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Loola Pérez: "Les quitamos poder a las mujeres vendiendo el mensaje de la victimización"

La filósofa y sexóloga española Loola Pérez aporta su sapiencia al debate mundial por el feminismo. Una charla enriquecedora

En el abigarrado panorama que ofrece el feminismo de estos días, una lectura apresurada tendería a considerar que sus voces representativas se hallan, grosso modo, en sintonía.

Nada más lejano a la realidad de este movimiento que está contribuyendo, como pocos, a marcar el carácter del debate mundial.

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Florecen, adentro y afuera, las posturas alternativas, lo cual evita los riesgos de la monotonía y del agotamiento conceptual.

Entre esas disidencias enriquecedoras y estimulantes se encuentra, en primerísima línea, Loola Pérez, filósofa y sexóloga española, que se lía en fogosos y bien argumentados debates a través de sus libros y de sus participaciones en las redes y en los distintos medios de comunicación.

Su publicación más reciente es Maldita feminista-Hacia un nuevo paradigma sobre la igualdad de sexos, participa en Twitter e Instagram como Doctora Glas y a través del sitio Eunoia Sexología, es presidenta de Mujeres Jóvenes Región de Murcia y es vocal de Preven3, una asociación para la reeducación y reinserción social.

Loola, la “feminista antifeminista”, como suelen calificarla, una deslenguada, dialogó, desde Murcia, su ciudad, con el programa La Conversación de Radio Nihuil.

-Te gusta, pelear, Loola. Lo hacés muy bien y no retrocedés.

-Soy un poco guerrera. No lo puedo esconder. Es algo muy natural en mí (ríe).

-¿Cómo está España y, sobre todo, como está Murcia, que es donde estás viviendo?

-Es una cosa complicada. Estamos esperanzados con el tema de la vacunación, pero vamos muy poco a poco. Estamos algo desesperados, como gran parte de los países de Europa y de América.

-Uno de tus temas más recurrentes es el feminismo. ¿Cómo ha impactado la pandemia en esta problemática? Por ejemplo, está el caso de las trabajadoras sexuales, de las putas, como las llamás, cuya situación se ha complicado bastante.

-A las trabajadoras sexuales las instituciones sociales las han dejado totalmente abandonadas.

-¿Por qué?

-Porque las ayudas que se habían previsto luego no se contemplaron. Muchas de ellas no tienen la situación regulada dentro de España, por lo tanto, se han quedo totalmente afuera. Por otro lado, seguimos entendiendo que ellas necesitan asistencia.

-¿Cómo sería el punto de vista correcto?

-Hay que cambiar esa visión. No solo necesitan asistencia. Necesitan también el reconocimiento de sus derechos. Y eso pasa por reconocer su trabajo.

-Pero dentro de los movimientos feministas hay posturas disímiles respecto de este asunto. Vos estás apuntando a que se reconozcan los derechos en el trabajo sexual, pero hay quienes directamente apuntan a abolirlo.

-Sí. Es uno de los debates más polarizados dentro del movimiento feminista. Personalmente pienso que va a ser muy difícil llegar a un acuerdo porque está todo bastante turbio en los argumentos a favor o en contra.

-¿Cómo te ubicás más específicamente frente al debate?

-Yo soy partidaria de la descriminalización. Es decir, que a estas personas no se las persiga, no se las multe, no se les impongan tests o controles médicos. Eso es lo principal. En resumen, evitar, sobre todo, la criminalización de este sector de mujeres, porque la mayoría son mujeres. Pero, luego, hay que dar un paso más.

-¿Cuál?

-Reconocer su trabajo. Reconocer que aquello que hacen es una fuente de ingresos para ellas; que tienen sus propios horarios, sus propios clientes. Y eso cuesta muchísimo entenderlo.

-¿Reconocer cómo, de parte de quién?

