Diario Uno > Opinión > Inés Arteta

Inés Arteta: "Lilit es la primera mujer creada y la primera feminista"

La escritora, historiadora y docente Inés Arteta es autora de La otra mitad del universo, obra imperdible sobre el milenario desplazamiento de la mujer. También aludió a sus recuerdos familiares en Mendoza con Casa Arteta

Inés Arteta apeló a sus dotes de historiadora para indagar en las raíces mismas de la cultura occidental que perviven y siguen dando frutos en el libro de los libros.

Fue hasta la fuente original, hasta el Génesis bíblico, para preguntarse acerca del milenario desplazamiento de la mujer en nuestra civilización. Su respuesta, se explicación más emotiva y racional a la vez, se concentra en la figura mitológica de Lilit, la primera mujer, la antecesora de Eva, misteriosamente ausente de los libros sagrados, aquellos que componen el canon fundacional.

Te puede interesar...

Es lícito considerar a Lilit la primera feminista. Lo mismo le cabría a Betsabé, posible autora del relato de su vida y de su rebelión que la transformaron en un símbolo demoníaco.

La otra mitad del universo cuenta, en versión novelada, las peripecias de esta profunda indagación.

Para Arteta resultó muy emotivo hablar con el equipo de La Conversación (Paula Jalil, Esteban Tablón y Federico Lancia), a través de Radio Nihuil, una radio de Mendoza, provincia por la que siente un particular afecto, enlazado a una emblemática firma comercial de nuestro medio. Dijo, en un momento de la nota: “Se me hizo un nudo en la garganta cuando mencionaron la Casa Arteta y a mi padre (Ramón Carlos Arteta), que murió hace poco”.

-Qué potente la historia de La otra mitad del universo. ¿Cómo la fuiste urdiendo?

-La investigación me llevó como seis años. Tuve dos versiones anteriores.

-¿Cómo fue el trayecto de esos seis años?

-Fue bastante parecida a la de la protagonista de la novela. Yo estaba investigando sobre Lilit y sobre los textos bíblicos. Había leído, dos veces, El libro de J, de Harold Bloom, donde cuenta que la autora de uno de los libros del Génesis podría haber sido una mujer. Estaba fascinada con todo eso y justo mi madre me entregó una postal que había pertenecido a mi abuela. Ella se llamaba como yo, pero en inglés, Agnes.

-Claro. Una situación muy parecida a la de tu libro. ¿Qué te llamó la atención de la postal de la abuela?

-Me llamó muchísimo la atención que la hubieran guardado tanto tiempo. Y como la imagen de esa postal era la de una mujer muy fuerte y tan parecida a Lilit, yo me pregunté por qué mi abuela tenía eso.

-La protagonista de tu relato tiene en su abuela un motor fundamental. ¿En tu caso cómo fue?

-Mi abuela me generaba mucho misterio y yo proyecté en ella toda la necesidad de un referente femenino distinto a los de mi entorno.

-¿Por qué? ¿Cómo era tu entorno?

-Eran todos muy conservadores. Entonces, cuando era adolescente, la fui inventando a mi abuela. Y mientras investigaba me fui preguntando quién había sido ella y llegué a la conclusión de que había sido una mujer mucho más conservadora de lo que yo pensaba. Pero, bueno, en la novela la llevé a que fuera un poco más libre.

-Tan libre casi hasta llegar a ser una maga, una bruja.

-¿La abuela de Luisa, una bruja?

-Sí, porque tiene manifestaciones muy fuertes ante el abuelo, unas risotadas que te ponen los pelos de punta.

-Me encanta lo que pasa con ellas. Dicen de las mujeres fuertes que son casi malignas. Y me llama la atención que en el año 2021 sigamos considerando que si una mujer es fuerte pueda llegar a ser maligna o bruja o que tenga poderes. Porque no diríamos nunca eso de un hombre fuerte, necesariamente.

-En lo que a nosotros respecta, hemos usado esa calificación de malignidad de un modo positivo, porque coincidimos, incluyendo a las mujeres de nuestro equipo, que las “malas”, tanto en series como en películas, suelen tener una intensidad, una energía, superior; incluso destilan un mayor erotismo.

