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Sin un plan general seguimos a la deriva

La tensión sobre el dólar es reflejo de la falta de un rumbo cierto

"No habrá devaluación", repiten a coro Alberto Fernández y Martín Guzmán.

Sin rebote de la economía pero con suba constante de la actividad, con superávit comercial, sin desembolsos a acreedores por la refinanciación de la deuda, y con reservas en el Banco Central no habría motivos para la devaluación, es el argumento que esgrime el ministro de Economía para explicar que no tiene asidero la depreciación de nuestra moneda.

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Si bien Guzmán admite preocupación por la brecha cambiaria, señala que están trabajando para estabilizarla y luego achicarla. Insiste en que el blue no puede ser referencia de los precios y que se trata de un dólar irreal. Es más importante el CCL (contado con liquidación), dice el ministro, aun con un movimiento diario de apenas 30 millones de dólares, porque incide negativamente en las expectativas.

La tensión en el mercado cambiario es atribuida a la especulación por las esferas oficiales. El tema es que entre los "especuladores" habría que sumar a toda aquella persona que tiene un peso y, al ver cómo se esfuma su valor, sale corriendo a cambiarlo en el mercado negro porque el oficial está cercado.

Con esa lógica, también especula el comercio que no entrega mercadería porque no sabe a qué valor tendrá que reponerla, el proveedor que retacea los productos por la incertidumbre en la lista de precios, y el fabricante que presume que habrá una devaluación. Mientras que el que tiene la oportunidad se stockea esperando que pase algo.

Es un círculo difícil de romper cuando impera la incertidumbre. Con las devaluaciones drásticas históricamente hay un puñado de ganadores y los productos que se exportan se vuelven más competitivos durante algún tiempo. Pero el costo para el conjunto de la población es superlativo, porque se paga con inflación, pérdida del salario real y caída del poder adquisitivo. Es decir, mediante un deterioro general y más pobreza.

Las mínimas bajas en las retenciones al campo no han servido de incentivo, mientras se aguardan los resultados de diversas medidas para aquietar las aguas y sostener el peso antes de que ocurra un cimbronazo económico con dramáticos costos sociales.

A todo esto, trascendió que el Presidente le habría dado un ultimátum a Martín Guzmán para que encuentre soluciones a la presión cambiaria. De ser así, Alberto Fernández no estaría entendiendo que el embrollo no se resuelve con medidas técnicas aisladas, sino con un plan general y coordinado de gobierno que aporte confianza sobre la marcha general del país. O sea, el verdadero problema es de raíz política.

La caída del PBI del 12%, el mayor de la región, da cuenta de la situación económica y social, en parte, derivada de la estrategia de cierre contra la pandemia. Pero los indicadores estrepitosos de la inversión es el correlato de la desconfianza política, por lo que urge el diseño de un rumbo.

Asumir el liderazgo

Lo mínimo que necesita el Gobierno es que la coalición cierre filas detrás del Presidente y de una hoja de ruta que marque una agenda lógica de prioridades. Cerrar un acuerdo con el FMI que le otorgue oxígeno financiero a la gestión daría mejores señales sobre el horizonte. Patear vencimientos para el próximo gobierno no será sencillo de lograr sin resistencias internas a los condicionamientos del organismo, de donde además podrían llegar los fondos pendientes del acuerdo con Macri.

Alcanzar la aprobación del presupuesto en la Cámara de Diputados sería otro de los pasos firmes, lo mismo que los proyectos para incentivar la construcción y el impuesto a las fortunas que, por polémico que resulte, le daría un ingreso adicional a las arcas estatales.

Las pujas entre el Palacio de Hacienda y el Banco Central deben ser anuladas para evitar el fuego amigo y más ruido innecesariamente en el mercado. Para todo eso hace falta conducción, lo que es un valor simbólico en sí mismo, más allá de la eficacia con que se aplique.

Pocos son los que conocen realmente cómo es la relación entre la vicepresidenta y el Jefe de Estado, entre Cristina y Alberto. Pero se puede juzgar por sus propios actos y el de sus allegados. Todas las maniobras en el ámbito judicial le generan un desgaste desproporcionado al Gobierno y hacen crecer las voces opositoras. La crisis galopante es una oportunidad para convocar a lo mejor de la dirigencia sin retaceos ni especulaciones. La toma de tierras alentadas por sectores oficialistas le echa más leña al fuego. En cambio, lo mejor que se podría hacer por los desposeídos es promover un plan consensuado para brindar soluciones de distinta índole pero, ante todo, trabajar sobre el crecimiento de la economía de manera sostenida.

Nada bueno aporta el país el tironeo entre las facciones de la coalición ni las friccciones entre el cristinismo y el albertismo. Como ya se ha dicho en esta columna, Alberto Fernández tiene que conducir, explicitar su proyecto, hacer los cambios que hagan falta y empezar a gobernar.

Aquí, allá y en todos lados

La asfixia económica llega a todos los rincones y golpea fuertemente con escasas excepciones. El director de la Cámara de Comercio, Industria y Agropecuaria de San Rafael, Nicolás Martínez Araujo, lo reflejó en estos términos en el Almuerzo de las Fuerzas Vivas: "El aislamiento por la pandemia profundizó la crisis que ya era de gran magnitud hasta niveles que aún no podemos determinar con claridad, mucho menos saber cuál será la salida real de esta situación". Entre variados reclamos, señaló la falta de previsibilidad y de una agenda que se acerque a las necesidades reales de los sectores productivos, al tiempo que pidió grandeza a la dirigencia política para pensar más allá de las próximas elecciones.

En medio de tantos reclamos, tensiones y pujas políticas, un acto que tuvo como protagonista a la populosa barriada de La Favorita no debería pasar por alto. 514 millones de pesos en formato de subsidio provenientes del Banco Mundial se volcarán para servicios e infraestructura social para la zona. El intendente Ulpiano Suarez lo celebró con estas palabras: "Es la forma en la que tenemos que trabajar el gobierno nacional, provincial y municipios para mejorar la calidad de vida de los vecinos".

El hecho no es menor si se lo contrasta con la sonora queja de los intendentes radicales por los fondos de otro programa aprobados por la Nación que solo llegarán a las comunas justicialistas.

Más significativo es todavía si se tiene en cuenta que en el acto virtual de La Favorita estuvo presente junto al intendente de la Ciudad la movediza e influyente senadora Anabel Fernández Sagasti. Una foto interesante como muestra de que las fuerzas que confluyen por buenos propósitos pueden alcanzar grandes logros.