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Leonardo Padura: "¡Me encantaría ganar el Premio Nobel, por supuesto!"

Serio aspirante al Premio Nobel de Literatura, el cubano Leonardo de la Caridad Padura Fuentes, mantuvo una jugosa charla con Radio Nihuil

Leonardo de la Caridad Padura Fuentes es hoy uno de los señalados, entre los escritores latinoamericanos, como serio aspirante al próximo Premio Nobel. Cubano por nacimiento, por enraizamiento, por íntima convicción, antes que “habanero” de La Habana se declara “mantillero” de Mantilla, su barrio natal. Porque, como puntualiza siempre que puede en sus libros y sus notas, “Mantilla es y no es La Habana. Mantilla es Mantilla”.

Y es justamente desde ahí, en su barrio, en su casa familiar, donde el escritor cubano más vendido en el mundo, que aspira al Nobel y que obtuviera, en 2015, el Premio Princesa de Asturias de las Letras, se dispone a charlar con nosotros. Conexión directa Mendoza-La Habana, vía Wathsapp. En diálogo abierto, franco, como de viejos conocidos en un bar, aunque nunca nos hayamos visto personalmente, para el programa La Conversación de Radio Nihuil.

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Había una duda inicial. ¿Dónde íbamos a encontrar a Padura que, con el lanzamiento de su nueva novela, Como polvo en el viento, lo tienen a mal traer con los requerimientos periodísticos? Hasta tal punto que le había confesado a este escriba, en un contacto previo vía mail: “Ando como loco. Tengo casi 20 entrevistas esta semana”.

Quiso el destino meteorológico que, a la hora de nuestro contacto, Padura estuviera guardado en su reducto natal, su hogar de siempre.

“Estamos en casa. Hay mal tiempo en La Habana. Un pequeño huracán que se ha formado entre Cuba y México. Está lloviendo bastante”, nos cuenta con una voz redonda de entrañable acento caribeño este vecino a quien su comunidad suele aplicarle el mote de Príncipe de Mantilla.

Ríe al escucharlo y corrige: “Me llaman, más bien, El Conde de Mantilla, por Mario Conde”, que es el personaje fetiche de sus novelas policiales.

Pasa explicar, entonces, la importancia de su ámbito mantillero: “Este es un sitio que tiene para mí una connotación especial. Yo soy de la rara especie, en esta época, de personas que han vivido siempre en la misma casa. Nací aquí hace 64 años y 359 días, porque dentro de seis cumplo los 65. Esta casa la construyó mi padre en el año 54. Querían tener familia, él y mi mamá. Yo nací un año después”.

Esa casa, nos cuenta, siempre está abierta. Siempre hay alguien que entra, que sale, que habla. Y es la que ha forjado su identidad: “La misma casa, el mismo barrio… aquí es donde yo siento realmente que soy la persona que siempre he sido”.

A partir de aquí disfrutaremos de los distintos párrafos que nos regaló Leonardo Padura en este momento tan especial de su vida y de su carrera literaria. Un privilegio. Como si accediéramos a páginas vivas de cualquiera de sus libros.

Mamá Alicia

“Yo tengo una ampliación de lo que fue la casa original, que es donde vive mi madre, todavía, afortunadamente, con sus 92 años. Está desesperada, la pobre, porque la nueva novela salió hace ya tres semanas ¡y todavía no tenemos un ejemplar por este tema de la pandemia! De algún lado, de España, de México, de Buenos Aires, de algún lado, tiene que llegar algún avión. Mi madre, en las tardes, se sienta siempre en la terraza, que es el sitio más fresco y lee un par de horas. Y es ahí donde va leyendo mis libros. Ella, si se hubiera propuesto como alcaldesa del barrio, lo hubiera sido. Conoce aquí hasta los perros, los gatos y los gorriones”.

¿Cómo vive la previa del Premio Nobel?

