El crédito que sumó Alberto Fernández con el manejo férreo de la cuestión de la pandemia, le permite posicionarse interna e internacionalmente, cuando tiene que enfrentar definiciones del problema de la deuda, además de la caída de la economía.
La refinanciación de los plazos de pago al FMI y la reestructuración con los tenedores de bono han entrado en un tramo caliente. El ministro Martín Guzmán presentó un documento que refiere a la sustentabilidad de la deuda, y analistas sugieren que el problema de la pandemia trae desafíos, pero también atenuantes ante los acreedores.
En el frente externo, resulta un activo el que un presidente tome decisiones con consenso y conducentes a frenar la ola de contagios, en evidente contraste frente a la manera irracional y absurda con que otros líderes de la región abordan la tragedia. Sin ir más lejos.
Por eso llama la atención que a la esfera presidencial se le haya ido de las manos la virtual ruptura de la cuarentena del viernes, precisamente mandando al muere a la gente que más había que proteger. Una postal de la improvisación y un paso atrás ante todo el mundo.
Tampoco fue fácil de digerir para muchos argentinos que Fernández elevara a la categoría de "inmenso" y "ejemplar" a un dirigente como Hugo Moyano, que a esta altura carga con lo peor de lo que se quiere cambiar de la tradición sindical. Un acto que levanta todo tipo de especulaciones.
La lapicera y la caja
Las emergencias económica y sanitaria llevan a pensar como lógica la centralización de recursos en una situación extraordinaria como la que estamos cursando. Se explica desde la necesidad de que exista un accionar ejecutivo que responda a un plan de administración equitativa de acuerdo con las necesidades. Lo que no debiera pasar en estas circunstancias, es la asignación discrecional, ante la escasez, sin un criterio lógico.
En medio de la urgencia de la pandemia, una partida de 471 millones de pesos reasignada para un hospital de El Calafate, la ciudad de Cristina de 18 mil habitantes, resulta inoportuna y desproporcionada, lo que hace levantar críticas y suspicacias hacia el manejo centralizado de recursos sin contrapesos.
Contrariamente a la experiencia de la Legislatura de Mendoza que le aprobó, no sin discusión, a Rodolfo Suarez 19 mil millones de pesos de endeudamiento y la ejecución ágil del gasto, el Congreso sigue clausurado sin justificación, existiendo los recursos tecnológicos para sesionar a distancia. Se trata de un absurdo que termina promoviendo planteos de los legisladores por fuera del ámbito natural e institucional.
Con la estrepitosa caída de la recaudación por la parálisis general, cada vez más voces salen a pedir ayuda financiera para las provincias antes de que sea demasiado tarde. La Nación centraliza la mayoría de los recursos y la máquina de fabricar billetes. No es saludable que Fernández no entienda que las cuasi monedas están a la vuelta de la esquina y que llenar las provincias de papeles pintados termina arrastrando a la Nación.
La situación es demasiado delicada como tentar al juego de la política como a uno se le viene en ganas. Estos son tiempos, donde además de templanza y destreza, hay que apelar al estadista a la hora de gobernar.
La salida del laberinto
En su momento la imagen presidencial creció al decidir oportunamente el aislamiento social. Alberto convocó a la comunidad científica y a los referentes políticos para decidir. Fue acompañado por la dirgencia y por la población. Ahora deberá poner en consideración cómo avanzar y salir gradualmente de la cuarentena. Y en el mientras tanto, tendrá que abrirse a la consideración de los sectores de la actividad económica que ha dejado sin atención.
El rubro del turismo es uno de más afectados por lo que está pasando en el país y en el mundo. El enoturismo, que venía generando ingresos crecientes en Mendoza, ha quedado en estado vegetativo, lo que provoca un fuerte impacto en otras actividades concatenadas.
Precisamente, la COVIAR está solicitando una serie de acciones para sostener la producción y el empleo de la cadena vitivinícola argentina. La presentación incluye la libre circulación de los productos vitivinícolas, la inclusión de vinotecas entre las actividades comerciales exceptuadas, la inclusión del enoturismo en el programa de Emergencia al Trabajo y la Producción, entre otros reclamos -algunos de larga data-, como impositivos, financiamiento, reintegros de exportación, gestión aduanera, o costos logísticos y energéticos.
No es menor para la Provincia todo lo que está dañando la parálisis por el coronavirus. Por si fuera poco, también se frenó la actividad petrolera y cayeron las regalías por la disputa entre los principales actores del tablero internacional. "Que al menos nos bajen el precio del combustible a la par de la caída del crudo", reclamó el ministro de Economía y Energía, Enrique Vaquié. A río revuelto, ganancia de pescadores.
Según cálculos de consultoras privadas, las pérdidas económicas del país van de los 500 a 1.000 millones de dólares diarios. Voceros de CAME calculan que en el sector pyme las pérdidas por día están en el orden de los 10 mil millones de pesos. El equipo económico de Fernández tendrá que hilar muy fino para actuar con compensaciones que les permita sobrevivir a los más golpeados, por escala, por actividad y por región.
Lo que no te mata te fortalece
En este contexto de crisis, no es ocioso ponderar la decisión de Alberto Fernández de priorizar la salud de la población, pues el impacto hubiera sido mucho mayor, no sólo en vidas sacrificadas -lo que sería imperdonable-, sino en pérdidas económicas.
Tampoco hay que subestimar que el sistema privado también esté a disposición de las necesidades sanitarias y forme parte de la mesa que articula la lucha contra la pandemia. En tanto, observamos en el mundo la indefensión de buena parte de la humanidad por falta de cobertura, atento a que la salud es una mercancía más.
Como en otras tantas crisis, la especulación financiera está a la orden del día. Los inversores de países emergentes se van a posiciones más seguras, miles de millones de dólares salen de los fondos que invierten en deudas soberanas, el precio de los commodities cae 30 por ciento promedio, mientras el país pugna por escaparle al default.
Un reciente editorial publicado por el emblemático diario Washington Post, a propósito de la pandemia, apunta a que "no podemos seguir viviendo en un planeta donde el 80 por ciento de la riqueza está concentrada en el uno por ciento de la población" y afirma que "ha llegado la hora de replantear y humanizar este modelo económico".
El título de la columna del diario de referencia norteamericana y de influencia global señala sin eufemismos: "O muere el capitalismo salvaje o muere la civilización humana". Mal que nos pese, está a la vista que lo primero goza de buena salud.



