Análisis y opinión

La falsa ilusión de una provincia rica se desmorona con los datos de la pobreza

Mendoza muestra cada vez un contraste mayor entre sectores pujantes en continuo crecimiento, y la pobreza que va de la mano de la inflación y del trabajo de baja calidad

"Ha crecido el empleo en la provincia, por lo que algunos datos resultan contradictorios", afirmó Rodolfo Suarez con cierta incredulidad sobre las cifras de pobreza que dio a conocer el INDEC. Por su parte, el gobernador de Corrientes, Gustavo Valdez, sostuvo que no pudo haber bajado tanto el número de pobres en su provincia.

En ambos casos, por exceso o por defecto echan un manto de dudas sobre los datos procesados por el organismo nacional, tras los relevamientos realizados por las mismas provincias. "Estamos estudiando esos números", confirmó el gobernador.

Si bien los datos duros que indican un nivel de pobreza en el Gran Mendoza de 44,6% y de indigencia de 7,2% no deberían extrañar, lo cierto es que chocan con las supuestas mejoras de otras regiones, en un país que marchó parejo tanto en la caída del PBI en 2020 y como en el rebote de 2021.

Precisamente, desagregado por región, Cuyo queda a la cabeza de la pobreza en todo el territorio nacional, en particular por la situación del Gran San Luis ( 47,8%) y del Gran Mendoza.

Como lo que refleja la radiografía de la situación social corresponde sólo al segundo semestre de 2021, puede ser que la recuperación de la actividad, tras la parálisis de la megacuarentena, se haya dado a diferentes ritmos según las regiones.

Además, hay que considerar que en muchas provincias norteñas la ocupación depende preponderantemente del sector público, que obviamente nunca tuvo el impacto que sufrió el empleo privado durante la pandemia, que recién empezó a salir a flote en los últimos meses del año pasado.

También hay que tener en cuenta que las cifras del INDEC comparan los ingresos familiares contra el valor de la diferentes canastas para establecer las líneas pobreza y de indigencia. Es decir, no tiene en cuenta el criterio multidimensional que contempla cuestiones como vivienda, infraestructura barrial, nivel de educación, calificación laboral, acceso a la salud y a otros servicios, entre otros indicadores.

Con el método de medición y de conclusión del INDEC, de un día al otro se es o no pobre, según haya evolucionado el ingreso en el período considerado. De hecho, en el primer trimestre de este año los salarios volvieron a perder frente a la inflación, con lo cual las cifras que se están discutiendo ya han quedado lejanas.

Mendoza, como el resto del país está sufriendo las carencias que ocasiona día a día la política económica, que no acierta en enfrentar la inflación, y no logra generar la estabilidad que se necesita para un crecimiento sostenido.

Siempre se tuvo a nuestra provincia como rica, por su potencial en recursos naturales, por el desarrollo en sus oasis, y por su capital humano. Sin embargo, por lógica, no ha logrado desacoplarse del efecto nocivo de las sucesivas gestiones macroeconómicas y, peor aún, su crecimiento se ha mantenido por debajo del promedio nacional en las dos últimas décadas.

Excepto en lo referido a la minería metalífera, la matriz productiva de la provincia es amplia, pero su productividad evidentemente es insuficiente para el desarrollo humano que necesita su población.

Una actividad tradicional como es la petrolera está sujeta a los vaivenes nacionales e internacionales y ya no aporta al PBG como antaño. Otra, como la vitivinicultura, contiene sectores pujantes, pero la bonanza no llega a los viñateros que han sufrido años de precios paupérrimos. Todo lo ligado a la economía del conocimiento, y otras actividades promisorias e innovadoras son demasiado incipientes como para escalar en el corto plazo. La actividad ganadera poco a poco se va abriendo paso, al menos para un sector poblacional. El turismo del vino y la gastronomía van mostrando un horizonte que tracciona con fuerza, pero todavía no alcanzan para involucrar a toda una economía provincial que necesita incentivos y un ámbito nacional que le dé la posibilidad de proyectar a futuro.

Los instrumentos de política económica que tiene la Provincia son escasos, aunque tiene otros recursos que no se pueden desestimar. El diseño del presupuesto, la administración de sus finanzas, la política impositiva, el empuje a la obra pública, la inversión, los créditos del Fondo de Transformación, el ordenamiento del territorio, la promoción de los polos de desarrollo, el impulso al sector exportador, la innovación, la gestión estatal en todas las áreas, y el clima de negocios, entre tantos otros recursos, son resortes que hacen a la distinción de un estado provincial sobre el resto.

Sin embargo, a la posición desventajosa que tiene Mendoza en la distribución per cápita de los impuestos de la coparticipación, se suma la relación poco fluida entre los gobiernos provincial y nacional. Pocas veces ha sido tan explícita la mala onda, que se traduce en innumerables perjuicios para la provincia, lo que difícilmente se revierta en lo que resta de ambos mandatos.

Un país que no ayuda

Datos preliminares de consultoras privadas posicionan a la inflación de marzo por encima de la de febrero, que fue de 4.7%. La canasta de alimentos en febrero arrojó una cifra de 7,5% y para el mes que terminó se estima que tuvo algún alivio en frutas y verduras, no así en carnes, ni en otros productos de consumo popular. A los problemas domésticos en el control de la inflación se suma el contexto internacional de suba de precios de productos ligados al campo y a la energía.

La política energética ha llevado a una dependencia de las importaciones, lo que traerá aparejado previsibles faltantes de gas y de gasoil, además del impacto que ocasiona en las reservas por la escasez de divisas.

Entre los innumerables problemas políticos que supone la pelea en el Frente de Todos, el tema económico es crucial. El ministro Wado De Pedro admitió que las diferencias se trasladan a la forma de enfrentar la inflación. Mientras el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti encarna el pensamiento cristinista que sostiene que la mejor receta es el control de precios y el combate a los monopolios, Martín Guzmán y otros miembros del Gobierno piensan que el tema fiscal y la emisión tienen mayor incidencia. No obstante, no hay acciones ni de un lado ni del otro que estén atemperando la suba constante de precios, a pesar del ancla a determinadas variables.

Argentina ha pegado un rebote en 2021 tras la caída estrepitosa del año anterior, pero todavía estuvo 3% por debajo de 2018. Según datos publicados por la consultora LCG, el PBI per cápita equivale al que teníamos en 2005. Los indicadores señalan que prácticamente no hubo crecimiento de puestos de trabajo en el sector privado en los últimos diez años (0,5%) y que lo único que subió fue el empleo estatal en un 13%. Esta es una radiografía que muestra claramente una economía estancada a través de los años.

Los resultados de la EPH (Encuesta permanente de hogares) correspondientes al segundo semestre de 2021 sobre los 31 aglomerados urbanos del país, arrojan que 2.633.905 hogares se encuentran por debajo de la línea de pobreza, lo que incluye a 10.806.414 personas, de los cuales 2.384.106 son indigentes. Son cifras que deberían avergonzar y conmover al Gobierno y a toda la dirigencia política nacional.

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