“No tengo expectativas ni me causa molestia que me pregunten por el Premio Nobel ni espero nada. Es algo que, si sucede, va a suceder con independencia de mi voluntad, de mi pensamiento, de mis deseos. Por supuesto ¡que me encantaría ganar el Nobel! Todos los reconocimientos que son honoríficos alimentan el ego del escritor, de quien lo recibe; porque es el reconocimiento que te dan otras personas al trabajo que tú has hecho. Y eso siempre es muy satisfactorio, porque cuando tú envías una obra a concurso es distinto. Lo haces porque piensas que puedes ganar. Es decir, estás comprando un ticket para una lotería, pero pensando que compras el ticket ganador. Con los premios honoríficos no puedes hacer otra cosa que esperar tranquilamente. Ojalá llegara”.

¿A quién le daría el Nobel de Literatura?

“Hay dos premios que no se otorgaron en estos años y que yo los hubiera dado muy por encima de muchos otros: el de Philip Roth y el de Amos Oz, dos enormes escritores. Y está el otro caso, el de Milan Kundera. Por razones hasta de carácter Kundera desaparece o desapareció de las listas de candidatos, pero seguramente tiene una obra que es mucho más importante que la de varios ganadores. Para mí, como escritor, fue muy chocante el premio a Bob Dylan. Siempre digo que Dylan merecía el Nobel de la música, pero no el de la Literatura, habiendo tantos escritores con tanta obra importante, trascendente”.

Envidia de Paul Auster

“Últimamente no lo envidio tanto, porque he visto que Paul Auster ha tenido que prescindir de su cierta torre de cristal allá en Brooklyn y está participando mucho en la vida social norteamericana a partir de todos los fenómenos que están ocurriendo. Pertenece, incluso, a un grupo de intelectuales que están haciendo campaña por Biden. Y ha tenido, como ciudadano que es al cabo, que asumir esa responsabilidad. El problema es que a mí, casi siempre que hablo con los periodistas, me preguntan cosas de temas políticos. El otro día le tuve que pedir a una periodista que me hiciera, aunque más no fuera, ¡una pregunta de literatura! La pregunta que no deberían hacerle a nadie es: ‘¿Cómo crees que va a ser tu país de aquí a diez años?’. Si yo te lo pregunto a ti sobre la Argentina, me dirás: ‘Mira, no tengo ni la más puta idea’. Porque vamos viviendo en un mundo en el que no se sabe qué cosa va a pasar al día siguiente, como lo demostraron el 11 de setiembre de 2001 o esta pandemia”.

¿Trump o Biden?

“En mi caso particular, en estos últimos meses y años, por supuesto pienso que sería preferible que ganara Biden. Te lo digo con toda sinceridad: creo que es inmoral que un presidente de un país mienta repetidamente de la manera que miente Trump. Y esto último que ha salido acerca de sus impuestos me ha puesto peor porque, ¡coño!, yo pago más impuestos que él. ¡Imagínate tú!”.

¿Vuelve Mario Conde, su detective fetiche?

“Mario anda por ahí, dando vueltas. Es un tipo bastante persistente. Él, de vez en cuando se me pierde. Supongo que estará tomándose unos tragos con sus amigos. En estos tiempos de pandemia, Conde debe andar desesperado, porque estar atrancado en la casa es para él el peor de los castigos. Pero, sí, hay una idea de una historia contemporánea que se va a mezclar con una historia de principios de siglo XX, alrededor de una figura sobre la cual yo escribí un largo reportaje, hace muchos años y que siempre me ha atraído: Alberto Yarini y Ponce de León, que ha sido el proxeneta más famoso de la historia de Cuba. Un mito. Y es un hombre muy de esa época. Creo que representa mejor que nadie esos primeros años del siglo en nuestro país; los años primeros de la independencia; una independencia que llega algo trucada porque hay una intervención americana por el medio… En fin, ese periodo de una enorme inestabilidad y frustración lo representa muy bien Yarini. Por eso quiero ver estas dos épocas en espejo: un presente de hoy y una historia cubana de hace cien años”.

