin. En el caso de Suarez la procesión debe ir y venir por dentro como si fuera un banderazo del 17.

La pandemia mendocina con su demorada explosión de contagios, lo tiene desconcertado a Suarez. Mejor dicho, la propia peste le cambia el libreto de un día para otro.

Delicado equilibrio

En estos días apenas si tuvo espacio para comunicar que una gran obra pública, la variante vial Palmira-Agrelo volvía a ponerse en marcha. Hasta el jueves 27/08 había un panorama, y Suarez se animaba a reafirmar que Mendoza iba a seguir haciendo equilibrio entre la salud y la economía, tratando de salvar a las dos con inteligencia y ductilidad.

A las pocas horas, el aumento inusitado de contagios que amenazaban con saturar las terapias intensivas, obligó al gobernador a cambiar de parecer. Impactado, admitió que ahora estaba llegando a las salas de cuidados intensivos gente joven con similares casos de neumonía.

Este viernes 28/08 Suarez se veía obligado a reescribir otra vez la cotidianidad de los mendocinos.

De un día para otro pasamos del “vamos a hacer ajustes, pero no vamos a retroceder de fase” al nuevo “nos vemos obligados a replantear varias decisiones”.

Los meandros del virus

Desde hace 10 días comenzó un aumento constante, aunque no desbordado de casos. El asunto tenía obsesionado a Suarez quien personalmente hacía todos los días un seguimiento del sistema con el que se rastrean los contagios de Covid 19 en Mendoza. Leía, comparaba, pedía datos, sintetizaba y ¡bingo! ratifica sus sospechas.

El gobernador y los virólogos no tenían dudas: los que más estaban difundiendo la enfermedad eran los jóvenes. Las juntadas de amigos y las fiestas clandestinas, en donde había muy poco apego al distanciamiento social y al uso del barbijo, pasaban a tener casi toda la culpa. Y sin duda era así, pero el laberíntico virus nos deparaba más sorpresas.

La realidad ha demostrado que ese ímpetu “libertario” de los jóvenes había traspasado todas las clases sociales y culturales. No todo era el Gordo Maxi.

Como también está ocurriendo en Europa con los rebrotes, aquí los jóvenes se transformaban en portadores sin síntomas con lo cual terminaban contagiando a sus familiares que integraban los grupos de riesgo.

Mirada desafiante

Bastaba darse una vuelta por el Parque San Martín o algunas de las bicisendas del Gran Mendoza para comprobar el auge de los barbijos en el cuello y de la cara descubierta.

Y también para ver a los que corren –sobre todo varones, aunque ellas no les van en saga- sin tapabocas, resoplando y tirando gotitas para todos lados con una actitud de "¡guay de mirarme feo porque te calzo!”.

El gobernador buscó ser cuidadoso cuando el jueves culpó a los fiesteros y admitió también que la mayor parte de los ciudadanos cumplía las normas, incluso muchos jóvenes, porque de todo hay en la viña mendocina.

Venite a casa

El dedo acusador del mandatario se había dirigido también a aquellos adultos que pese a la prohibición expresa siguieron haciendo reuniones familiares, muchas de ellas con más de 10 personas, y no sólo en domingo.

No debe ser fácil para un político, y menos para uno con el perfil de Suarez, cuestionar a los jóvenes y a sus familiares.

La tesis de Suarez del jueves fue que ya no se podía volver a mandar al grueso de la población de vuelta a la casa. Como Alberto, el gobernador no quería seguir usando la palabra cuarentena.

Este fin de agosto tendrá regusto amargo para Suarez y todos los mendocinos. Otra vez habrá que revisar decisiones y muy probablemente limitar movimientos. Otra vez a la sala de partos y a los cachetazos.