Análisis y opinión

Para libertario, nada como Daniel Scioli, el comodín nacional

La designación del peronista Daniel Scioli en el gabinete libertario de Javier Milei ha generado ronchas y dudas entre el mundillo nacional y popular y el de los anarcocapitalistas

Hasta José "Pepe" Scioli, famoso hermano de Daniel, quien fuera un conocido operador político de las dos gobernaciones bonaerenses del ex marido de Karina Rabolinii, se permitió cuestionar con áspero humor la designación. Con tono jodón y sarcástico el brother escribió en las redes: "¡Basta de preguntar cuál es la diferencia entre ser candidato a presidente por el Frente de la Victoria y ministro de La Libertad Avanza! No la ven". Caín y Abel siguen vivos y pernoctan en las redes.

Esto de ser súper secretario de las áreas de Turismo, Ambiente y Deportes vuelve a demostrar las habilidades de comodín que siempre ha exhibido Scioli y que le ha permitido ser menemista, duhaldista, nestorista, cristinista y ahora libertario.

Hasta fines de los '80 era un tipo de buen pasar económico (hijo de un empresario) y amante de los deportes. Descolló como campeón nacional e internacional de motonáutica, actividad en la que tuvo aquel famoso accidente que le cambió la vida. Tras ese golpe, la política parece haberle servido para reinventarse.

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Daniel Scioli, Javier Milei y Guillermo Francos.

Daniel Scioli, Javier Milei y Guillermo Francos.

El experimento

De ideas liberales, Scioli se acercó al experimento menemista y formó parte de esa extensa camada de artistas, deportistas y famosos de todo pelaje a los que el riojano sumó a la causa para que le dieran una pátina rumbosa.

Fue diputado nacional y tras el terremoto político de 2001 que se llevó puesto a Fernando De la Rúa, reapareció convertido en peronista clásico. Lo hizo cobijado bajo el ala del presidente provisional Eduardo Duhalde, y con un cargo muy similar al que ahora le ha ofrecido el ultralibertario.

En 2003, cuando el peronismo fue a la primera vuelta con tres candidatos a presidente (Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá), el santacruceño lo fichó a Scioli para que fuera su candidato a vicepresidente. Menem le ganó por muy poco a Kirchner (24% a 22%) pero en vista de que era imposible derrotar al "pingüino" en segunda vuelta porque el 14% que sacó Rodríguez Saá iban a ser votos anti Menem, el riojano se bajó de la pelea y Néstor y Scioli fueron consagrados.

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Néstor Kirchner y Daniel Scioli.

Néstor Kirchner y Daniel Scioli.

Trabajar para los K

El ex motonauta supo entonces lo que era trabajar para los Kirchner. Néstor lo destrató, lo ninguneó y lo humilló como pocas veces se ha visto en la política argentina. Pero él aguantó porque las encuestas le daban muy bien y tenía que sacarle algún rédito a eso. Alzarse contra los Kirchner le hubiera significado partir al desierto.

En 2007 Scioli ganó la elección a gobernador de la provincia de Buenos Aires, triunfo que repetiría en 2011. En ambas gestiones estuvo monitoreado por Cristina como presidenta de la Nación, tutela que él no se animó a enfrentar. El trato de la entonces mandataria hacia Scioli mostró grados de maldad más sofisticados que los de Néstor. Sus dos gobernaciones tuvieron mucho cotillón y poca transformación.

En 2015, y pese a que lo despreciaba, Cristina no tuvo más remedio que aceptar a Scioli como candidato presidencial del peronismo kirchnerista. Así lo sugerían todas las encuestas. Del otro lado estaba Mauricio Macri al frente de una coalición con radicales y lilitos. Y los sondeos se inclinaban por Scioli como favorito.

En efecto, ganó la primera vuelta. Pero el peso de tres gobiernos kirchneristas seguidos y los escasos resultados económicos obtenidos (devaluación, inflación imparable, continuos déficits y un cansancio social ante tanto "vamos por todo") dieron vuelta la elección y le otorgaron el triunfo a Macri y Cambiemos por dos puntos y medio de diferencia.

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Cristina Kirchner y Daniel Scioli.

Cristina Kirchner y Daniel Scioli.

Efecto Brasilia

En el interín presidencial del macrismo, Scioli se dedicó a replanteos de su vida personal y en 2020 volvió con Alberto Fernández en su nueva faz de diplomático. Y fue en uno de los principales destinos para los intereses económicos de la Argentina: la Embajada Argentina en Brasil. "Es lo que mejor le ha salido" creen algunos observadores.

"Será porque estaba alejado de la casta política argentina a la que tan bien representó" les responden otros más duros que no logran entender la actual designación de Scioli en un gobierno que se promociona como adalid en la lucha frontal contra los privilegios de la política.

En Brasil al embajador Scioli le tocó lidiar con un derechista como Bolsonaro y luego con un izquierdista como Lula y, en apariencia, sin desentonar. Fueron cuatro años en que reportó a un Alberto teledirigido por Cristina. En diciembre pasado Milei le extendió unos meses la gestión en Brasilia y ahora se lo trajo a trabajar con él, pese a que Scioli había intentado -a mediados del año pasado- volver a pelear la precandidatura presidencial del peronismo, un mal sueño.

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Sergio Massa y Daniel Scioli.

Sergio Massa y Daniel Scioli.

Los libertarios más bisoños desconfían de Scioli y no terminan de entender el gambito de su jefe Milei. Tampoco les cabe esta designación a socios de La Libertad Avanza como Mauricio Macri, distanciado hace rato de su ex contendiente presidencial de 2015. De nada valió la presión que ejerció el creador del PRO para que MIlei desistiera de lo que ya es un hecho.

Quizás estemos ante un Milei que está aceptando que hay una casta que es necesaria para gobernar. Más factible es que estemos ante un Scioli "senior" que vuelve, como un Ícaro nacional y popular, a batir sus alas lo más cerca que se pueda del sol, tomando, eso sí, la precaución de usar Pancutan para no chamuscarse, como le pasó al chabón aquel de la mitología.