Auge del género policial

"Hay varios elementos. Uno es de carácter comercial. Por ejemplo, el mundo complejo de la novela policíaca escandinava es un proyecto cultural y comercial que ha sido muy bien montado. A diferencia de países como el tuyo o como el mío en donde, a veces, las instituciones andan mirando los celajes y durmiendo al mediodía, las de estos países escandinavos trabajan mucho. E hicieron todo un proyecto de promoción. Fueron buscando editoriales en otros países de Europa y pagaban las traducciones de las novelas de escritores suecos, noruegos, daneses. De esa manera se difundió mucho mejor su literatura. Además, se apoyaron en la calidad de algunos autores como es el caso de Henning Mankell, el creador del inspector Wallander. También es cierto que ha habido un auge de esta novela en lo que fue la periferia original. Siempre había sido el mundo anglosajón y francés donde la novela policíaca tenía un mayor peso. Pero, por ejemplo, en el mundo iberoamericano hoy existe una cantidad importante de escritores. El otro día veía por tercera vez El secreto de sus ojos y me decía: esta es una historia que únicamente puede escribir un latinoamericano, igual que la de Nueve reinas; igual que pasa con Camilleri, con Vázquez Montalbán, igual que intento que pase con Conde. Hay un sentido de la vida, del disfrute o de los dolores de la vida, que se acercan mucho a la realidad. Y esa necesidad de verse reflejado en el arte es importante para los consumidores de cualquier país o de cualquier región”.

Los argentinos Piñeiro, Sacheri, Saccomano...

“Muchos de los escritores argentinos son amigos míos. Tengo relaciones de trabajo, de amistad, de conocimiento. Con Eduardo (Sacheri) hemos coincidido en varios festivales. También, con Claudia (Piñeiro), muchas veces, hace muchos años. En más de una ocasión ella me ha presentado en actividades en Buenos Aires. Tengo relación con Guillermo Saccomano, con Juan Sasturain. Son viejos amigos. Tuve relación con Piglia. De Guillermo (Martínez) leí recientemente una novela, pero personalmente no he tenido trato. En fin, conozco bastante este mundo de la narrativa argentina contemporánea. Sé que son muchísimos más. Argentina es un país que produce escritores con una gran fertilidad”.

Series preferidas

“Me acaba de decir un amigo que ya está circulando la cuarta temporada de Fargo, esa que producen los hermanos Coen. Es una de mis preferidas. Breaking Bad y Better Call Saul, por supuesto. Pero de todas, de todas, la que más me ha gustado y complacido es The Wire, la serie que hizo HBO hace unos años, con guion de (David) Simon. Da un sentido de la realidad tremendo. Ojalá algún día yo pudiera escribir un guion parecido”.

El hombre que amaba a los perros

“Fue un libro cuya escritura resultó muy complicada porque implicó una investigación de dos años sin escribir, y después tres años más mientras escribía sin dejar de investigar. Cuando la tenía prácticamente terminada tuve que reescribir toda una línea completa porque me di cuenta de que había un error de perspectiva. Pero me ha traído muchísimas satisfacciones, lo han leído muchísimas personas en el mundo, incluso una cantidad importante de personalidades políticas. En el caso de la Argentina, a mis novelas anteriores les había ido bien, pero a partir de El hombre que amaba a los perros, todo subió, alcanzó otra dimensión. Y espero que ahora Como polvo en el viento tenga igual aceptación entre los lectores argentinos. Sé que se está vendiendo bien. Es una novela que, de alguna manera, le va a decir cosas a cada uno, porque la diáspora, el exilio, la permanencia en el país, la fidelidad, el amor, la traición, son temas universales que yo traté de hurgar, más que el problema específico de un cubano que emigra”.