-Sí. Y yo creo que el erotismo, históricamente, también era una fuente de miedo para los hombres. Una mujer con erotismo era alguien que intimidaba. Podía tener unos conocimientos que llevaban a tratar de dejarla más dócil.

-En forma coincidente a la lectura de tu libro, hemos visto la película, distinguida con cinco premios Goya, hecha por un mendocino, Akelarre, donde unas chicas, durante la Inquisición española, en la zona vasca, son acusadas de brujas simplemente porque bailan en el bosque.

-¡Qué bien que haya sido de un mendocino! ¡Qué nostalgia me produce Mendoza! La tonada de Paula (Jalil) me mata.

-¿Cuál es tu historia con Mendoza?

-Tengo primas allí. Además, ¿se acuerdan de Casa Arteta?

-¡Claro! Todo un ícono de Mendoza, parte entrañable de la historia de nuestra ciudad.

-Era de mi bisabuelo y de mi abuelo; y mi padre viajaba siempre a la sucursal de Mendoza. Se fundió. Le tocó a él ese momento. Fue muy duro.

-¿Y cuál es la nostalgia que te produce?

-De mi infancia. De acompañar a mi padre a Mendoza. O que él volviera y me trajera cuentos de allá… y la tonada de mis primas.

-Volviendo a Lilit, ¿ella fue la primera mujer feminista, la primera que reclamó la igualdad de derechos? ¿Y por qué no se habla normalmente de ella, pero sí de Eva?

-Ahí hay varias preguntas. Tengamos en cuenta que se trata de un mito, el de la Creación. En el caso de Eva, ese mito prosperó y está en el canon. Se sacralizó. O sea, que es un mito sagrado que tiene muchísima connotación; para todos, cultural; para muchos, religiosa. En Argentina esto es muy fuerte.

-¿Y dónde cabe Lilit?

-El caso de Lilit está en la tradición hebrea y fue anterior al momento de conformación del canon. Ningún texto sobre ella quedó incluido.

-¿A qué se debe?

-No sabemos si se perdió o qué otra cosa sucedió. Pero sí sabemos que, en la época Medieval o un poco antes, incluso, cuando los cabalistas recuperan textos de la religión judía, uno de ellos escribe el relativo a las posiciones que figura en mi libro.

-Claro, donde se cuenta que Lilit se negó a tener relaciones sexuales con Adán, porque él la obligaba a permanecer debajo. Ella quería ubicarse arriba para estar más cerca de Dios. ¿Pero recupera un texto anterior o es fruto de su imaginación ese pasaje?

-Él, cuando escribe, tiene a su disposición material oral o escrito. Pero no sabemos si utiliza algo que ya estaba escrito, porque la autoría a los cabalistas no les importa, o si está escribiendo algo nuevo para hacer reír a la gente. Convengamos que tiene mucho de cómico eso de: tu cola es más redonda, así que es mejor que esté contra la tierra para la posición sexual. Pero volviendo al origen de la pregunta: sí, Lilit, sin duda, es la primera mujer creada y la primera feminista.

-Ahora bien, durante todo el libro el protagonismo de Lilit es innegable, pero podríamos decir que resulta casi más importante, en el fondo, Betsabé, la posible J, la relatora del Génesis, porque es un personaje más tangible.

-Me encanta que me hayas preguntado eso. Nadie me lo había dicho antes. Volviendo a relacionarlo con las mujeres fuertes/malas/brujas, Betsabé sí perdura en los textos sagradas. Y ella, que es la madre de Salomón, junto a David pecó de una manera nada bien vista dentro de lo que son los códigos religiosos, los códigos de la Biblia.

-Lo que sucede es que a Betsabé la buscó un rey. ¿Cómo se hace para decirle que no a un rey, más en aquella época?

-Pero después Dios castiga a David por haber mandado al muere al marido de Betsabé, más que nada para salvar el pecado, pues ella estaba embarazada. Es bastante tremendo todo eso. Puede ser, de todas maneras, que fuera difícil decirle que no a un rey. ¡Pero ella estaba bailando arriba de una azotea cuando David la ve! Eso es bien Lilit.

-Ahí entendés porqué después los inquisidores consideraban pecado el baile y productor de trastornos mentales.

