Análisis y Opinión

Juramentos alocados en el Congreso o la decadencia de votar por el honor

Hubo diputados que juraron por Maradona, por la cannabis, por la Santa Federación o por la "gloriosa jotapé". La payasada de la semana

Hoy un juramento, mañana una traición. La payasada política de la semana estuvo centrada en los juramentos que usaron algunos de los nuevos diputados nacionales durante el recambio de bancas en el Congreso nacional y en la Legislatura porteña.

Que a esta altura de los tiempos alguien pueda jurar "por la gloriosa jotapé" o por "la Santa Federación" de Rosas, en lugar de hacerlo "por la patria", "por mi honor", o "por la Constitución", como marcan los reglamentos internos de los poderes legislativos, es una señal potente de ciertos desatinos inherentes a la argentinidad berreta y a una política adicta al eslogan y al lado oscuro de las redes sociales.

Veamos

La kirchnerista Berenice Iañez, juró ante sus pares porteños asegurando que lo suyo como legisladora iba a ser la "lealtad absoluta a Cristina". Para ella, nada de patria y honor: sólo sujeción a la líder. Esta misma representante popular reivindicó "la gloriosa Juventud Peronista" muchos de cuyos componentes pasaron a la clandestinidad, eligieron la violencia y desconocieron la institucionalidad. Como broche de oro juró por Diego Maradona suponemos que en una versión desodorizada que excluye al Diego machista y violento.

"Por los trabajadores que se organizan para terminar con la barbarie capitalista", fue uno de los varios juramentos de Myriam Bregman, del Frente de Izquierda. La legisladora, como es habitual, se olvidó de los millones de trabajadores que sufrieron bajo las dictaduras comunistas. La "barbarie capitalista y liberal" es la que le permite a Bregman ser diputada nacional en elecciones libres y no elegida a dedo por 20 sátrapas del comité central del Partido Comunista.

Ana Carolina Gaillard, peronista de Entre Ríos, juró como diputada nacional bajo la advocación de la marihuana y para que finalice la persecución penal contra los que plantan cannabis. ¿No hubiera sido más conveniente que esperara a asumir y presentara un proyecto de ley?

Del Caño, obispo

El trotskista y ex mendocino por adopción Nicolás del Caño, ahora devenido bonaerense, juró que iba a trabajar "para echar al FMI de la Argentina y para desconocer la deuda fraudulenta". Si bien Del Caño sigue siendo flaco, llamó la atención la panza de obispo bien alimentado que exhibió al jurar.

Romina del Plá, socia de Del Caño, juró por los cien años de las huelgas en la Patagonia, y Ramiro Vilca, del mismo grupo, lo hizo "por la rebelión de los oprimidos contra el sistema capitalista". Como contrapeso a los legisladores de izquierda, una de las representantes de La Libertad Avanza, Victoria Villarruel, hizo un balanceo ideológico al jurar su cargo en nombre de "las víctimas del terrorismo".

Sin desconocer que el radical Fernando Iglesias suele ser un desbocado, hay que admitir que ahora al asumir por un nuevo período como diputado de Juntos por el Cambio estuvo más sensato. Luego de escuchar el espiche juratorio de Bregman, bregó "para que demos el ejemplo respetando la Constitución, las leyes y la fórmula de juramento establecida por el reglamento interno de la Cámara".

Con respecto al electo diputado Martín Tetaz, de Juntos por el Cambio, no hizo un juramento ridículo, pero en cambio se apareció al acto de jura con una de esa remeras con eslóganes que usó durante toda la campaña. Economista y periodista, Tetaz que fue en su labor en los medios un comentarista que parecía serio, debería volver a considerar la importancia del don de ubicuidad.

La sorpresa

La jovencísima, kirchnerista y siempre mediática Ofelia Fernández, quien ya es "una experta" en la Legislatura porteña (asumió a los 19 años y tiene 21), esperó que los nuevos legisladores juraran y pidió una cuestión de privilegio para denunciar los ataques descalificadores contra su persona que viene recibiendo en las redes sociales de parte de seguidores de Milei, en particular de uno de los nuevos diputados que asumió esta semana, Leonardo Seifert. El aludido tuvo que responder, pidió disculpas, y dijo que esos tuits eran de tiempo atrás "cuando no tenía responsabilidad política".

El rapto de sensatez mayor fue cuando "la piba" les recordó a los libertarios que “la Legislatura no es Twitter” y que en ese lugar “hay reglas de convivencia”. Se podrá discrepar en muchas cosas con Ofelia, pero en ésta estuvo bien.

Es muy importante que ella, que saltó de la dirigencia estudiantil combativa en la secundaria a un cargo de diputada haya entendido que "la Legislatura no es Twitter". Es decir, que no es una joda como la que hicieron algunos de los nuevos diputados al transformar su juramento en una performance para florear su aparatoso runrún ideológico.

El Congreso es mucho más que un comité. Y un legislador es un representante del pueblo que tiene una responsabilidad que no siempre comprende.

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