Análisis y opinión

El radical Luis Petri, la nueva derecha y cómo volver a consolidar un potente centro político

La mayoría de los argentinos le puso freno al populismo "de izquierda" que decía encarnar el kirchnerismo. Eso no quiere decir que vaya a aceptar un populismo de derecha

Luis Petri protagonizó el año pasado tres momentos claves que le modificaron la vida política. 1) Desafió al poder político de Alfredo Cornejo en la interna radical y no le fue nada mal: de cada diez votos emitidos, obtuvo cuatro. 2) Fue candidato a vicepresidente de Patricia Bullrich en la coalición Juntos por el Cambio y ahí le fue para el traste. 3) Lo nombraron ministro de Defensa en la presidencia de Javier Milei y eso parece haberle dado el relumbrón que buscaba.

En ese lapso también quedó fijado como un exponente de la nueva derecha argentina. En lo que va de 2024 ha consolidado esa posición política al punto de que ya no parece un radical estándar, sino una nueva versión de algo que aún no sabemos en qué va a decantar.

A ver: no es que este ministro se haya vuelto libertario de repente y que eso lo lleve a usar vestimentas militares en los actos que le toca cumplir como titular de Defensa (algo exagerado e innecesariamente cosplayer para el gusto clásico argentino) sino que parece haber encontrado en la gestión del actual Presidente un cauce para llevar a la práctica una serie de ideas antipopulistas que ya venía exponiendo desde el radicalismo como legislador nacional.

En la campaña electoral, cuando Juntos por el Cambio era todavía una posibilidad, Petri supo tener conceptos muy críticos contra el Milei candidato. Pero después, cuando sólo quedaron Massa y Milei para el balotaje, ya no tuvo dudas, era el "Loco" o una nueva versión del peronismo. Esos cuestionamientos desaparecieron tanto en él como en Bullrich quienes se jugaron de lleno por el libertario.

►►TE PUEDE INTERESAR: Mendoza ya es dueña del polo minero Pata Mora y prepara licitaciones por U$S200 millones

¿Ya no es radical?

¿Dejó de ser radical? El asegura que no, que lo suyo tiene que ver con estar a tono con muchas de las cosas que piensa la ciudadanía y, en particular, con el sentido común.

¿Qué cosas? Que no haya inflación, que no se malgasten los dineros públicos, que los malos políticos no roben, que el Estado no sea un festival de curros, que la actividad privada deje de ser mala palabra en el manual populista, que no se endiose a un Estado elefantiásico que termina por no hacer nada bien.

¿Qué más cree Petri que espera la gente? Que el kirchnerismo asuma que nunca se ocupó seriamente en sus cuatro presidencias de combatir la inseguridad bajo el argumento de que ese combate "es una idea de la derecha" que "estigmatiza a los pobres". Con similares argumentos el peronismo le escapó al bulto de la lucha contra el avance del narcotráfico.

Son muchas las cosas que el ciudadano de a pie se cansó de no poder entender, dice Petri. Baste como ejemplo la épica ladina que se ha hecho del clientelismo y del piqueterismo, fenómenos que le han dado existencia a los gerentes de la pobreza, una nueva clase de político que ha sabido monetizar con creces su know how militante. La figura de los intermediarios políticos que se quedan con un gran porcentaje de los fondos destinados a políticas sociales ha avergonzado al país.

luis petri alfredo cornejo.jpg
Alfredo Cornejo y Luis Petri.

Alfredo Cornejo y Luis Petri.

El hartazgo

Lo concreto es que una mayoría de argentinos se ha cansado del fracaso "nacional y popular". Son radicales, macristas, bullrichistas, libertarios, pero también peronistas, o gente que cayó en la pobreza luego de haber sido trabajosamente clase media baja. Son ciudadanos que quieren un país con menos verso populista (de izquierda kirchnerista) y con más realidades y efectividades de gestión.

Pero ¡ojo! Y aquí viene lo importante: tampoco pretenden populismo de derecha. Quieren normalidad, eficiencia, resultados, rigor con los dineros públicos. Han entendido, sin haber pasado por ninguna escuela de economía, que las naciones en las que hay posibilidades de progreso son las que tienen democracias liberales y republicanas, y en las quese privilegia un mix inteligente de mercado y estado, de libertad y responsabilidad social, donde la iniciativa privada es valorada, donde se respeta a rajatabla la libertad de expresión y la privacidad y donde la clase media sirve de contrapeso a los excesos y marca las principales líneas de acción política.

Los argentinos quieren trabajo genuino, en blanco. Quieren volver a tener la posibilidad de ahorrar. Pretenden mantener la idea de progresar. Quieren seguridad en sus barrios. Quieren que la droga no sea una fatalidad para sus hijos. Quieren que el Estado se ocupe de cosas importantes (salud, educación, seguridad) y que le den espacio a los privados, que no inventen nuevos impuestos todos los años para tapar la ineficiencia de gestión de buena parte de la política.

Y eso también es lo que han entendido políticos como Luis Petri y Alfredo Cornejo (cada uno a su manera y de acuerdos a sus responsabilidades políticas) que ven en Milei la oportunidad de volver a fijar como norte para el país un sendero liberal, de plena democracia republicana.

¿Milei es lo ideal para concretarlo? Muchos de los que apuestan a ese futuro liberal para la Argentina tienen más dudas que certezas porque el actual Presidente se ha presentado como un ultraliberal. Luis Petri o Patricia Bullrich se pueden mostrar más briosos o con tintes más duros porque forman parte de un gobierno que hace de eso una marca de fábrica, en cambio no pueden hacer lo mismo aquellos políticos o partidos que quieren acompañar desde posiciones menos fanáticas.

¿Y si vamos al centro?

Por eso es tan importante que las fuerzas políticas más consolidadas (el radicalismo, el peronismo no kirchnerista, las distintas corrientes del PRO, el schiarettismo y otros grupos provinciales) le den una contención crítica a Javier Milei. Primero porque fue elegido por el pueblo en elecciones libres, pero además porque esa moderación del entorno político serviría para afianzar la senda democrática liberal hasta que el actual oficialismo de La Libertad Avanza pueda mostrar un andamiaje político propio, algo de lo hoy que carece.

Esto que por comodidad ideológica llamamos la nueva derecha, tendría que ser llamado en realidad de otra manera. Porque a lo que apunta la gran mayoría de los argentinos es a ubicarse en un potente centro político con partidos o coaliciones. Son los que han entendido que ser liberal no es un estigma como nos inculcó primero el peronismo y luego el kirchnerismo.

Si la Argentina logra ubicarse en ese centro político podríamos quizás lograr eso que ocurre en los países más estables donde a un gobierno de centro derecha le sucede otro de centro izquierda, pero siempre pivoteando sobre un punto medio que actúa como árbitro de posiciones antagónicas.

►►TE PUEDE INTERESAR: Por la sequía Mendoza extendió el estado de emergencia para el sector ganadero y apícola

Temas relacionados: