Diario Uno > Opinión > Luis Lobos

La "maison" de la calle Tirasso nunca vino bien aspectada

La figura del ex intendente peronista Luis Lobos ha quedado instalada en Mendoza como sinónimo de corrupción. Fueron tan desembozadas sus trapisondas que se autoinculpó solo 

El ex intendente de Guaymallén Luis Lobos tiene algo del estilo del preso Ricardo Jaime, ex secretario de Transporte de la Nación de Néstor Kirchner. Tal vez sea la barbita recortada o cierta forma de vestir, aunque Jaime insinuaba un look más garca que éste de la calle Tirasso. En realidad lo más concomitante es que ambos han quedado asociados a hechos concretos de corrupción, a lo que Jaime suma su condena por negligencia en la tragedia ferroviaria de Once.

El peronista Lobos es el típico self made man de pueblo, un vivillo, un aprovechado, alguien que está al salto para sacar tajada en cada ocasión, un audaz que encontró en la política la plataforma ideal para incrementar su patrimonio con malas artes, siempre en nombre de lo nacional y popular.

Te puede interesar...

En el municipio de Guaymallén hizo carrera desde abajo. Entró como empleado al bloque peronista del Concejo Deliberante donde hizo varias maestrías exprés en los rubros "Rápido para los mandados", Trenzas I y II y también en "Aquí está la paponia". Fue alumno aventajado. Al poco tiempo ya era Jefe de Trabajos Prácticos. También asistió al Seminario "No hay nada más oficialista que un concejal de la oposición", que lo deslumbró.

Yo, Claudia

Buena parte de ese derrotero fue en compañía de una empleada municipal, Claudia Sgró, la que se convertiría en su esposa y luego en socia comercial. Claudia aportaba su cuota de audacia femenina mezclada con tenacidad, temple y perfume. Juntos elaboraron la leyenda de pareja con futuro. Ninguno de los dos venía de cuna de oro. Ella solía repetir que todo en su vida lo había hecho "a pico y pala".

Sgró tenía eso que las señoras de barrio llaman "porte de reina", pero en versión madame. Pronto devino rubia platino. Con el ascenso que la pareja fue experimentando, ella mejoró sus calzados, sus carteras. Pasó, por decirlo de alguna manera, del Plusbelle al TRESemmé, sin Pantene intermedio.

Lobos mutó de empleado a concejal y en ese ámbito, cuyos hilos ya conocía, no lo paró nadie. El pueblo había hablado y él estaba en una banca del Concejo Deliberante. Fue uno de los artífices del nuevo vuelo que adquirió esa tramoya que sotto voce se conocía en los pasillos como "la cooperativa", de la que solían surtirse tanto oficialistas como dirigentes de la oposición.

El señor presidente

Cuando Lobos llegó a presidente del Concejo Deliberante (cargo al que fue catapultado pese a todo lo que se veía y comentaba sobre él en los mentideros políticos) sobrevino el desenfreno. Se desató. Y lo suyo y lo de Sgró fue desembozado. Ni hablar cuando quedó a cargo de la intendencia de Guaymallén, la más poblada de Mendoza, por el pase del intendente Alejandro Abraham al Congreso en calidad de diputado nacional.

El intendente Lobos y Sgró fueron dinamita. Hacían una pareja vistosa. En las vendimias y otras fiestas sociales se destacaban. Danzaban, hacían migas con políticos y dirigentes de renombre, él incluso llegó a pensar que su futuro no podía ser otro que la gobernación de Mendoza. Y como bien decía Néstor Kirchner, para hacer política se necesita hacer plata.

Todos sabemos hoy que fueron, como muchos de los nuevos ricos, bien guarangos y ostentosos. Compraron autos, hicieron transacciones varias, sobre todo negocios inmobiliarios y lo coronaron cuando estrenaron la famosa mansión de la calle Tirasso, tipo Falcon Crest, con muchas habitaciones, parque, piscina, arboledas. Todo eso con dos sueldos del Estado municipal.

El ventarrón

Cuando en el 2015 los votantes de ese departamento se asquearon de tanta ignominia y lo reemplazaron por Marcelino Iglesias, lenta pero inexorablemente se comenzaron a caer los castillos de cartón. Lobos y su mujer volvieron a sus puestos de planta permanente que retenían en la Comuna, pero a los pocos meses fueron exonerados. Mientras tanto en la Justicia se empezaron a amontonar los expedientes con denuncias vergonzosas.

Entre la justicia penal y la civil se repartieron las causas. En el fuero penal, Lobos y su mujer ya fueron condenados en una primera causa por administración fraudulenta y defraudación al Estado. Lobos recibió una pena de 4 años y 6 meses de prisión e inhabilitación de por vida para cubrir cargos públicos. Su mujer un poco menos.

No están entre rejas porque la sentencia aún no quedó en firme. Ahora ha dictaminado la justicia civil, y en un fallo inédito dispuso la extinción de dominio de la pareja sobre tres bienes inmuebles, incluida la Maison Tirasso. Simple: no pudieron justificar esas onerosas adquisiciones con sueldos de agentes comunales. Esos bienes serán rematados por el Estado y el producido será para reparar escuelas. Todavía falta que la justicia penal se expida sobre otras trapisondas, en particular la que los acusa de enriquecimiento ilícito. Todo indica que el dúo seguirá sumando condenas.

Nadie se muere por tener que volver al Plusbelle. Los Lobos-Sgró han vuelto al punto de partida. ¿Seguirán participando?