No son buenas las noticias para el "envase tradicional" del Partido Demócrata de Mendoza. Es que Javier Milei, referente nacional de ese grupo mendocino, se está diluyendo en un mar de denuncias y chapucerías con lo cual se achican para el PD las posibilidades de tener algún tipo de reverdecer en el corto plazo.
Los intentos del PD de levantar cabeza se marchitan ante las chapucerías de Javier Milei
La perfomance del libertario Milei en las elecciones que se vienen realizando en distintas provincias ha sido paupérrima. La sospecha de que La Libertad Avanza es una bolsa de gatos ya ha ingresado al terreno de las comprobaciones palpables.
La forma despótica de manejar los hilos partidarios obligó a que muchos de quienes iban a ser sus supuestos "cuadros de la nueva política" salieran disparando cuando comprobaron cómo se maneja el libertario. Otros, muy chantas, terminaron cayendo por su propio peso.
En ese sentido los "gansos" mendocinos han quedado entrampados, ya que es casi imposible que vuelvan a posicionarse ante la sociedad mendocina y, mucho menos, conseguir alguna banca legislativa, algo que -mal que mal- lograban cuando estaban dentro de Cambia Mendoza.
La onda ultra
El PD tiene atada su suerte al "fenómeno MIlei" hasta el fin de las elecciones presidenciales ya que el partido mendocino no sólo adhirió a la candidatura presidencial del excéntrico "peluquín" sino que le prestó el aparato político nacional del Partido Demócrata, del cual los mendocinos son sostenedores principales, aunque en la realidad sea más un sello con serias dificultades para sostener afiliaciones, como está ocurriendo en la provincia de Buenos Aires.
Los demócratas "progresistas" que se quedaron en Cambia Mendoza deben estar mirando socarronamente a los más conservadores que se deslumbraron con Milei y que optaron por seguir atrincherados en el comité de la calle Sarmiento junto con los "dueños del partido" como ellos mismos les llaman a Carlos Balter y Gabriel Llano, quienes en el léxico que usa Milei podrían estar incluidos en la "casta política".
Los "gansos progres" consideran que en la coalición Cambia Mendoza hay más posibilidades de llevar a la práctica el liberalismo republicano, ese que poco tiene que ver con el ultraliberalismo de Milei, portador de ideas mesiánicas y anarcocapitalistas que los argentinos rechazan tanto como el extremismo ideológico de ciertas izquierdas.
"Viciada y avejentada"
El año pasado cuando en el PD hubo movimientos internos para adecuarse a la sociedad política con Milei, la lista contraria a la oficialista de la calle Sarmiento, llenó las redes sociales de denuncias sobre supuestos "trucheríos" cometidos por el oficialismo partidario para evitar la confrontación interna.
El titular de la lista opositora Darío Amante denunció entonces que "es muy triste y hartante el nivel de poca transparencia con que están manejando esta instancia" y aseguró que por cosas como éstas se fueron yendo del partido en todos estos años sucesivas camadas de dirigentes y militantes. La Junta Central de Gobierno del PD fue catalogada de "viciada y avejentada".
El centenario Partido Demócrata que, con el retorno de la democracia se instaló como una necesaria tercera fuerza, fue como el encargado, más de una vez en el ámbito legislativo, de poner en vereda a peronistas y radicales cuando se tornaban densos y se negaban a los acuerdos.
Además, el PD tuvo una etapa donde algunos de sus senadores y diputados llegaron a sortear la medianía que impera en la Legislatura, en particular con algunos representantes hábiles en temas financieros y económicos.
La mancha de tuco
Ya con la democracia consolidada el sector más renovador del PD hizo una autocrítica sobre la participación que el partido de Emilio Civit había tenido durante la última dictadura militar a la que le aportó dos gobernadores (Bonifacio Cejuela y Eliseo Vidart Villanueva), entre otros funcionarios, y que constituyó una mancha de tuco en su mantel partidario.
Con estos antecedentes, el PD llegó a ganar las elecciones legislativas de 1997 en Mendoza, lo que lo dejó muy bien posicionado para las generales de 1999, algo que nunca pasó porque el PD comenzó a caer en un tobogán sin fin.
Cuando Milei logró imponerse como figura mediática con un discurso liberal, el país empezó a echarle el ojo. Los del PD se fueron de boca y lo sacralizaron. Pronto la ilusión de un necesario dirigente liberal en un país traspasado por el populismo kirchnerista, se frustró.
El supuesto libertario era en realidad un populista de extrema derecha con alma de dictador que ni siquiera tuvo la habilidad de destacarse como diputado nacional. El pez terminó por desvanecerse no sólo por su propia boca sino por las formas en que intentó armar su partido. Disputas, denuncias, traiciones, exabruptos, renuncias y canalladas fueron -y son- parte constitutiva de la forma de hacer política de Milei.


