Análisis y opinión

Petróleo en Mendoza: sin miedo, que aún queda dulce en el frasco

La cesión de concesiones de petróleo convencional que hará YPF puede ser un caso de éxito. Temores, pasivos ambientales y sociales, y expectativas

Las alertas más fuertes empezaron a sonar el viernes 1 de marzo. Pero las conversaciones comenzaron mucho antes porque el horizonte se conoce desde que arrancó Vaca Muerta en 2012 y no ha parado de crecer: el negocio petrolero en la Argentina se dividiría en dos: el “no convencional” para los grandes de la industria capaces de contar con USD1.000 millones a USD3.000 millones para invertir cada año, y un “no convencional” más chico, el petróleo de toda la vida de los pozos que conocemos desde hace más de cien años, que podría ser explotado por empresas más pequeñas, más dinámicas, más flexibles, con capacidad de seguir dando vida joven a pozos y yacimientos muy maduros. Ese primer viernes de este mes, la mayor operadora nacional y de mayoría estatal YPF anunció que se desprendería de 55 áreas de petróleo convencional en todo el país, para invertir unos USD3.000 millones en Vaca Muerta, una formación geológica muy rica en petróleo “no convencional” y gas que abarca especialmente gran parte de Neuquén, y sectores de Río Negro, La Pampa, y una porción del sur de Mendoza. En nuestra provincia habrá muchas áreas, yacimientos y pozos convencionales en juego, pero ese detalle se conocerá cuando YPF termine la valuación de esos activos, proceso que culminaría en unas tres semanas con la participación de un Banco Internacional. Será cuando el mundo -los mercados a través de la Comisión Nacional de Valores- se enterarán de qué áreas (en el país y en Mendoza) se desprenderá el mayor operador del país. La industria y el gobierno provincial sabrán a qué atenerse y qué perspectivas de futuro habrá sobre la mesa.

aconcagua mendoza petroleo 1.jpg
Exploración de petróleo en Mendoza.

Exploración de petróleo en Mendoza.

El segundo disparo de alerta ocurrió la semana pasada, el miércoles, cuando un paro del Sindicato de Petróleo, Gas y Biocombustible Privado de Cuyo -los “petroleros privados”, para simplificar-, hizo un paro en los yacimientos locales. La huelga fue “en repudio a la complicidad del Gobierno provincial en la entrega de áreas petroleras de Mendoza y por el abandono hacia los trabajadores del sector” decía la comunicación pública. Lograron mermar la producción de petróleo mendocino un 60 % durante 12 horas, generando un perjuicio nada más que a los ingresos en regalías de la provincia porque no faltó ni un litro de combustible en las estaciones de servicio. El enojo oficial fue importante, sobre todo cuando vieron el contenido político de las comunicaciones del sindicato. Le apuntaron al gobierno provincial y se “olvidaron” de su empleador YPF, con el que los tres gremios importantes del petróleo -privados, jerárquicos, y SUPE- están conversando. Los argumentos sindicales en este caso no serían certeros. Ni complicidad, ni abandono. Los cambios provocan miedos y las crisis generan oportunidades. Los datos indican que habrá en el futuro a mediano plazo más petróleo y no menos, y más trabajo. Todos ganan, teniendo en cuenta algunos datos macro: la producción petrolera total de Mendoza fue de 5,5 millones de m3 de petróleo en 2009, contra 2,7 millones de m3 en 2022. Los datos totales de 2023 aún no están, pero los de YPF (63 % del total del crudo extraído) muestran que se amortiguó la pendiente. Todo, petróleo convencional maduro. Algo había que hacer. Los ingresos por regalías petroleras en Mendoza hoy serían menos del 10 % del total de la recaudación local. Un tercio de la recaudación de hace 15 años por este concepto.

presidente de YPF Horacio Marín- Alfredo Cornejo- Jimena Latorre
La ministra de Energía, Jimena Latorre; el presidente de YPF, Horacio Marín, y el gobernador Alfredo Cornejo.

La ministra de Energía, Jimena Latorre; el presidente de YPF, Horacio Marín, y el gobernador Alfredo Cornejo.

El traspaso, los miedos y el pasivo social

Lo que planea YPF es hacer una “cesión entre privados” de sus derechos de explotación petrolera en las áreas de petróleo convencional de la zona “Mendoza Norte”. La empresa ya habría comunicado al gobierno provincial y a operadores privados con los que conversan, que planean quedarse con los yacimientos del sur de la provincia. Esos pozos, aunque están en Malargüe, geológicamente pertenecen a la cuenca neuquina. Así, los que podrían pasar a otros operadores son los del resto de la provincia. Ello involucra a unos 600 trabajadores en empleo directo, de los que cerca de 300 son operativos en los pozos, y a una cantidad indeterminada de múltiples proveedores de servicios y pequeñas pymes que asisten a YPF. Incluye desde empresas de traslados hasta ropa de trabajo, comidas, alquiler de equipamiento y herramientas, limpieza, un poco de todo. También “levantaron la mano” los camioneros de Hugo Moyano, anunciando que si YPF traslada sus áreas convencionales a otras empresas, el sindicato paralizará todas las destilerías del país. Un desatino total. Muy probablemente Moyano sabe de política y de meter presión, pero tal vezz sepa muy poco de petróleo y de las posibilidades que se abren con el traspaso de las áreas que iban a ser clausuradas. Antes de que apareciera un plan estratégico concreto para cederlas, lo que había era una idea de cierre y “chau”, te fuiste. Eso no sucedería.

