Diario Uno Opinión redes sociales
Análisis y opinión

Messi y Roccuzzo se han puesto densos con el exhibicionismo fiestero

Los Messi-Roccuzzo están en plan de pelmazos y nos machacan a diario con videos y fotos de sus vacaciones en sitios exclusivos. Necesitan un community sensato

Los Messi-Roccuzzo se están volviendo un tanto pelmazos con su nivel de exposición fiestera en las redes sociales. Sin animus injuriandi, como dicen los abogados, ¿no creen ustedes que esta vez se les ha ido la mano con el despliegue visual de sus vacaciones?

Que la mansión de Miami con playa privada; que los 7 baños, tres en suite; que la poltrona blanca donde el ídolo hace el reposo del guerrero; que el exclusivísimo resort de República Dominicana en el Caribe, que el yate donde Antonela muestra su trabajado cuerpo (que sí, que está estupenda, cómo negarlo), pero lo que pasa es que todo ese exhibicionismo de videos y fotos ya aburre por una razón sencilla: casi todo el resto del mundo continúa en pandemia.

Seguir leyendo

Está muy bien que la pasen bomba. Es su vida, es su plata. Lionel Messi es un ídolo planetario. Es un futbolista genial. Gana millones en euros. Pero no justifica que día tras día -ellos o sus publicistas- nos enrostren lo bien que la pasan. Todo en su medida, joder.

¡Un community ahí!

Deberían guardarse algo para ellos. Basta de "miren cómo vivimos los millonarios". Debe haber algún community manager sensato en el equipo de comunicación de Messi, cómo que no, para sugerirles algún tipo de recato republicano.

Uno podía comprender la megalomanía en Diego Maradona porque su carácter, porque su temperamento, su idiosincrasia o, si se quiere, su pasión, coincidían a veces con esa desbocada forma de ser. Pero Messi era o parecía ser otra cosa: más juicioso, menos fantoche.

Alguien les debería recordar a Messi y Roccuzzo que el mundo real sigue bajo el reinado del Covid-19, que hay mucha gente sufriendo, que la sociedad está tensa, que muchos aún lloran sus muertos, que ellos fueron gente modesta, de Rosario, y que es estupendo que hayan ascendido monetaria y socialmente, que la familia Messi haya donado respiradores para hospitales, pero que no estaría nada mal que achicaran un cacho el nivel de exposición.

Quién es esa chica

Está muy bien si Antonela quiere ser influencer o it girl o si ha encontrado su nicho para hacer plata en las redes sociales o quizás para alentar a otras mujeres a buscar porvenires que las hagan más independientes.

Está muy bien si él, el ídolo, quiere rascarse el higo a cuatro manos luego de haber vivido dos meses alejado de la familia, en una burbuja sanitaria, para poder jugar los partidos de las eliminatorias del Mundial de Qatar y los partidos de la Copa América donde Messi fue el mayor artífice para que la Argentina saliera campeón y para que los argentinos sintiéramos que no en todas las cosas nos va para el culo.

Lo que queremos decir, sin ánimo de pontificar, es que no nos apetece una eterna película de la vida de rico de Messi en las redes sociales, lo cual no quiere decir que pregonemos el pobrismo, tan caro al peronismo y a la Iglesia católica, esos dos que bien bailan, sino que nos gusta un Messi más involucrado en la coherencia, la modestia, la balanza, la templanza, el don de gentes.

Alguna vez la vida privada fue uno de los grandes tesoros de la existencia humana. Hoy la vida es un libro de caras (Facebook) una especie de conventillo para el pavoneo. Una continua pantalla (Instagram) donde cualquiera cuenta sus historias con la peregrina idea de que la humanidad está esperándolas para poder seguir viviendo. O un pajarito cantor (Twitter) que nos lleva a opinar y a hablar de todo, sepamos o no.

Cómo no recordar cuando éramos chicos y necesitábamos que nos vieran que pedaleábamos en la bici sin tocar el manubrio. "Mirá mamá, sin manos" gritábamos para que la familia tomara nota. Eso, traducido a la virtualidad, es lo que parecen hacer Messi y Roccuzzo con el fin de machacarnos cuán ricos y felices son.