La inflación galopante, que ha logrado superar holgadamente los más severos pronósticos que las consultoras privadas tenían para marzo, marca el nivel del fracaso de la política de congelamiento de precios.
Lejos de la resurrección, el país tiene problemas políticos y económicos cada vez más agudos
Si esa ha sido la política inflacionaria del secretario Roberto Feletti, el hombre que no hace "milagros", ha quedado demostrada la inconsistencia de una guerra basada en el control de la cadena de valor para limitar las remarcaciones y la consecuente pérdida de poder adquisitivo de la población.
Los acuerdos sectoriales sobre una canasta de productos de consumo básico representan un paliativo temporario que limita la velocidad en la suba de unos pocos artículos, pero que no atacan las causas de la inflación ni logran generar expectativas positivas en un contexto de incertidumbre política por la pelea en el seno del Gobierno.
La inercia inflacionaria que se arrastra desde marzo y los ajustes de este mes llevan a proyectar más del 5% para abril, para completar un cuatrimestre que superará el 22%. Hay que remontarse a la híper de 1991 para hallar una inflación superior a este período.
A la situación económica que dejó el gobierno de Macri -quien a su vez heredó un país en estado crítico de la gestión de Cristina y Kicillof- se ha sumado una serie de desaciertos de la administración de Alberto Fernández.
Sin ir tan lejos, la derrota en las PASO torció el brazo de Martín Guzmán cuando había hecho esfuerzos para, al menos, no agigantar el déficit fiscal durante el primer semestre del año pasado. Con el resultado de las urnas puesto, el sector más duro le cayó con todo a Alberto Fernández y a su ministro de Economía, quienes de cara a las elecciones generales aflojaron y dieron rienda suelta a la emisión monetaria.
Buena parte de la espiral inflacionaria que vino después se le debe al "plan platita" que consistió en el vuelco de fondos en el conurbano que gobierna Axel Kicillof. Era eso lo que predicaba la referente económica de un sector del Frente de Todos, Fernanda Vallejos, cuando trataba de "ocupa de la Casa Rosada" al hombre elegido por Cristina para encabezar la fórmula.
La dirigencia y militancia cristinistas hoy siguen disparando munición gruesa hacia el Presidente y el ministro Guzmán, como si esa fuera la mejor estrategia para sacar al país de la ruina. En verdad, buscan desligarse de la corresponsabilidad del gobierno del Frente de Todos.
Un nuevo capítulo del quiebre se vivirá cuando deban enfrentar el achicamiento de los subsidios tarifarios y otras medidas para enfrentar la inflación, que no serán del tipo que recomiendan en el Instituto Patria, sino siguiendo las pautas del FMI.
Guzmán, por ahora respaldado por Alberto Fernández, declaró que los funcionarios de economía deben estar alineados, una forma de advertir al equipo díscolo del área energética y al mismo Feletti, quien lo había cuestionado en declaraciones periodísticas.
Si bien a esta altura desde uno y otro bando salieron a reconocer que hay que enfrentar a la inflación desde la macro, las diferencias son abismales. Un asunto es cuando existe un debate en una coalición en pos de aportar ideas que puedan enriquecer un programa de gobierno, y otro diametralmente opuesto es el divorcio entre presidente y vice que ni siquiera se hablan porque sus intereses están confrontados. La falta de cohesión en el gabinete genera crispación política que traslada incertidumbre a la economía por un horizonte borroso y hace crecer el malestar social.
El ex ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo lo expresó en estos términos: "La situación social es crítica, no podrá sostenerse durante dos años más con 50, 60% de inflación". Lo duro es que si no hay correcciones a tiempo, la amenaza es cada vez peor, y no hay ajuste más perverso para los más vulnerables que la inflación desbocada.
Mirar para otro lado
El discurso que dio Cristina Fernández al inaugurar la Asamblea Parlamentaria Euro Latinoamericana, además de los aplausos y críticas que recibió entre los participantes, dio cuenta de cómo está posicionada frente al panorama interno de la Argentina.