Por supuesto, YPF ya habla con todos los sindicatos. A los trabajadores directos les pagarán el 80 % de su sueldo durante los tres o cuatro meses de “standby” que dure la transición de las áreas. Cobrarán sin trabajar. La firma se estaría comprometiendo -ya lo hizo en la cuenca del Golfo San Jorge, la primera en acordar- a negociar con sus “herederos” el mantenimiento de la cartera de servicios y proveedores. Todo esto es motivo de negociaciones urgentes en tiempo real. Lo que deben entender los sindicatos, los gobiernos, los que toman decisiones o escriben comunicados, es que el mundo petrolero no es el mismo de hace años. Hoy el negocio más rentable es el petróleo de Vaca Muerta. Las mayores inversiones irán allí. Y la opción para los yacimientos maduros es pasar a operadores independientes, o simplemente cerrar. Nadie quiere esto último. La flexibilidad sindical estará en que los dirigentes (algunos ya son una “cuenca madura” en sí mismos, de paso) acepten que habrá trabajadores que deberán hacer multitasking, que no será posible tener un empleado para cada tarea, y que para producir más, las operadoras independientes deben tener menos costos. Pero si esta operación -compleja, enorme, la cesión de áreas de mayor peso de los últimos años- es exitosa, habrá más trabajo, más ganancias, más gente necesaria para sacar el petróleo que queda en los yacimientos.

¿Cuál es el horizonte laboral para áreas en las que no haya interesados o si fracasa alguna de estas cesiones? No habrá despidos e YPF no planea indemnizaciones. Esas áreas entrarán en tareas de cierre o no se explotarán ni habrá inversiones en ellas, y al fin de las concesiones, se devolverán a la provincia de Mendoza.

vecinos de maipu pintan mural petrolero fundacion YPF.jpg
Vecinos de Maipú pintan un mural sobre la temática del petróleo en Mendoza.

Vecinos de Maipú pintan un mural sobre la temática del petróleo en Mendoza.

El petróleo que nos queda

Tomada la decisión de YPF de ceder las áreas, lo importante ahora es ver qué hay bajo el suelo, cuáles son las áreas comprometidas, y qué horizonte de explotación tienen. Para ello es clave analizar su producción y sus factores de “recupero”. Esto es, cuánta mermelada queda en el frasco. Si el porcentaje es bajo, significa que queda por delante mucho petróleo por obtener.

Primero hay que establecer un paradigma: es lógico para una empresa de las grandes como YPF invertir en petróleo “no convencional” de Vaca Muerta. Esa formación ya proveyó el año pasado más de la mitad del petróleo del país, al punto que van más rápido los yacimientos que las empresas: hubo cuellos de botella para evacuar producción récord. Luego, a cantidades de dinero invertido parecidas, un pozo convencional y maduro produce diez veces menos, con más esfuerzo, mayor riesgo geológico, y mayores costos, siempre pensando en empresas como YPF con múltiples convenios sindicales, una cantidad de empleo importante y compromisos que a empresas más pequeñas les parecerían ridículos, como alquilar equipos electrógenos a tres millones de pesos por mes, en vez de comprarlos y amortizarlos en dos o tres meses. Dicho esto, pasemos a los pozos “de siempre”, al petróleo convencional de la provincia, para ver si las joyas de la abuela aún tienen algunos años de utilidad.

