Análisis y Opinión

La encerrona del PJ mendocino que sigue escuchando el mismo disco viejo y rayado

El peronista mendocino de a pie siempre percibió que no eran los intereses de Mendoza los que primaban en el PJ provincial sino los de Cristina Kirchner

No fue ningún antiperonista sino el gobernador Axel Kicillof quien les advirtió a los kirchneristas -incluidos, claro, los de Mendoza- aquello de que buena parte de la épica partidaria que los sigue agrupando sonaba a "disco viejo".

"Ya es hora de que el peronismo cambie de canción porque la que venimos escuchando y cantando ya quedó vieja y no atrae", dijo Kicillof en septiembre pasado ante un auditorio de jóvenes universitarios en La Plata. La Idea tuvo este agregado: "parecemos una de esas viejas bandas de rock que tocan siempre los mismos temas".

La sugerencia, pronunciada en la previa de las elecciones presidenciales de 2023, cayó como un patadón en la zona inguinal del kirchnerismo más duro. Dejó varias ronchas. Como si hiciera falta, Kicillof dijo también que "no todo es Pérón-Evita y Néstor-Cristina".

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Más que una advertencia lo de Kicillof fue una tardía respuesta a la "intervención" que se tuvo que comer cuando Cristina Kirchner lo obligó a designar al nunca bien ponderado Martín Insaurralde como jefe de Gabinete bonaerense para que cuidara de ciertos intereses poco claros. Tiempo después, Kicillof vio cómo las vueltas de la vida le servían en bandeja a ese oscuro personaje. Insaurralde se cayó solito arrastrado por el escándalo del yate "Bandido" en Marbella y destapó una olla maloliente que se analiza en las cocinas de la Justicia Penal.

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La casa no está en orden

En Mendoza el peronismo kirchnerista, que aún sigue conduciendo al PJ, prefirió no levantar la perdiz con eso del disco viejo y rayado ni muchos menos sumarse a polémicas en época electoral. Esa dirigencia ya se olía la hecatombe que se venía tanto en la provincia como en la Nación debido al vendaval llamado Javier Milei. El magro tercer puesto que obtuvieron en la Provincia -detrás de Cornejo y de De Marchi- fue la culminación de una experiencia que va a quedar como una de las peores de la historia del peronismo provincial.

Alguna vez la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti deberá admitir sus numerosos fracasos como presidenta del Partido Justicialista de Mendoza y hacer un sincero mea culpa. Con ella el PJ no ganó ninguna elección.

Su gestión se tradujo en un lento pero constante declive mientras el radicalismo obtenía tres gobernaciones seguidas en Mendoza. El peronista mendocino de a pie siempre percibió que no eran los intereses de Mendoza los que primaban en el partido sino los de Cristina Kirchner, respecto de la cual Sagasti actuaba como su lugarteniente.

Enfrascados

La impotencia de muchos intendentes peronistas que ganaban en sus territorios municipales, pero que veían pasar las derrotas del PJ a nivel provincial, sumado a que éstos jefes comunales no supieron o no quisieron cuestionar tanto fracaso, los llevó a enfrascarse en sus pequeños reinos sin siquiera animarse a presentar opciones para recuperar el partido. Ningún intendente, por ejemplo, quiso ser candidato a gobernador.

El PJ provincial, ahora en manos de la intendenta de Santa Rosa Flor Destéfanis, poco o nada ha podido hacer para revertir la caída. Una mezcla de falta de liderazgo, de escaso ascendiente sobre los afiliados y de exiguo historial político viene acompañando el accionar partidario de la ex reina vendimial de 2010.

A eso hay que sumar, primero, que la hoja de ruta del PJ provincial la han seguido manejando desde el Instituto Patria. Segundo, que la derrota del kirchnerismo, tanto en Mendoza como en la Nación, ha destemplado los ánimos de la dirigencia. Y a esa desorientación hay que sumarle la falta de renovación en el peronismo local. El cóctel parece intomable.

El kirchnerismo a nivel nacional ha creído encontrar en la refutación diaria a Javier MIlei una razón de ser que lo haga olvidar de esa mala praxis política que resultó el gobierno bifronte de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner.

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¿Hay señales?

En el caso de Mendoza hay algunos incipientes esbozos que muestran a sectores y dirigentes intentando levantar cabeza para volver a ganar el respeto de una parte de los votantes que le eran fieles. Pero eso es aún inorgánico

Por un lado están los intendentes no kirchneristas, con peso en sus territorios pero sin proyección provincial, lo que les impide articular un plan para recuperar el aparato partidario. Por otro lado, los kirchneristas a cargo del PJ, que apelan a la mística y al disco rayado y viejo del que hablaba Kicillof y que repiten eslóganes apolillados.

El diputado nacional Martín Aveiro, ex intendente de Tunuyán en tres ocasiones, intenta movilizar una tercera opción que comience a airear el edificio mental del peronismo, pero el eco recogido es muy menguado. Aveiro es un "cuadro" reconocido en el PJ pero de ahí a tener pasta de líder hay mucho trecho.

Quizás los aires renovadores empiecen a brotar por otros costados. El caso ocurrido en la Legislatura con la suspensión "por conducta indigna" de la diputada demarchista Janina Ortiz, mostró cómo un grupo de dirigentes del PJ decidió ir en contra de lo que se pedía desde la usina central del kirchnerismo, que era votar en contra de la suspensión de Ortiz para no transformar este caso en un punto a favor del gobernador Cornejo. Los peronistas que votaron por la suspensión dijeron que lo hicieron "leyendo" lo que manda "el sentido común de la ciudadanía".

El peronismo mendocino que tuvo una reconocida renovación partidaria entre 1987 y 1999, lo cual se tradujo en la obtención de tres gobernaciones consecutivas (Bordón, Gabrielli y Lafalla), debería repasar aquella experiencia no para repetirla igual sino para adecuarla a los tiempos que corren. No hay muchas más formas de salvar al peronismo provincial.

El PJ no va a volver a prender entre los habitantes de esta provincia si estos no se sienten identificados con un plan político que sepa traducir la singularidad de "lo mendocino". Decididamente, no va a ser el kirchnerismo el que le devuelva la vitalidad al peronismo provincial.

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