-El reconocimiento de esta profesión como un trabajo siempre tiene que partir de las propias trabajadoras sexuales, no que venga de un partido político o de una ONG. Ellas son el sujeto político de esta reivindicación y son ellas quienes tienen que negociar las condiciones con los gobiernos.

-¿Hay ejemplos prácticos de esto?

-Es un modelo que se ha hecho ya en otros países como Nueva Zelanda ya está funcionando. Pero, claro, en el caso de España, escuchar a las trabajadoras sexuales cuesta muchísimo. Se les niega totalmente su posición como sujetos y se las deja fuera de las mesas de negociación.

-En tu toma de posiciones, muchas veces has criticado al feminismo extremo que se vive ahora. ¿Cómo interpretar aquellas tendencias que colocan al hombre directamente en el lugar del enemigo?

-Actualmente, el feminismo se ha convertido en un movimiento social bastante popular. Eso implica, también, que muchas personas se describen a sí mismas como feministas, pero no han interiorizado los propios valores del movimiento y las propias actitudes, que exigen cierto sentido del feminismo, como es creer y aportar esa visión que es la igualdad entre mujeres y hombres, y una igualdad, también, de oportunidades entre los sexos.

-¿Por qué sucede eso?

-En este panorama, lo que me llama mucho la atención es que las mujeres no se están sabiendo, en ocasiones, empoderar. Parece que el feminismo se ha convertido en el movimiento de las víctimas y no en el movimiento de la igualdad. Esto sí que me parece preocupante porque les estamos quitando mucho poder a las mujeres si seguimos vendiendo este mensaje de la victimización, no como algo que te da la razón, como algo que te da el poder, algo que, al fin y al cabo, te concede la credibilidad. Así surgen esas tensiones, ese perfil más radical. Es un perfil radical, pero también sumamente emocional, porque usa la ira y la rabia para construir. Y es muy difícil construir desde esos parámetros.

-Justamente, en varios posteos y recopilaciones de hilos de Twitter, donde se recorren varias de tus polémicas, has alertado claramente acerca del error de considerar el victimismo un estilo de vida ‘feminista’.

-Sí, tenía varios hilos recopilados, pero los borré sin querer. Me arrepiento muchísimo. Me hubiera gustado tenerlos todos ahí, pues, como tú dices, ahí aglutino las polémicas o mi reflexión sobre ellas. Mucha gente piensa a través de esas reflexiones. Muchas veces me dicen: “Tú le pones palabras a lo que yo no sé expresar”. O tal vez tienen un posicionamiento contrario, pero les enriquece también ese punto de vista.

-Una actitud que no es habitual en las discusiones en las redes.

-Es que eso me parece fundamental. No sé si es porque vengo de la filosofía y me he criado un poco en los posicionamientos contrarios a los míos. Me gusta esa parte.

-Pero volviendo al debate sobre el feminismo, has plantado bandera en la discusión pública…

-Es que vamos un poquito hacia atrás en el empoderamiento de la mujer. Y solemos perder el punto de vista central, que es que muchos hombres se sienten atacados, despreciados, por el feminismo.

-¿Con o sin razón?

-A veces hay motivos para sentirse así, pero otras no. Hay una gran falta de autocrítica, porque es muy cómodo sentirse atacado en público por los discursos más radicales, pero, luego, en privado, en cambio, sigues manteniendo los mismos roles de género o sigues dando pie a creencias o estereotipos sexistas, a las estructuras patriarcales que heredamos de esta sociedad.

-Una pregunta simple: ¿todas las mujeres piensan lo mismo sobre el feminismo?

-Existe una gran variedad y pluralidad de pensamiento dentro y fuera del feminismo. Hay muchas mujeres que no empatizan con él, pero han incorporado luego todos los valores que, en cierto sentido, potencia el feminismo como la independencia, la autonomía, la igualdad de trato entre mujeres y hombres.

-¿Qué dice, al respecto, tu libro Maldita feminista?

-He intentado sistematizar allí las distintas corrientes teóricas que existen en el feminismo. Eso hace que, según mi punto de vista, sea una cuestión fascinante.

