Análisis y opinión

¿Preparados para sufrir y disfrutar en Vendimia?

Llega Vendimia y se reabre el debate. ¿Qué cree usted que hay que hacer con la Fiesta? El columnista entiende que hay que salvarla, renovarla, airearla. Correrla de los clichés herrumbrados, curarle los lugares comunes

Los españoles poseen una potente y sanguínea interjección (¡Joder!) a la que usan como un comodín en el habla diaria, ya sea para expresar enojo, sorpresa o alegría. La singular entonación del español unida al gracejo o el cabreo de esas gentes le dan a ¡Joder! una contundencia similar al "fuck" del lenguaje inglés. Este columnista suele jugar con esa palabra cuando llega la época de la Fiesta de la Vendimia, sobre todo por las emociones contrapuestas que le genera.

Entonces, al grano, y a preguntarnos qué es la Vendimia. Paso a enumerar sólo algunas de las posibles respuestas. Una pasión provincial. Un mal necesario. Una marca registrada. Un sello distintivo de los mendocinos. Un mal trago que hay que pasar. Una fiesta que supo ser muy novedosa y que luego se estancó. El producto cultural más importante de Mendoza. Una fatalidad.

Seguimos con más. Una fiesta encorsetada, reiterativa. Una mala costumbre. Una buena idea que no puede sacarse de encima esa antigüedad que consiste en elegir reinas de la Vendimia pero que, a la vez, porta una maldición porque "sin reinas no hay fiesta".

¿Qué creemos que hay que hacer con la Fiesta? Simple: hay que salvarla, renovarla, airearla. Correrla de los clichés herrumbrados, curarle ese empacho de lugares comunes y de cierta siesta conceptual en que se ha instalado.

Imaginemos a un español viendo una Vendimia en la década 1963-1973, quizás los años de mayor esplendor creativo. Seguramente ese espectador nos dirá "¡Joder, hombre, qué fiestecita que os cargais!". Hagamos el mismo ejercicio con alguna de las Fiestas de años recientes y es muy posible que recibamos un negativo "¡Joder, estos tíos de Mendoza ya no me hacen flipar con su Vendimia!"

fiesta de la vendimia 1960
Fiesta de la Vendimia en los años '60.

Fiesta de la Vendimia en los años '60.

Romper la rutina

Se dice que las fiestas populares existen, entre otras razones, porque rompen la rutina de una comunidad y permiten repensar lo que se ha venido haciendo. No está mal que se tenga en cuenta el basamento (la tradición) y que se valore la cronología que llevó a que los mendocinos tuviésemos un festejo de carácter internacional, pero a la vez en cada edición debemos abrir ventanas, revisar que no haya grietas en las estructuras, hacer arreglos, como en una casa.

¡Ojo! no es lo mismo tradición que tradicionalismo. La tradición se transmite entre generaciones de manera natural y amoldable, es decir con la capacidad de ajustarse y adaptarse. Metales preciosos como el oro y la plata son altamente maleables y no pierden su valor. ¿Cachai?, diría un chileno.

En la tradición, las usanzas y los conocimientos pasan con espontaneidad de una generación a otra, pero están sujetos a reinterpretaciones. El tradicionalismo, en cambio, transmuta las costumbres en dogmas, fosiliza las ideas. Se niega a airear.

Nuestra gran fiesta popular no sólo es un valor que se agrega a una de las principales industrias de la provincia. Es una bisagra anual que, por natural extensión, celebra todos los trabajos, no sólo el vino. Ya cercana al centenario (la de este año será la edición N° 90), la Vendimia debería adaptarse con más creatividad porque, como dice la canción, todo cambia. "Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo".

marcelino iglesias
Diciembre 2021. Marcelino Iglesias anuncia que no habrá más elección de la Reina de la Vendimia en Guaymallén.

Diciembre 2021. Marcelino Iglesias anuncia que no habrá más elección de la Reina de la Vendimia en Guaymallén.

Aquella aventura

Hace unos años algunos referentes políticos y culturales intentaron instalar un debate interesante. Se preguntaron si debíamos seguir a esta altura de los tiempos eligiendo reinas de la Vendimia?¿No es eso una antigualla por más que se nos quiera inculcar que no es un concurso de belleza?, decían

En ese entonces -corría el 2021 y estábamos queriendo salir de la pandemia- una municipalidad, la de Guaymallén, eliminó de su Vendimia comunal la elección de reinas. Fue con el voto de la mayoría de sus concejales. Hay que reconocerle al entonces intendente, el radical Marcelino Iglesias, la osadía de haberse metido en la boca del lobo. Se lo quisieron comer crudo. Intervino hasta la Suprema Corte de Justicia. Y si bien quedó en offside, clavó una estaca.

En lo práctico se corroboró que aún no era el tiempo para tal aventura. En ese tiempo este articulista escribió algunas columnas a favor de plantear el debate sobre el futuro de las reinas vendimiales. No me desdigo.

La Fiesta, con sus luces y sombras, es de las cosas buenas que nos han pasado a los mendocinos. Hay que seguir exigiendo profesionalismo y creatividad. La Vendimia ha creado su propio subgénero artístico gracias a una oportuna combinación de música, teatro, bailes, despliegue escenográfico y de historias que tienen que ver con esta provincia. Tanto el Acto Central, como los desfiles populares (Vía Blanca y Carrusel) vienen pidiendo a gritos que les den un aventón de ingenio e inventiva.

Lo otro, lo de las reinas vendimiales y todo ese mundo artificioso y afectado, genera en este escriba un poco de vergüenza ajena, Pero está convencido de que hay cosas que deben caer por su propio peso y que a veces hay que respetar los tiempos que maneja la mayoría de los ciudadanos.

Dicho esto, preguntamos: ¿están preparados para volver a sufrir y disfrutar en Vendimia?

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