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Juan Corvalán responde: ¿sueñan los humanos con matrimonios eléctricos?

Juan Corvalán es el director del Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Buenos Aires (UBA)

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, se preguntaba, a fines de los sesenta, Philip K. Dick desde el título de una de sus novelas más renombradas; novela que alcanzaría alturas míticas cuando sirvió de inspiración para la película Blade Runner.

Hoy, a esta altura de la civilización, no sabemos aún, a ciencia cierta, con qué sueñan los predecibles androides.

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Sí sabemos, no obstante, a esta altura, que los impredecibles humanos sí sueñan con apareamientos eléctricos; sueñan con noviazgos robóticos, con matrimonios computacionales.

¿Estaremos perdiendo el rumbo? ¿Enloqueciendo?

¿Comienza la era del mundo poshumano?

Lo real y concreto es que, hoy por hoy, “ya hay iniciativas para darles derechos a las máquinas y que, incluso, puedas contraer matrimonio con ellas. O sea, se está trabajando el concepto de que el robot debe tener derechos”, nos ilumina Juan Corvalán, director del Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la UBA.

Un acaecimiento que nos motiva a impulsar nuestra atención hacia adelante, a levantar la vista de la pedestre realidad argentina, cuando menos en lo político.

Le sucedió al gobernador Rodolfo Suarez que, abrumado por otro oscuro capítulo en torno a los derechos federales tras la decisión unilateral del Presidente de afectar los recursos coparticipables de la Capital Federal, pudo poner su interés en otro lado.

El jueves, Rody se jactó, a través de su cuenta de Twitter: “En el marco del Foro Mendoza Tec 2020, comparto con ustedes el anuncio de un Paquete Tecnológico de tres leyes que enviaremos a la Legislatura para potenciar aún más el esfuerzo público-privado, generando empleo privado de calidad e incrementando las exportaciones de Mendoza”.

Es el marco de la llamada Ley de Economía del Conocimiento. Se busca fomentar el software. Los servicios informáticos y audiovisuales. Ponerle músculo y dedicación a la “economía naranja”.

Un momento increíble

La iniciativa del Gobernador apunta en la dirección indicada, si nos atenemos al rumbo que está tomando este siglo.

Pero, ¿contaremos con las herramientas idóneas? ¿Con el país enfocado hacia el mismo punto de desarrollo?

“Es increíble la época que estamos viviendo”, grafica el doctor Corvalán.

De inmediato, da un ejemplo de cómo se está configurando el ajedrez planetario, donde campean los cuatro gigantes tecnológicos, Amazon, Google, Apple y Facebook: “Dinamarca considera que esas cuatro empresas ya son más poderosas que países. Por lo tanto, entendió que necesitaba contar con un embajador para hablar con cada una de ellas”.

Empresas que se mueven, en el tablero, con la envergadura y la representatividad de países.

Argentina, mientras tanto, tiene a su pieza más destacada, Mercado Libre, contra las cuerdas. Su fundador y CEO, Marcos Galperin, se fue a vivir a Uruguay. Otra vez.

De vuelta la pregunta: ¿estamos en el momento y en el lugar indicados como para abonar el entusiasmo de Rody Suarez?

Nuestro cerebro en la computadora

Pelea en el barro por la coparticipación o duelo entre los Moyano y Grabois contra Galperin aparte, lo cierto es que el deslumbrante y aterrador siglo XXI no se va a quedar esperándonos.

“Sí, el mundo de la ciencia es muy impresionante”, vuelve a avisarnos Juan Corvalán en un diálogo con el programa Primeras Voces por Radio Nihuil.

A ese mundo impresionante lo empujan mentes brillantes -¿y afiebradas?- como la del magnate Elon Musk.

Corvalán dibuja el escenario de fantaciencia: “Imaginate que Musk, que es el dueño de los autos eléctricos (Tesla), en un período de un mes y medio nos manda en un viaje espacial a otro planeta y a su vez trata de ponernos un chip en el cerebro. La misma persona. ¡Todo junto!”.