-¿Por qué?

-Porque, dentro de esa gran variedad, estás buscando profundizar, conocer, entender muchos posicionamientos como, por ejemplo, con el tema de la prostitución. Y hay otros temas que, a lo mejor, no son tan polémicos, pero que guardan una relación con el mundo actual, como la ecología, a través de lo que se conoce como ecofeminismo. Entonces, no. No todas pensamos igual. Porque, también, hay diferencias entre las propias feministas de una misma corriente teórica.

-Pregunta para la sexóloga: ¿cómo está el sexo hoy en el mundo, con la virtualidad, la digitalización, la pandemia?

-La pandemia nos ha puesto en un momento muy difícil. Hay una crisis del deseo. El hecho de pasar por algo tan traumático, el estar viendo en la televisión las muertes y el sufrimiento, el estar alejados de nuestros seres queridos; todo eso ha impactado en una forma bastante bestia en nuestra erótica, en nuestras fantasías, en nuestras vivencias.

-¿Y de qué otra manera nos está pegando todo esto?

-Por otro lado, están los pánicos. Los pánicos morales se siguen animando, sobre todo en grupos conservadores con determinados temas relacionados con la sexualidad como la pornografía, la transexualidad, la prostitución e, incluso, la pederastia. Esto último, como sabes, lo he trabajado muchísimo.

-Y te has peleado mucho también con ese tema.

-Sí. Por esa distinción entre que no es lo mismo la atracción sexual hacia un niño que violar a un niño. Son temas muy viscerales, muy emocionales, pero que conviene tratarlos con inteligencia, con elegancia y también con mucho sentido común.

-A propósito, en tu cuenta de Instagram remitís a tu otra página, Eunoia Sexología, donde figura una entrada que se titula “¿Qué sabes sobre la pedofilia?”. Pues bien, ¿cómo podemos ayudar a un niño a enfrentar esta situación?

-Como sexóloga me dedico, sobre todo, al tema de la educación sexual. Trabajo con muchos grupos de adolescentes y, por otro lado, en el asesoramiento sexológico a nivel individual, para afrontar dificultades más concretas. En el caso de los jóvenes yo insisto mucho en el tema del consentimiento sexual y qué significa.

-¿Cómo debe ser?

-Debe ser voluntario, específico y reversible. También tiene que ser consciente. Y cuando hablamos de esto último, pues bien, hablamos de que un niño no es consciente en materia de consentimiento porque no lo entiende en términos eróticos como sí lo entiende un adulto. Insisto mucho en ese tema y también en la diferencia de poder entre un niño y un adulto. No se pueden consentir las relaciones entre menores y adultos. No son relaciones sexuales. Son abusos sexuales. Quiero recalcar muy fuerte eso.

-De todos modos, en ese tema persisten algunas lagunas, al menos en la opinión general.

-En el asesoramiento sexológico, muchas veces me escriben para pedir ayuda, para desahogarse. Y algunas son personas que tienen atracción sexual hacia los niños, que es lo que se llama en el mundo científico pedofilia. Las “filias” siempre hablan de los deseos, ¿no?

-¿Qué dicen esas personas?

-Insisten en esa cuestión de “yo no le quiero hacer daño a un niño”, “a mí me gustan los niños”, “yo nunca voy a violar a un niño”… pero… “me siento mal porque toda la sociedad me ve como un monstruo”.

-¿Entonces?

-Aquí tenemos uno de los grandes problemas.

-¿Por qué?

-Porque es muy importante diferenciar, quitar ese estigma a las personas con pedofilia que no han tocado a un niño. Porque el estigma, lo que conlleva, en muchas ocasiones, es una peor salud mental; que no quieran pedir ayuda, porque creen que están condenadas o están destinadas, en cierto sentido, a cometer un abuso, cuando no es así. Muchas veces influye también en su capacidad de autoeficacia ante una tarea, ante el compromiso de no tocar a niño. Todo esto, al final, crea mucho sufrimiento.