El beisbolista que no fue

“¡Me hubiera gustado tanto, tanto, tanto haber sido un jugador de béisbol de calidad y estar en los estadios, con esa emoción! La emoción deportiva es tan fuerte que, creo, es muy difícil encontrarla en otras manifestaciones. Pero, bueno, con este trabajo de escritor he tenido una suerte enorme. Y a partir del esfuerzo enorme que he hecho me ha dado muchas satisfacciones. He podido viajar por medio mundo, conocer gente, expresar ideas que tenía e ideas que ni siquiera sabía que tenía y que en el trabajo he podido elaborar. Siempre digo que, posiblemente, casi seguramente, yo no sea el escritor cubano de más talento en mi generación; pero de lo que estoy convencido es que soy el más trabajador. Y lo que tengo se lo debo justamente al trabajo”.

Menos béisbol en La Habana y más fútbol. Messi y Riquelme

“La relación histórica, social del béisbol con Cuba es una de las esencias que distinguen no solo nuestra cultura; es más profundo: es la espiritualidad cubana. Y el hecho de que el béisbol vaya perdiendo ese arraigo entre los más jóvenes; el hecho de que las figuras que se convierten en icónicas sean futbolistas… Hay ahí un fenómeno de promoción, de carácter comercial en el fondo. Esto no demerita para nada la calidad de jugadores como Messi o Cristiano Ronaldo. Pero alrededor de ellos se monta una campaña que los ha convertido en referentes universales. En la aldea africana más remota te puedes encontrar a un niño con una camiseta del Barcelona o del Real Madrid. Y eso incluso es un proceso que, incluso, ha debilitado las ligas nacionales de fútbol, porque se vuelto un negocio que tiene su centro en Europa, donde se pagan muchos millones por los jugadores. Todo eso hace que tanto en Cuba como en otros países el deporte se haya desvirtuado. De todas maneras, sigo siendo un gran admirador de jugadores; específicamente de Messi, Cristiano no me gusta tanto. Aunque de los últimos veinte años, el jugador argentino que más he admirado por la capacidad que tenía de ver el terreno de juego, fue Riquelme. En la Selección Argentina con un Messi y un Riquelme hubieran sido campeones del mundo”.

¿Dónde están hoy las utopías, el hombre nuevo?

"Es un tema complicado que merecería varias charlas porque afecta muchos sectores de la vida. De hecho estamos ante un hombre nuevo. Lo que pasa es que llegó por otros caminos y no por los que en un momento pudo proponer la ideología, la filosofía comunista, marxista, o un pensador, un revolucionario como el Che Guevara. Y digo que es un hombre nuevo porque el mundo digital hizo que los hijos de nuestra generación sean personas muy diferentes a nosotros. Y los hijos de sus hijos -porque algunos de nosotros ya tenemos nietos- son esos niños que, cuando tienen dos años, cogen un teléfono móvil y entran en cualquier página y hacen cualquier aplicación sin saber leer. Eso ha cambiado el mundo. En el sentido de las utopías también lo ha cambiado. Estamos en un momento en que nos faltan utopías sociales que sean satisfactorias. La gran utopía del siglo XX fracasó. El comunismo fracasó. Ya sabemos cómo terminó la Unión Soviética, en qué cosa se ha convertido China, los problemas económicos que tiene Cuba, con una economía disfuncional que se está tratando de arreglar con pequeños parches… Y todo esto, de alguna manera, está presente en la novela Como polvo en el viento. Un compatriota de ustedes, Mario, que vive en México, leyó la novela en una de sus versiones previas. Yo quería la opinión de alguien que no fuera cubano. Mario me dio su visión muy favorable. Y me dijo algo que creo que es la esencia del libro: “Leonardo, esta novela demuestra que no es posible vivir en la utopía, pero que no es posible vivir sin utopías”.

Leonardo Padura. De una sola pieza. Gane o vuelva a perder el Nobel, igual, una de las plumas soberanas de la América mestiza.