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Análisis y opinión

La deuda argentina y políticos en deuda

El país debe afrontar pagos asfixiantes en breve al Fondo Monetario Internacional, lo que genera grietas entre el gobierno y la oposición, y al interior del Frente de Todos

La participación de Alberto Fernández en el G20 estuvo atravesada por el tema de la deuda que aspira a renegociar con el FMI, con vencimientos de 19.341 millones de dólares el año próximo y otro tanto en 2023.

Lo que busca básicamente es una consideración del organismo de la sobretasa, mayores plazos de pago, y hasta una quita del monto a afrontar. En la cumbre de los líderes mundiales en Roma, combinó la situación de la deuda con la lucha contra el cambio climático.

En concreto, lo que planteó Fernández es "canjear deuda externa por acción climática". También reclamó financiamiento para la inversión en tecnologías limpias como política global en el marco de un multilateralismo ambiental.

"La justicia ambiental requiere justicia financiera global. Sin financiamiento sostenible no habrá desarrollo sostenible", remarcó Alberto Fernández. Y no se privó de apuntar a Mauricio Macri al recordar que la deuda fue heredada y representa "un claro ejemplo de lo que está mal".

El tema del cambio climático tendrá otro capítulo en la cumbre de Glasgow, y será una nueva oportunidad para la comitiva argentina de sentar su posición frente a las negociaciones con el Fondo.

La tarea persuasiva del Presidente y del ministro Martín Guzmán se extendió a reuniones con la comprensiva, aunque debilitada, titular del FMI, Kristalina Giorgeva, y la líder alemana Angela Merkel.

Antes de partir hacia Europa, Alberto había dicho que Argentina "no se va a arrodillar ante el Fondo" y pidió que el organismo se "haga cargo del daño que ha hecho", en declaraciones que no son otra cosa que fuegos de artificio para la tribuna cristinista más radicalizada, que milita la ruptura con el FMI y denuncia a la par a Macri, quien contrajo la deuda en 2018.

Como caballito de batalla electoral, también el ex presidente dijo lo suyo: "Si ganábamos la elección, arreglábamos la deuda con el Fondo en cinco minutos", lanzó en el programa que conduce Juana Viale.

Allí dijo que los mercados internacionales tenían miedo del regreso del kirchnerismo y por eso él tuvo que recurrir al organismo de crédito multilateral. "El Fondo nos dio 50 mil millones de dólares. Con eso reemplazamos la deuda que ya teníamos, gran parte de la que habían tomado gobiernos anteriores y la que habíamos tomado nosotros que los mercados no querían refinanciar. Los del Fondo no están apurados por cobrar, pero quieren que les digamos cuál es el plan", disparó.

Más allá del fuego cruzado en varias direcciones, al menos Alberto Fernández se lleva una declaración positiva de Giorgieva después de la reunión que mantuvieron en Roma, quien señaló que los "dos equipos van a reunirse y van a revisar cuidadosamente lo que debe hacerse". La revisión de la sobretasa que compromete a Argentina es una posibilidad. Pero sobre un acuerdo próximo nada está dicho.

Al ritmo del billete verde

Aunque en algún punto se observe como un problema de la política, el ciudadano de a pie percibe todo el ruido que produce en los mercados el asunto de la deuda irresuelta. Ponerse al día con el acreedor sería todo un sacrificio pero no acordar también llevará a otra crisis de proporciones, se advierte.

En los últimos días se acrecentó la demanda del dólar ahorro, el blue llegó a tocar los 200 pesos y el Banco Central sacrificó la última jornada 290 millones de dólares de sus reservas para contener la demanda.

Los especialistas del mercado anticipan que previo a las elecciones legislativas podría haber mayores presiones del tipo de cambio, no obstante el Central termina el mes con un saldo positivo de 207 millones de dólares.

El run run de los grandes operadores también llega hasta los pequeños ahorristas que buscan atesorar en dólares por la desconfianza en el peso. De un modo u otro, todo va contribuyendo a la devaluación no deseada porque se traduce en más pobreza.

En un contexto internacional complejo, que agrava la situación argentina, Alberto Fernández pide en la Cumbre de Roma un nuevo paradigma financiero internacional y, puntualmente, que los países ricos donen sus Derechos Especiales de Giro para apuntalar el desarrollo de los más pobres, y no para engrosar las reservas de los estados que no las necesitan.

Remarcó, en ese sentido, que el objetivo del Desarrollo Sostenible es "poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, y promover la agricultura sostenible".

Un propósito que resulta plausible, pero que su no concreción en nuestro país no puede atribuirse enteramente a la esfera internacional. Argentina tiene los recursos para sobreponerse a la realidad de pobreza, aunque ha quedado estancada por políticas domésticas erráticas.

Lo que hace falta también, además de lo que plantea el Presidente en los foros internaciones, es un cambio de paradigma fronteras adentro, que aporte un nuevo sentido del poder legitimado por el pueblo y una visión más elevada de la política con la concurrencia de las principales fuerzas.

Asignatura que queda pendiente para después de las elecciones y que la realidad va a reclamar para afianzar las verdaderas prioridades de la población, que no siempre son las de la dirigencia.