-¿Cómo entenderlo, entonces?

-No les damos recursos a esas personas para que pidan ayuda, para que puedan hablar con alguien sin que las juzguen; teniendo en cuenta, además, que no han cometido un delito. Insisto en eso, porque yo no trabajo con delincuentes. Trabajo con personas que tienen dificultades en su sexualidad.

-¿Es peor el remedio que la enfermedad, pues, si no se los atiende?

-Es que, si no les brindamos ayuda, las condenamos al mundo delictivo; a un mundo de angustia y soledad.

-Otro punto. Hemos pasado de las parejas de tiempo atrás, sin felicidad ni convivencia razonable, pero atadas a los convencionalismos de la época, a la gran dificultad de hacer pareja por la influencia del feminismo más ultra de estos días. ¿Qué opinás de las dificultades que hay, en Occidente al menos, para formar parejas de largo plazo?

-Es una pregunta muy interesante la que me haces, muy sexológica. Siempre digo que la sexología es la disciplina que habla de los sexos, pero no del sexo que se practica sino de los sexos que somos como hombre y como mujer.

-¿Qué nos dice, entonces, tu disciplina?

-Es verdad que esta forma que tiene el feminismo de entender a los hombres y a las mujeres no repercute positivamente, desde esa radicalidad de algunos grupos, al encuentro entre los sexos. En ese sentido, creo que es muy importante evitar el clima primitivista hacia los hombres. Y, por otro lado, hay que enfatizar el empoderamiento y la potencia que tienen las mujeres.

-Un punto clave. ¿Cómo entendés esto?

-Cuando las mujeres están empoderadas, cuando se ven potentes y creen en ellas mismas, no necesitan subyugar a nadie; no necesitan culpar a nadie de sus tropiezos, de sus errores, de sus vivencias negativas. Porque culpan al responsable, no, en general, a todos los hombres. Esa perspectiva es muy importante y es mi aportación al feminismo.

-Pero no vivimos en un mundo de ángeles…

-También hay que plantear que hay personas que cometen actos reprobables, irresponsables; actos muchas veces también delictivos. Y siempre se les tiene que dar una oportunidad. Al menos el feminismo abandera ese eslogan de la justicia social, de reparar ese daño, es decir, de reorientar esa conducta a través de la justicia restaurativa.

-¿Pero? ¿Cuál es el pero?

-En cambio, esto es algo que en el feminismo no se está poniendo de moda. Estamos poniendo estigmas, estamos poniendo las etiquetas de violador, pervertido, acosador, machista… y metemos a todos en el mismo saco. Y no es lo mismo. No es lo mismo ser un machista que ser un maltratador. Seguramente ese violador, ese maltratador, tenga creencias machistas. Pero ha cruzado una línea, ¿no? Es muy importante que los hombres eviten este sentimiento de indefensión, sobre todo cuando son inocentes. Y, sobre todo, hay que dar seguridad, crear un contexto de seguridad para las mujeres para que no se vean a sí mismas como víctimas, siempre buscando la protección absoluta por parte del Estado.

-¿Qué mujer, hoy, en el mundo, te llama la atención? De cualquier rubro o disciplina. ¿A quién pondrías en un marco?

-¡Uy, cómo me cuesta! Me gusta mucho Camille Paglia. Me encanta como pensadora, ese toque humanista que tiene. Luego, también, es muy políticamente incorrecta y eso, en cierto sentido, para mí es muy inspirador. Pues, como una deslenguada, yo quería ser otra deslenguada más. Pero tiene otras cosas que no me molan nada.

-¿Cómo qué?

-Muchas veces ella tiene una visión de la biología muy determinista y muy simple. Ahí no me convence tanto. Pero sí es un personaje que me gusta que esté y que me inspira.

-Loola, ha sido una estupenda charla, gracias.

-Gracias a vosotros. Han sido geniales. Lo que necesitéis. Ya saben dónde estoy: al otro lado del charquito