Análisis y opinión

PASO 2023. Otra de suspenso: ir a votar cuando el humor social no está para bollos

Pocas cosas tan fascinantes y complejas como la política. Vilipendiada muchas veces por su falta de buenos resultados, esa actividad es indispensable para ordenar el caos

Tan empiojada como interesante. Tan compleja como fascinante. Tan ladina como necesaria. Basta que uno se ponga a bucear en la actividad política para empezar a entender los numerosos matices que presenta. Una actividad "humana, demasiado humana", diría el filósofo. Un derrotero que puede incluir lo berreta y lo delincuencial, pero también lo noble y lo generoso. El politicastro y el estadista.

A pesar de todos los problemas económicos y sociales que el país padece, el sistema político democrático resiste. En realidad deberíamos decir que el edificio institucional viene absorbiendo las tensiones de la vida política y económica. Y nos presta oxígeno.

Este domingo nos esperan las urnas para concretar las PASO nacionales y se dice que el humor social no está para bollos, que hay bronca, abulia, y que muchos no irán a votar. ¿Nos servirá escondernos y no meter en un sobre nuestra opinión cívica? Hoy la ciudadanía tiene la posibilidad de ser parte de la solución.

Los opositores al oficialismo tendrán la chance de marcar su opinión por carriles institucionales. También tendrán esa opción los militantes convencidos de su pertenencia ideológica. O los que portan un voto más flexible y oportuno que por lo general tiende al centro político. O quienes buscan algo más ultra. Hay stock. Votar es al sistema político como el antibiótico de amplio espectro para la infección.

La democracia reconquistada en 1983 está cumpliendo 40 años. Se merece que no le esquivemos nuestros puntos de vista. El devenir de partidos y coaliciones tendrá mucho que ver con lo que se dictamine este 13 de agosto cuando los votantes usen el filtro hacia la presidencial del 22 de octubre.

¿Qué inteligencia?

Se dice que estas PASO actuarán como papel carbónico y nos adelantarán lo que ocurrirá el 22 de octubre en las elecciones presidenciales. Se dice también que todo pinta para que no podamos esquivar el balotaje.

Se dice que hay un presente revulsivo que a veces no nos permite entender tanto merengue. Incluso hay gente que consulta a la inteligencia artificial (IA) para saber a quién le conviene votar.

Lo cierto es que, créase o no, en el sistema de partidos y coaliciones hay una estabilidad que ya la quisiéramos para la economía. En la democracia republicana nadie tiene el poder definitivo. Lo retiene por un rato, y siempre que usted lo decida. El sistema pone en nuestra manos asuntos muy interesantes y potentes.

Marcar presencia

Nos preguntamos: ¿Hay que recalibrar el sistema de votación para que tantas elecciones no terminen agobiándonos? Es posible. En democracia todo puede debatirse y mejorarse.

En el caso de las elecciones presidenciales tenemos tres pasos: las internas obligatorias, la elección general, y después el balotaje para reforzar una mayor adhesión ciudadana si los porcentajes no han sido contundentes. A priori, nada mal.

Lo que pasa es que a eso tenemos que sumarle el escalonamiento de las elecciones provinciales y de los comicios municipales. Ámbitos que vienen decidiendo no atarse al devenir nacional, en el primero de los casos; ni al provincial, si hablamos de los municipios.

Ahí suele vislumbrarse que lo analizado por partes, parece bueno; pero ya no lo es tanto cuando nos referimos a todo el paquete. De cualquier forma, siempre es mejor que sobre y no que falte. El dólar no nos deja mentir.

En síntesis: en lo que a los ciudadanos respecta, hagamos política de la buena. Ejerzamos nuestro derecho. Generemos un servicio democrático. Marquemos presencia. Ampliemos la base de participación política. Todos los votos sirven.

Cuando votamos estamos ayudando a ordenar el caos.