Musk, mediante su tecnología Neuralink, apunta a conectar el cerebro humano a una computadora.

Se trata de un chip del tamaño de una moneda, que por ahora ha sido probado en un cerdo, nos explica Corvalán. El planteo básico es que, frente a enfermedades del tipo mental cognitiva como la esquizofrenia o, digamos, la epilepsia, a través de descargas eléctricas se pueda mejorar la respuesta cerebral.

“Pero la idea de Musk es que, a partir de esto, en un punto, dentro de cinco o seis años, en el mejor de los casos, en diez años, no tengamos siquiera que hablar; o sea, que el chip interprete lo que nosotros decimos”, redondea Corvalán.

En concreto: la telepatía. “El objetivo de Musk es volvernos Funes el Memorioso y telepáticos”.

La pervivencia de Borges en el nuevo siglo.

IA, Maxtrix: si no puedes contra ellas, úneteles

En materia práctica, “Musk está tratando de hacer que nuestro cerebro se recargue como un celular”.

En materia filosófica, el enfoque de Musk es: “Como la inteligencia artificial es mucho más que nosotros; y va a seguir siendo mucho más que nosotros; entonces, si no puedes contra ella, únetele”, interpreta Corvalán.

Y añade: “En un punto vamos a ser como en Matrix: si yo quiero saber algo, a través de un chip puedo descargar un programa y saberlo”.

Hay, claro, un escepticismo latinoamericano, porque en nuestros países las innovaciones tardan más en llegar, admite el profesor de la UBA y de la Universidad Austral. “Nos decimos: esto yo no lo creo, no puede ser, el ser humano es único. Pero los avances son cada vez más sorprendentes e impensados. Por eso la innovación suele asustar: porque cada vez va más rápido”.

Ya somos Ciborg

Los libros, las películas y las series ya lo vieron: se aproxima el momento de aparearnos con las máquinas, con la tecnología.

Filmes como Ella (Her), con Joaquin Phoenix y Scarlett Johansson; o Ex Machina, de Alex Garland; o series como la sueca Real Humans, entre muchos otros títulos, están ahí, frente a nuestras narices, para testimoniarlo.

¿Cuánto falta, entonces, para que terminemos noviando con un androide o un programa de computación?

“Falta poco”, asevera Corvalán con una rotundidad que asusta. “De hecho, en Japón y en algunos otros países ya hay personas que se han casado con robots”.

Puede sonar, así nomás, alucinado o lisérgico. Pero Corvalán lo baja a tierra, a nuestra cotidianeidad: “¿Vieron que hay gente que dice que ama más a su auto que a otras personas? Si ocurre eso con un auto, imagínense, ¿cómo no vamos a amar a un robot o a una mujer que es robótica y que nos habla y que quizá nos escucha?”.

Completa su metáfora con un autor, Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google y quien le inventó el teclado a Steve Wonder. “Dice: nosotros, como humanos, de alguna forma, nos terminamos encariñando con las máquinas. Por lo que concluye: cuando estén los robots funcionando, nos vamos terminar encariñando con ellos, porque, además, el robot, es como el auto. El auto no se te enoja”.

Otra edad de la humanidad.

No hace tanto, nuestros antepasados eran cazadores-recolectores. Apenas ayer, en el transcurrir del Universo. Pero ya no vivimos de eso. “Hoy en día somos muy ciborgs, diría Elon Musk”.

Corvalán finaliza con otra apelación a la pantalla. Esta vez a Devs, actualmente en la grilla de Fox.

“La serie muestra que lo que se viene ahora es una carrera entre los países: la batalla por la computación cuántica. Por un lado, está el 5G y, por el otro, la computación cuántica. Esto nos va a llevar a otro estadio. En definitiva, es el mundo de la innovación, que va por muchas cosas”.

Allá, por los albores de los años sesenta, Los Supersónicos nos parecía una fábula imposible de alcanzar. Hoy la evocamos con la misma nostalgia que a la Edad Media.