Tengo una amiga a la que quiero mucho pero que tiene la mala costumbre de dar consejos cuando nadie se los pide, mucho menos yo, que odio los consejos. Ella comulga con las ideas locas de “que todo lo que sucede conviene” y que “todo tiene un por qué”, y si no encuentra la respuesta por las buenas, pues la va a encontrar a la fuerza.
No es culpa de mercurio retrógrado, es que no podés pagar el alquiler
No hay razones mágicas. El malestar sobreviene por tres causas: falta de dinero, falta de tiempo y la combinación de ambas, el conocido pico de estrés
Es capaz de recurrir a cualquier tipo de pensamiento mágico a fin de buscar un sentido “oculto” y explicar que lo que te ocurre en la vida es producto de una serie de algoritmos misteriosos que ni la ciencia, ni la psicología, ni los estudios más profundos de la mente humana pueden explicar.
Que el algoritmo misterioso responda
Cuestiones como “capaz que lo que te pasa es porque no te has abierto los registros akáshicos”, “fijate si no estás repitiendo un patrón de tu tatarabuela” o “¿probaste con hacerte reiki con una señora que atiende en el patio de una veterinaria?” son solo algunas de sus fundamentaciones random a lo que simplemente ocurre por dos o tres variables de la vida real: por falta de dinero, por falta de tiempo y el resultado de estos dos factores combinados que lisa y llanamente se denomina “estrés”.
Sin embargo, mi amiga no es la única. Hay una tendencia muy difundida y viralizada, sobre todo en redes sociales, a querer arreglar todo a través del coaching, el mindfulness y el yoga en silla. Mi pensamiento, que está en las antípodas de esos territorios, se puede resumir en una frase: no es Mercurio retrógrado, es el alquiler impagable.
Mandatos de época y otras formas de agotamiento
Todo esto viene con un combo de mandatos modernos camuflados de bienestar: tenés que trabajar, criar, pagar cuentas, sonreír, estar bien físicamente, mentalmente, energéticamente, sexualmente, y además tener tiempo para ordenar tu casa con el método Marie Kondo. Si no lo lográs, no es porque el sistema esté roto: es porque no te organizaste bien, no planificaste tus emociones o, claro, porque no visualizaste lo suficiente.
Y ahí es cuando aparece una culpa sutil pero demoledora: la de no estar “haciendo lo suficiente” para estar bien. Como si el cansancio no fuera más que un síntoma de tu pereza espiritual y no la consecuencia lógica de vivir en un mundo diseñado para que falles si no tenés red, pareja, herencia o asistencia.
Hacé algo mágico para estar mejor
No me enoja ni me enfurece, pero sí me causa mucha gracia cuando se espiritualiza la economía y se estetiza el esfuerzo. “No dormís porque tenés la luna en Acuario”, no porque te levantás a las 6 de la mañana y volvés a las 10 de la noche.
No te sentís bien porque no hiciste journaling, no porque hace semanas que no tenés media hora para estar sola.
No lográs lo que querés porque no trabajaste en tu niña interior, no porque tenés una deuda en el resumen de la tarjeta.
Seamos honestas. A veces no necesitamos más terapias ni soluciones mágicas, ni que la inteligencia artificial nos adivine el futuro. Necesitamos más ayuda. Necesitamos presencia. Necesitamos que nos vean y no solo nos opinen. No necesitamos consejos, necesitamos descanso. Yo, al menos, no necesito nada de eso, y tampoco encontrar en el libro de nacimiento de mi bisabuela materna el motivo por el que muchos días no me siento bien.
Tampoco necesito que con magia, meditación y una cucharada de bicarbonato pueda verme como cuando tenía 25 años. Me gusta como soy ahora: más rota, sí, pero también más lúcida. Porque ahora sé qué cosas son mi responsabilidad, y qué otras no dependen de mí ni de la luna llena en Sagitario.