-¡Trastornos políticos! (risas)

-Sí, de todo tipo. La guerra de Troya empezó por cuestiones similares.

-Es muy simbólico el lugar que le toca a la mujer. No podía conducir la guerra, pero sí provocarla.

-Un oyente nos apunta que Lilit aparece en un relato de Anaïs Nin, pero como una prostituta empoderada, algo sádica, que prefiere a las mujeres como acompañantes.

-Es bellísimo eso. También mencionaba el Ulises de Joyce. Es más o menos el tiempo en que Virginia Wolf escribió Un cuarto propio. Una época en donde, en el ideal, en las representaciones, las mujeres son malísimas, es decir, prostitutas, brujas, malditas; o son santas, inmaculadas, vírgenes. Una cuestión muy polarizada.

-Hay una frase, en tu novela, que dice que los hombres, casi siempre, son predecibles, mientras que a nosotros las mujeres nos resultan inescrutables. Y agrega, la protagonista: “Lo que pasa es que el cerebro erótico de las mujeres está lleno de sorpresas”. Contanos un poco de eso.

-Lo que interesa, ahí, es que ella con su marido tiene una relación donde no se profundiza. Le parece que él se pierde dentro de los recovecos de su mente y entonces prefiere mantenerlo fuera de todas esas profundidades en las cuales ella no tiene miedo de entrar. Ella nota que su marido sí tiene miedo de lo que pueda llegar a pensar. Además, la protagonista es muy desfachatada. O libre.

-Pero no tan relajadamente…

-Claro. A ella le cuesta. Al principio del libro, en un momento de crisis, está tratando de entender en qué momento de su vida convino con su marido que su carrera iba a ser más importante que la de ella. En qué momento ella se colocó en un lugar más doméstico. Por lo tanto, no es libre desde el principio. Está usando a Lilit como una soga de la que sujetarse para poder sentir una liberación, sobre todo mental.

-O sea, nos situamos en un lugar más simbólico.

-Todo esto son representaciones culturales cuando hablamos del patriarcado o del machismo.

-¿Cómo se investigan las fuentes religiosas, los textos arcaicos? Debe ser un proceso bastante arduo, ¿no?

-Sí. A mí me fascina. Y estoy agradecida de haber estudiado Historia en vez de Letras, porque es como tener un hilo que te va llevando cada vez más hacia atrás, hacia la profundidad.

-¿Y cómo te manejaste en este caso puntual de la historia bíblica?

-Me asistí con expertos que me ayudaran a cotejar las fuentes.

-¿Cuáles, por ejemplo?

-Consulté a sacerdotes y rabinos. También está mi investigación basada en el Seminario Rabínico. Pero, después, el trabajo fue leer. De un libro vas al otro. Consultando las referencias, las bibliografías, siempre encontrás algo que se relaciona de manera más específica con tu búsqueda. ¡Hubo un momento en que tenía como 30 libros sobre todo esto! Sobre la Cábala estudié muchísimo porque me resultaba importante. Lo mismo con la Shoá en Serbia o con los campos de desplazados adonde va el personaje histórico de la novela. Por eso me llevó tanto tiempo.

-Hay un gran modelo discriminador de la mujer. ¿A qué atribuís como historiadora que esto quedara tan marcado en Occidente, mientras que, en Oriente, en el sintoísmo, por ejemplo, la mujer tiene un valor de maternidad, de fertilidad, de importancia en la sociedad? ¿Cómo fue que caímos en esto?

-Seis años de investigaciones fueron destinados a responder esa pregunta, porque, si bien en otras culturas el hombre ha tenido un lugar preponderante, en mi caso me cuestionaba si estas representaciones culturales no tienen que ver con la religión judeo-cristiana. Por eso fui a buscar al texto, al libro número uno de nuestra cultura; al principal y más antiguo, para ver qué había ahí de esta organización de la sociedad.

-¿Y qué encontraste?

-Quiero decirlo con la mayor humildad posible, porque hay muchas respuestas para esto. Por ejemplo, una, muy seria, es que se produjo con la revolución agraria. Entonces, dejando el sedentarismo, el hombre tenía que salir a trabajar la tierra y defender la casa, mientras que la mujer tenía que cuidarla, quedarse allí.

-¿Cómo se trasladó esto al capítulo religioso?

