Opinión | Schiaretti | Macri | Cordobeses

Soy cordobés, o la astucia de la singularidad

Los cordobeses, a quienes les gusta pensarse como la capital del interior del país, no son santos ni diablos, son distintos. Eso sí, no son de bajar el copete ante la Casa Rosada. Es un sello que han mantenido tanto los gobernadores radicales como los peronistas de esa provincia

Gente rara los cordobeses. Distintos. Anti rebaño. Ellos se plantan con sello propio. Mentalmente se asumen como el epicentro del país. ¿Sentimiento de inferioridad? No lo conocen. ¿Son agrandados? Tampoco. No se sienten menos que nadie. Les gusta pensarse como la capital del interior del país.

Te puede interesar...

No posan de secesionistas. Son lo que son. Una mezcla de doctos y fiesteros. Los gobernadores de Córdoba no suelen hacérsela fácil a los presidentes de la Nación, así sean del mismo signo político. Pero no por mala leche sino porque los mueve la singularidad. Claro, no son santos, tienen sus piojos, sus arreglos políticos. Tanto cuando fue gobernada por radicales, como desde hace varios años en que es tierra de peronistas, no han bajado el copete ante la Casa Rosada.

No es gente para llevar de las narices. El kirchnerismo, por caso, nunca ha podido domarlos. En 2013 la presidenta Cristina Kirchner quiso hacerlos hocicar. Fue cuando un motín policial tuvo a maltraer al entonces gobernador peronista José Manuel de la Sota. Pese a los pedidos de ayuda de la Docta para que la Nación los auxiliara con la Gendarmería, la Casa Rosada se negó y los dejó a la buena de Dios.

Por entonces el ministro de Seguridad de Cristina era Sergio Berni. El mismo que ahora, como ministro del gobernador Kicillof, sufrió en carne propia una rebelión de la Policía bonaerense. A él sí lo ayudaron y pronto, pero no con gendarmes sino con generosa "tarasca", para usar un término muy de Cristina, que le fue rebanada de un saque a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, "la opulenta".

Son líberos

Son tan particulares los cordobeses que en el 2015 ungieron como gobernador a un peronista, Juan Schiaretti, pero sin embargo para presidente de la Nación votaron masivamente a Mauricio Macri y no a Scioli. Esos votos de los ciudadanos cordobeses hicieron la diferencia para que Cambiemos aterrizara en la Casa Rosada. También Córdoba fue determinante en el 41% de los votos que Macri obtuvo en las presidenciales de octubre de 2019: Alberto Fernández sacó en tierras cordobesas el 29% de los votos y Macri, el 61%.

En estos días Schiarettti ha sido el único mandatario peronista que no avaló la decisión presidencial de cercenar la coparticipación al jefe de Gobierno porteño Rodríguez Larreta para dársela a Kicillof a fin de que éste pudiera hacer frente a los problemas salariales de su policía.

El mudo

Schiaretti, de 71 años y de profesión contador, está cursando su tercera gobernación. La primera (2007-2011) coincidió con el ascenso presidencial de Cristina. La segunda (2015-2019), con la era Macri. Y la tercera (2019-2023) la comparte con Alberto Fernández en la Nación. En todas ha mantenido su libertad de acción. Y a diferencia de José Manuel de la Sota, que fue su mentor y socio político desde los ´90, quien tenía un perfil político más alto, sobre todo con la prensa, Juan Schiaretti casi no da entrevistas, y sus participaciones en actos son escasas.

Tiene, sí, un aceitado equipo de comunicación, sobre todo para difundir la obra pública que en los últimos años ha sido vistosa. En la etapa Macri se endeudó en dólares, lo cual le generó problemas desde la crisis de 2018, pero los resultados (rutas, puentes, edificios públicos) están a la vista.

Schiaretti tiene la habilidad de ser tirante y personal pero también de generar convivencia. Córdoba está un poquito mejor que Mendoza o que Santa Fe en el reparto de fondos nacionales, pero no deja de protestar cada vez que puede por las asimetrías y desatinos coparticipativos de la Nación.

Esa es una desgracia política que premia a las provincias feudales que nunca hacen los deberes, por lo general manejadas por peronistas que no se parecen a los cordobeses, y castiga a las que son más prolijas y civilizadas en el manejo de los dineros públicos. Es muy coherente, entonces, que Córdoba enarbole y defienda su singularidad. Es una forma inteligente de ejercer el federalismo.