Plantada allí como analista, más que como gobernante por tercer período en el país, (sin contar el de Néstor Kirchner), dejó sugerentes definiciones, más allá de la frase que todos asociaron a Alberto Fernández como blanco: "Que te pongan una banda y te den el bastón no significa que tengas el poder". " Ni te cuento si además no se hacen las cosas que hay que hacer...pero bueno, dejémoslo ahí", agregó con un tono irónico y sentencioso, pero sin mencionar al presidente argentino.
La vicepresidenta explicó en ese tramo que hablaba por "experiencia propia", al aludir a los poderes fácticos mundiales, que se imponían sobre el legado de la Revolución Francesa: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, los poderes republicanos "cooptados por las leyes del mercado y los factores económicos". Esta vez no hizo referencia al "lawfare", pero es conocida su intención irrefrenable por reformar la estructura de la Justicia, empezando por la Corte Suprema.
Un tramo de su discurso se lo llevó la crítica a la OTAN por haber establecido una base en Malvinas y a los países que cuentan con el privilegio del derecho a veto en las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, a quienes acusó de tener un doble estándar, guiados por la conveniencia. En el contexto del conflicto bélico en Europa, tal declaración otra vez pone de manifiesto las diferencias con la Cancillería y su inclinación hacia el gobierno de Putin, al punto de que el argumento del caso Malvinas fue utilizado a las pocas horas por la administración rusa, al elevar una queja al Reino Unido.
En contraposición, en la sesión plenaria de la EuroLat, el senador Alfredo Cornejo expresó que "no es una buena foto ni un buen mensaje no expresarse sobre la invasión rusa a Ucrania, nos exponemos a un papelón", cerró el legislador por Mendoza.
Si bien la intervención de Cristina Fernández en el CCK, con una nutrida concurrencia de militantes que la vitoreaban, iba dirigida a la esfera internacional, incluso con críticas al FMI, todo el mensaje atravesó el ámbito interno, con la clara intención de marcar la cancha frente a la hoja de ruta acordada con el Fondo. Al respecto, hizo referencia a que ningún juez ha intervenido en la "deuda ilegal" contraída con el organismo.
"Pero la insatisfacción de la democracias, donde la gente se termina enojando con la política, debería obligarnos a replantear a todos la necesidad de repensar nuestra ingeniería institucional, donde se invista de poder a las instituciones", aconsejó a la vez que defendió el rol del Estado frente a las leyes del mercado.
Sin embargo, el problema en el país no es precisamente un Estado minimizado por un mercado en expansión, puesto que la política estatal maneja las variables e interviene en todos los órdenes de la economía, aumenta la presión impositiva, gasta a discreción y controla las cajas en varios sectores de la actividad económica.
Partamos de que siempre es virtuoso un Estado que se hace cargo de brindar servicios esenciales, que de por sí resultan igualadores. Al mismo tiempo es fundamental una buena administración y asignación de los recursos, la promoción e inversión pública, la gestión económica equilibradora de las asimetrías y de la desigualdad, la política social de inclusión y la planificación para el desarrollo de infraestructura y humano en un ambiente sostenible.
Hay muchos ejemplos en el mundo de Estado presente, vigoroso y eficiente. Muy distantes, por cierto, del caso argentino, cuyas gestiones han llevado a la población a la miseria. Los privilegios, la corrupción, el clientelismo, la ambición y la irresponsabilidad en el acto de gobernar son la base de los verdaderos problemas que se debe cambiar, sin egoísmos y sin consignas obsoletas en las que la gran mayoría ya no confía. Las malas gestiones son la fuente real del descontento y el descrédito de la política.
Hoy como nunca, una buena porción del peronismo no cristinista debería cerrar filas tras un plan de gobierno creíble, porque si nos quedamos con un presidente sin reacción y una vicepresidenta enamorada de su relato, el futuro se presentará día a día más incierto.




