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Los influencers, esos curreros desodorizados

Hay que poner las cosas en su lugar. La mayoría de los influencers de las redes no son más que curreros perfumados. Eso sí, disfrazados de "faros" que nos marcan las tendencias

¿Todo verdor perecerá? Ahora los que vienen bastante cascoteados son los influencers. Es que a esos avispados de las redes sociales se les notan demasiado las costuras. Mario Pergolini acaba de definirlos como "unos buscas" poco menos que de cuarta que "todo lo hacen por plata" como queriendo decir, che no se hagan los innovadores sociales cuando en realidad son curreros de dudosa calaña "que por plata publican cualquier cosa".

Un rato antes, este columnista había abierto La Nación y había sido atacado por este título: "Nati Jota mostró sus marcas de sol, segundos antes de entrar a la ducha". Que dicha influencer ponga esa frase y muestre su cuerpo en Instagram es una cosa, pero que un supuesto diario serio "la siga" a la susodicha como si tratara de una filósofa de los nuevos tiempos o una rockstar, hay un buen trecho.

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Todos sabemos lo que es Instagram, el que entra ahí sabe lo que se va encontrar. Para mí, mucho pavoneo y demasiado ego. Para otros, comunicación y entretenimiento. El que sube sus videos o historias (stories las llaman los tilingos) en ese sitio busca algo concreto. Llámelo usted como quiera.

Concatenate, papá

Lo sé: todo este mambo es discutible. Y eso es lo que quiero hacer, sin pretender tener la razón. Por caso, pregunto: ¿qué tiene que ver esa tontería que subió Nati Jota con el lector promedio de La Nación (LN) que, uno cree, busca otro tipo de lectura?

Algunos me contestarán con rapidez que entre los lectores de LN hay muchísimos que usan Instagram. Entonces yo expondré una duda: ¿por qué LN debe seguir a Instagram cuando se supone que son dos cosas distintas. Usted entonces quizás me refute con un "escuchame, jovie, todo está concatenado. El mundo es streaming, todo se emite y se lee en continuo".

Casi derrotado, alcanzaré a decir que en España Ursula Corberó, de La casa de papel, es una de las artistas con más cantidad de seguidores en las redes. Sin embargo sus últimas películas de cine antes de la pandemia fueron un fiasco de público. Tener muchos seguidores en internet no se traduce necesariamente en gente que pagará una entrada de cine. Pampita es líder en las redes, pero su programa en la TV abierta (va por Net, la señal del grupo Perfil en Buenos Aires) llega galgueando al medio punto.

Funcionales al show

¿Es decir que Instagram vendría a ser una cantera informativa, como todo lo que hace Marcelo Tinelli? Sí, Juan, ponéle. Casi todos los canales hablan de lo que sucede en los programas de Tinelli, como si lo que ocurriera en el Cantando fuera una cosa real, una fuente de noticias, y no algo armado, donde la directiva es que hay que ser funcional al show: es decir se debe hacer quilombo, pelearse, herirse.

Una cosa es que un medio de prensa acuda a Instagram porque Marcelo Tinelli usó ese sitio para hacer mención a los dineros que depositó en un paraíso fiscal y no blanqueó, porque eso sí es noticia ya que Tinelli además es funcionario del gobierno nacional, y otra muy distinta que sea para levantar y hacer pasar como noticia una supuesta pelea entre Lizardo Ponce y Nacha Guevara en el Cantando.

Mini money

Lo cierto es que las ganancias de los influencers en las redes están en baja. Y eso los tiene como locos. ¿Pero en qué país o en qué mundo viven? Hace unos días Micaela Tinelli abrió en Instagram lo que se suponía iban a ser una serie de tips sobre cómo cuidar la piel, "skincare", según ella, y muchos seguidores la bardearon fulero por querer parecerse a Guillermina Valdés y por exhibir una nariz y unos pómulos que no son naturales. Ella los mandó a pasear y les pidió que se "tomen el palo".

Ahora incluso se escriben libros titulados "Cómo despertar al influencer que llevas dentro", firmados por supuestos académicos, y en algunos países de dogmas religiosos, como Egipto, acaban de darle dos años de prisión a dos conocidas influencers.

Aclaro que yo no quiero mandar en cana a nadie. Prefiero bancarme (o mejor dicho, ignorar) a un ejército de Nati Jota, que prohibir nada. Varios expertos en marketing virtual viene diciendo que los influencers tendrán que poner las barbas en remojo ya que la sobreexplotación del curro en las redes sociales, sobre todo en Instagram, les está cerrando el grifo. Con razón Vicky Xipolitakis anda pidiendo por favor en los almacenes de barrio que le den canje. Eso sí, ella exige que el envío incluya champagne.