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Rody y Alberto, acosados por el día a día

El drama de la pandemia, los problemas económicos, y los desatinos de la política no dan respiro

La última radiografía de la situación sanitaria y epidemiológica que mostró el viernes la ministra Ana Nadal da cuenta de la magnitud con que viene golpeando la pandemia en la Provincia.

Con un 95 por ciento de ocupación de camas UTI del Gran Mendoza no queda mucho margen para seguir apelando a la responsabilidad social e individual.

Muy a su pesar, Rodolfo Suarez fue ajustando las restricciones en la medida que la curva de contagios no ha amainado. Hasta ahora la consigna general sigue siendo evitar mayores daños a la economía -lo que de ninguna manera sería compensado por la Nación-, sostener la educación presencial como un principio básico, y preservar lo que se pueda de la actividad social y recreativa.

El Gobierno ha ido restringiendo en forma paulatina la circulación y, mientras las críticas de la oposición arrecian, no habría que descartar nuevas medidas en busca de un alivio del sistema de salud, atento a la detección de variantes más contagiosas y agresivas. Otra dato fundamental que ha dado a conocer Ana Nadal es el índice de letalidad que alcanza al 2,09 por ciento, hasta el momento menor que el nacional. Se trata de un indicador que no hay que perder de vista porque da muestras de la capacidad de respuesta sanitaria de la Provincia, con una infraestructura híper demandada, insumos críticos al borde de la escasez, y recurso humano operando al límite. El reconocimiento de que el sistema de Salud está tensionado se ha convertido en un lugar común.

Si se considera integralmente la situación, es pertinente pensar que lejos de aferrarse a un libreto como dogma inalienable, el Gobierno debe ser creativo mediante una estrategia que ofrezca alternativas versátiles ante la emergencia. Una de las posibilidades, según deslizó el Gobernador, podría ser el adelanto de las vacaciones escolares.

Si bien ya no es exponencial, el incremento incesante de casos positivos está demostrando que es insuficiente el ritmo de provisión de vacunas del Estado nacional, y que con los protocolos y la apelación a la conciencia ciudadana no alcanza para alejarnos de la amenaza del colapso.

Los miserables

Uno que no tiene problemas porque ya se vacunó es el Procurador del Tesoro de la Nación, Carlos Zannini. El estrecho colaborador de Cristina no tuvo empacho en reconocer que fue uno de los primeros vacunados VIP, y hasta haciendo alarde de su privilegio de casta por el puesto de ocupa. Así, como si fuera personal de la Salud, se coló entre los prioritarios. Y lo cuenta cual personaje heroico ante las cámaras en un canal del palo, a semejanza de los militantes que se pavonean en las redes con su certificado de vacunación.

"No tenés que actuar con culpa porque necesitás ser protegido por la sociedad", dice que le aconsejó a Verbisky, quien se presumía de ser una de las reservas morales de la Nación, hasta que destapó el escándalo del vacunatorio VIP, lo que hizo ejectar del Ministerio a su amigo, Ginés González García.

Lejos de que la sociedad tenga la misión de brindar protección a los allegados del poder, como sostiene con desparpajo Zannini, crecen los pesares por las víctimas de la pandemia, que en muchos casos se hubieran evitado si no les hubieran arrebatado la posibilidad de vacunarse a tiempo.

"Lo moral dejémoslo de lado, cada uno tiene su propia valoración de los hechos", sostuvo el Procurador del Tesoro dejando bien sentado por dónde pasan sus principios.

El hecho de que ocupen una posición de poder parece estar atado a una presunta licencia social para quedarse con lo que se les antoja. Por estos tiempos, transformar de cuajo la dimensión ética de la política se impone como anterior a cualquier proyecto de reconstrucción.

Otro que fue noticia, en este caso por por faltar a la palabra, es Mauricio Macri. Prometió vanamente que sería el último de la fila en vacunarse cuando saltó lo del "vacunagate", pero tuiteó hace unos días, sin ponerse colorado, la buena nueva de que se había dado la dosis de Johnson & Johnson en EEUU.

Una mala y... ¿una buena?

Los datos de la inflación de abril reflejan la pauperización constante de la población argentina. Sin un plan integral que atine mínimamente a las reformas integrales en un año electoral, la receta gubernamental sigue apuntando al control de precios de un puñado de productos y de los servicios regulados. En tanto, prometen que el nuevo aumento de la nafta que sumó un 28,1 por ciento en lo que va del año será el último, al menos hasta las elecciones.

El movimiento exacerbado de los precios deja fuera de juego la meta presupuestaria y pone en una posición de debilidad al ministro Martín Guzmán, quien sigue apuntado por conspicuos miembros del Frente de Todos.

Prácticamente la única carta que le queda a Guzmán, de prosperar, es la negociación con el FMI, a lo que está atada la prórroga del vencimiento del 31 de mayo del compromiso con el Club de París. La reacción de los mercados, en principio, fue una señal de expectativa positiva tras la reunión de Alberto Fernández con Kristalina Giorgieva.

Podría decirse que hoy por hoy los mejores vientos para Guzmán soplan desde el exterior. El precio de la soja está en niveles excepcionales, y se aguarda el aporte del Fondo Monetario de 4.320 millones de dólares, en concepto derechos especiales de giro que serán volcados para gastos de la pandemia.

A propósito, la consultora Real Time Data señala que Guzmán es uno de los miembros del gabinete mejor evaluado, con una imagen positiva del 51 por ciento, en momentos en que es baja la consideración sobre el Presidente, con un piso de apoyo inferior al 40 por ciento, pese a una mejora en lo que va de mayo.

Precisa el consultor Nicolás Solari, en una entrevista que mantuvimos en radio Nihuil, que "la mayoría de los encuestados demanda dos cuestiones básicas: mayor firmeza para gobernar y mayor autonomía de Cristina Kirchner".

Aunque se encuentra en su piso histórico, Alberto Fernández todavía se mantiene en el podio de los políticos con mejor aceptación, después de Horacio Rodriguez Larreta. Lo que le pide la población es claro, pero a esta altura parece difícil de cumplir, sino imposible.

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