Hay un lugar común. Se dice que el petróleo mendocino de la cuenca norte tiene un 98 % de agua de formación. Es decir, agua que se inyecta al pozo para obtener petróleo cada vez en menor cantidad. Cada 100 litros, 98 de agua inútil y sólo 2 litros de petróleo a un costo altísimo. Pero eso es una verdad relativa en un marco en que YPF perdió actividad en el 17 % de sus pozos y bajó la producción convencional en la provincia -donde opera el 55 % de los yacimientos- mientras que el resto de las empresas se mantuvo más o menos estable. Luego, hay un análisis por área, por concesión e incluso por cada uno de los pozos. La petrolera estatal podría desprenderse de las concesiones de Río Tunuyán, La Ventana, Barrancas, Vizcacheras, Ceferino, y Mesa Verde. Y mantendría sus explotaciones convencionales en el sur de la provincia. No todas las áreas mencionadas valen lo mismo ni tienen el mismo petróleo bajo la superficie. También hay distintos grados de urgencia. La concesión de Río Tunuyán vence en 2026. Las de La Ventana, Barrancas y Vizcacheras vencen en 2027, Ceferino en 2030 y Mesa Verde en 2041. Barrancas es la de mayor producción (más de 800 m3 diarios y un 45 % de pozos inactivos). Algunas de estas áreas tienen “factores de recupero” altos. El de Barrancas es del 23,8 %. Este índice se expresa en porcentaje y significa la cantidad de petróleo que aún se puede extraer, de la totalidad de un yacimiento. Es producto de una ecuación bastante compleja. Por ejemplo, si un pozo tiene 1.000 m3 para extraer y se sacaron 100 m3, su FR será del 10 %. La verdad es que si el petróleo mendocino convencional fuese un frasco de mermelada, hay porcentajes considerables aún para extraer. Un 20 % de FR es un buen número para recuperación primaria (Barrancas), y hasta un 40 % para secundaria y terciaria. Así, los activos “atractivos” de acuerdo a su potencial serían el propio Barrancas, Mesa Verde con mucha menos producción, y tal vez La Ventana con mayor inversión. Claro que cada pozo, cada concesión debe analizarse en particular, por el tipo de recupero de petróleo que sea necesario aplicar. La cantidad de petróleo existente, la dificultad de acceso, las inversiones que requiera, van a determinar si vale la pena “meterse” para operadoras más chicas e independientes. ¿Quiénes son los candidatos? En el mundillo petrolero se habla de Aconcagua Energía, una empresa formada por ex ypefianos que tiene casos exitosos de captación de áreas convencionales en Río Negro, por ejemplo, donde tomaron yacimientos de Vista que se orientó a Vaca Muerta. Y que tienen explotaciones en el sur de Mendoza. Pero hay por lo menos una docena de operadores más. Potencialmente, todos los que no están en Vaca Muerta y que están inscriptos en un registro de la Secretaría de Energía de la Nación. Hasta los empresarios de Asinmet, que quieren participar del negocio y se lo hicieron saber al presidente de YPF Horacio Marín, un hombre que viene de TecPetrol y que ya había asistido a un seminario de la organización de los empresarios mendocinos el año pasado. El ejecutivo les dio aire a los empresarios locales para que corran.

Ahora… ¿Hay negocio posible para las empresas independientes que aspiren a heredar las áreas de YPF? Sí, el campo es enorme. Casi todos los casos de cesión de áreas entre privados fueron de éxito. Petrobras ya lo vivió en Brasil y subió su producción convencional. Los que quieren producir en un área como las que saldrán a oferta en Mendoza, quieren rentabilizar y subir su producción desde el día 1, haciendo lo que haya que hacer. Son empresas con costos menores, estructuras más chicas, presupuestos más pequeños, con menos obligaciones internas, con capacidad incluso de emitir bonos u obligaciones negociables para fondearse. Por eso, los sindicatos deben ser más flexibles para multiplicar el trabajo, pero también los gobiernos. El que crea que estamos en Qatar explotando petróleo árabe, estará cometiendo un error gravísimo.

aconcagua mendoza petroleo 2 (1).jpg

El rol del Estado

El Gobierno de Mendoza tiene varios momentos de intervención en este capítulo. Con una meta de fondo: más petróleo, más trabajo, más ingresos a largo plazo y “cero” conflicto social. Para ello, los funcionarios de Alfredo Cornejo con la ministra de energía Jimena Latorre a la cabeza trabajan en varios frentes. Por ley, el gobierno de Mendoza debe autorizar o no la cesión de áreas entre privados. Se fijarán que sean solventes, que realmente sean del sector petrolero, que tengan explotaciones en marcha. Los candidatos los aportará la propia YPF que además pondrá “precio” a algunas de las concesiones. Luego, deberá trasladar a esos nuevos permisionarios el “derecho de prórroga” de la concesión. Y hay una “zanahoria” que se puede usar como promoción, que serán las regalías petroleras. Mendoza ha cedido en parte estas ganancias de vez en cuando para empujar inversiones. Lo hizo con la propia YPF en Chachahuen Sur el año pasado.

El proyecto de ley de bases del gobierno nacional tiene -además- algunos atractivos para las petroleras independientes: habrá libertad de exportaciones, podrán tener más de un cliente (no sólo la refinería de Luján de Cuyo, en el caso local) y podrán “enchufarse” a caños y oleoductos múltiples y ya existentes entre otras ventajas.

Hoy, en el “minuto” actual, este proceso está recién comenzando. YPF debe anunciar la valuación de sus áreas “en cesión” y buscar a sus candidatos. Y el gobierno de Mendoza debe hacer su propia valoración, para establecer si aprueba las cesiones y las prórrogas. Hay más acciones que el gobierno va a vigilar. Lo primero, será que YPF mantenga la “sanidad” de todos sus pozos incluyendo los 1700 que no están en producción. Esto facilitará la cesión y el comienzo de tareas del nuevo inversor-operador. Luego están las cuestiones ambientales. Es cierto que la Dirección de Protección Ambiental y el Cricyt con una auditoría certificaron el 98 % de los pasivos ambientales de YPF, en 22 situaciones. Pero al final, cuando alguien se va y deja un pozo, es como en el alquiler de un departamento. Aunque lo hayas dejado lindo antes de devolverlo, te miran todo. Hasta debajo de la alfombra. Es lo que va a pasar si alguna de las concesiones queda sin nuevo dueño y con horizonte de cierre.

Temas relacionados: