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¡Ojo al piojo! La "corrección política" anda con el escáner

La "corrección política" no se ocupa de auscultar la honestidad de los gobiernos, sino de controlar qué dice o muestra la prensa independiente. Hace patrullaje desde los observatorios.

Es hora de volver a advertir sobre los variados desbordes y excesos de esa movida que llaman "la corrección política", un término que pese a lo que muchos podrían creer, no tiene nada que ver con la honestidad en las gestiones de gobierno, algo que estaría muy bueno. Por el contrario, alude a pasar un escáner por sobre todo lo que se dice o se muestra en la prensa a fin de llamarla a recato o disponer el correspondiente escrache.

Entre quienes ordenan o cumplen ese patrullaje hay varios que están transformando algunas buenas y necesarias intenciones (las luchas contra el racismo, el machismo, el sexismo o la violencia de género) en remedos de connotaciones inquisitoriales o disparatadas.

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Les encanta denominar a los organismos públicos que los sostienen con términos tales como "Observatorios de medios", nombres que dejen en claro que un Gran Hermano está llevando la cuenta de cuántas veces han dicho "negrito", estigmatizando y rebajando así a la población negra. Son los mismos que nos quieren obligar a decir o escribir "personas en situación de calle debido a los gobiernos neoliberales" en lugar de "gente sin techo". Ah, y de paso pispean que no se hable mal del Gobierno. ¿Capisce?

Además, en medio de todo ese palabrerío tenemos que aguantar que nos reciten palabrejas agrandadas como "paradigma" o "estigmatización" que no se les caen de la boca.

¡De frente, march!

Hay que decir claramente que ciertas connotaciones policíacas de este fenómeno ya están virando de castaño a oscuro. El periodismo no es prensa partidaria. Ni la radio de una agrupación comunitaria. Los "correctos" insisten en querer encuadrar o disciplinar a la prensa independiente. Como si ésta no tuviera bastante con estar abierta al sonar de todas las campanas, encima pretenden que hable de manera engolada o aparatosa y, a la postre, falsa.

El periodismo debe utilizar un lenguaje conciso, concreto y claro, que se escape de la ambivalencias y se atenga a las leyes sanas de la gramática con esa santísima trinidad que son el sujeto, el verbo y el predicado. Eso es inclusivo, eso es respeto, y no poner una equis donde debe ir una letra O. Escribir Les chiques es, se sabe, una estupidez.

A raíz del caso de la nena que fue secuestrada por el cartonero, ha quedado en evidencia que los organismos que deberían ocuparse de los niños indefensos o en peligro, están convencidos de que su tarea principal es denunciar a los periodistas y a los medios de difusión por cada palabra utilizada cuando dan a conocer sucesos de violencia o maltrato a niños y adolescentes. Y no para dilucidar por qué la familia de la nena vivía en una carpa al lado de una autopista sin aparente ayuda oficial.

Orwell lo hizo

Este tipo de policía, ficticia claro que supera a la que George Orwell imaginó para su novela "1984", se ha inmiscuido en los medios de difusión para determinar -en especies de pantomimas sumarísimas- lo que se puede decir o no. Es una movida que ya ha empezado a colisionar con la libertad de expresión que fija con absoluta claridad la Constitución

En el Grupo Clarín, una de estas señoras comisarias del buen decir (de la propia empresa) protagonizó en vivo una especie de careo contra Jorge Lanata porque este había hecho alusión "al lindo culito" de la famosa pasante del gobierno de Avellaneda que con 18 años ya fue vacunada. Esta misma chica se autoinculpó al hacerlo público en las redes sociales, como si nada irregular hubiera ocurrido.

Lanata había buscado el tono disparatado para estar a tono con todo ese despropósito de la pasante del ex intendente y hoy ministro nacional Ferraresi. Sin embargo para "los correctos", el escándalo no fue la joven vacunada vip, sino la lengua de ese Gordo acostumbrado a investigar al gobierno kirchnerista.