-Yendo a lo que me interesó a mí de estos textos que se sacralizaron y fundaron nuestra cultura occidental, es que fue el momento en que los hebreos dijeron: estos van a ser nuestros libros, los que nos van a representar, los que van a hablar de nuestra identidad.

-¿Qué momento histórico estamos hablando?

-De cuando ellos vuelven del exilio persa y necesitan crear un estado autoritario, vertical, que resistiera todo lo que les había pasado en los siglos anteriores. Entonces eligieron textos que mostraran este tipo de organización, con un líder al que hay que respetar y los demás deben obedecer.

-¿Por eso borran a Lilit de los textos primigenios?

-No sé si la borran. No la eligen, más bien. Ese texto no sirve para el mensaje que quieren conformar los sacerdotes. Y hay una cuestión todavía más importante. Una vez que están fijados los textos, se trata de cómo se leen y cómo se enseñan. Quizá podría haber perdurado uno sobre Lilit.

-Interesante. Porque un lector también es creador de sentido.

-Eva fue la culpable de todos los males porque quiso el conocimiento, pues de eso se trata el fruto del árbol perdido. Ella quería conocer, saber qué le iba a pasar en la mayor medida posible. Se la maldice a raíz de ese deseo que tuvo. Ahora bien, si leemos el texto tal como fue escrito y bien traducido, probablemente no sea ella sola la culpable, sino que sean los dos quienes estén escuchando la voz de la serpiente que los tienta.

-Una culpa compartida…

-Claro. Quizá no es ella sola la que resulta tan rebelde. Y nos perdemos toda la ironía que tuvo el escritor o escritora de ese texto.

-Pasemos desde el Génesis a nuestros días. ¿Cuál es el rol de la mujer en la religión? ¿Sigue atrasando o tiene una participación más progresista?

-Yo provengo de una familia muy religiosa, católica. Mi madre era de misa diaria. Incluso yo estudié catequesis. Estudié para saber si decidía ser atea o continuaba con la religión que me había tocado. Me parecía que el agnosticismo era un lugar más vago. Y, sin embargo, ahora me considero agnóstica.

-O sea que la religión no te satisfizo.

-A las religiones, hoy en día, les está costando muchísimo conseguir adeptos. No veo a la juventud impregnada de religión como antes. Si el catolicismo sigue siendo esta organización en la cual todos los sacerdotes son varones, con el Papa varón, las mujeres quedan bastante afuera. Ahora bien, se continúa valorizando ahí a la familia y a la mujer. Es lo que creo. Pero como no estoy tan adentro de la religión no quisiera que mi comentario fuera decididamente peyorativo. Ni puedo decir que atrasa porque quizá haya hoy religiones que se han aggiornado un poco.

-¿Por qué lado buscarías, en caso de necesidad?

-La religión judía me pareció que permitía más libertad. Pero, si tuviera necesidad de contacto con lo divino, como religión es religare (religar, atar fuertemente), buscaría aquella que me una de un modo que me permita mi lugar, mi libertad mental y, como dije, que me conecte con la divinidad, pero no me obligue a una conducta o a un lugar.

-Pregunta para cerrar el círculo: vos te metiste a fondo con la tradición rabínica, con la Cábala y la Torá, pero no pertenecés a ese culto ni a la comunidad. ¿Qué te han dicho los especialistas del tema?

-Tuve la alegría de recibir un agradecimiento y una felicitación de alguien que maneja las redes del Seminario Rabínico. Me alegró muchísimo porque, como soy goy, necesitaba tratar esto con mucho respeto. Ellos -todos varones- me dieron una recepción buenísima, me escucharon distintos rabinos. Hubo algunos más conservadores que quisieron alejarme de mi búsqueda porque les parecía que Lilit era solamente un demonio. Pero la persona que me dijo “seguí tu pasión” fue Marshall Meyer, el fundador del Seminario Rabínico, justo dos meses antes de que él enfermara y muriera.

-¿Cómo te impactó eso?

-Fue fascinante porque yo estaba muy trabada y él me dio verdaderamente un empoderamiento. Me dijo: “¿Esa es tu pasión? ¡Seguí para adelante! ¿Qué importa lo que vayás a hacer después?".