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Análisis y opinión

Horacio Minotti: "Cuando esté claro que diez tipos gobiernan el mundo, se arma el despelote"

Director de contenidos en Radio Continental, el escritor periodista y abogado Horacio Minotti, explica cómo debe manejarse un rumor

Las noticias falsas, la mentira, el rumor, nos acompañan, social y personalmente, desde los albores de la humanidad. Pero en los actuales tiempos hipermediáticos, bajo el imperio de las redes sociales y la vida en Zoom a la que nos arrojó la pandemia, estos intercambios equívocos alcanzaron su cota máxima.

Están en su punto de hervor.

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Las fake news (así, en inglés) están de moda. Como el bulo (así, en español). O los trolls.

En esta realidad candente se mete Horacio Minotti con La verdad sobrevalorada, un volumen breve, pero de gran condensación en materia de ideas y de consejos para no perderse en la bruma virtual.

Le llama, también, a su libro, Manual de control y manejo de rumores.

Excelente manera de resumir su trabajo. Porque el fenómeno está aquí. No se irá. Seguirá en aumento. Por lo tanto, señala que “lo importante no es generar el rumor sino conducirlo, aprender a convivir con el daño que puede causarnos y con los beneficios que nos ha de traer”.

El intercambio se desarrolla entre nativos radiales. Porque Minotti es director de contenidos de la web de Radio Continental y dialoga con los integrantes del programa La Conversación de Radio Nihuil.

-Según se lee en tu libro, los líderes están perdiendo credibilidad en el mundo entero, sobre todo con la pandemia que afectó, incluso, a los científicos. ¿Cómo hace, hoy, un conductor en Argentina, ya sea el Presidente o algún gobernador, para bajar línea y que la gente lo siga?

-No pueden bajarle línea a la gente. Sobre todo, desde el lugar de autoridad en que intentan hacerlo. Si la gente no sale es porque está convencida de que no conviene salir. Y no está convencida por los líderes. Lo está porque tiene vecinos, amigos, hermanos o tíos contagiados. Es algo que no pasaba el año pasado.

-¿Cómo era el año pasado?

-Todos sabíamos de alguien que, capaz, se había contagiado. Hoy conocemos a muchas personas afectadas. Y eso es lo que nos hace quedar.

-El subtítulo de tu libro, Manual de control y manejo de rumores, le da todo el sentido. ¿Por qué este enfoque?

-El rumor está mal valorado por la gente en general. Hay una idea a priori de que es algo malo. Y el rumor es la forma que tiene la propia gente de decodificar la realidad. Existe desde que existe el lenguaje, desde que los seres humanos se comunican entre sí. Y se instala como verdad, más allá de la verdad objetiva, a la que nosotros tenemos muy poco acceso.

-¿Por qué?

-Porque a las verdades las decoramos. Yo no cuento verdades, incluso cuando creo que las estoy contando: cuento mis verdades, que son hechos que decoro con mis fantasías, mis experiencias pasadas, mis odios, mis frustraciones. Eso, cuando se transforma en una verdad de grupo, algo cada vez más frecuente, porque uno, para generar identidad, genera verdades de grupo, es una verdad para muchísima gente, tal vez para todos.

-Un colega que nos escucha nos apunta, con cierta ironía: dice el rumor que en Pilar, donde estás vos ahora, está Richmond, y allí se hace la Sputnik Vida.

-Es cierto. Hay un edificio, al menos, que dice Richmond. A partir de ahí, en cuanto lo que esté pasando, no lo podemos saber. La realidad es que la utilización de rumores no debiera espantarnos. Es algo con lo que convivimos. Desde la vida cotidiana, donde contamos medias verdades constantemente, aun hasta en forma inconsciente. Y esas verdades van pasando de boca en boca; y ahora con las redes sociales van pasando de cuenta en cuenta y de manera vertiginosa, edulcoradas por cada uno de los intérpretes. Así que van tomando forma a medida que se desplazan.

-Vos contás, a modo de ejemplo, un caso en el que un medio predijo un cambio de gabinete en el gobierno de Macri que nunca sucedió. ¿Por qué ocurren esas cosas?

-Yo cito eso porque todavía no había pasado lo de Cacho Fontana y Carlos Griguol. Eso fue extraordinario. Hubo dos periodistas reconocidos que por sus cuentas de las redes sociales dieron por muertas a estas dos personas ¡y todos los medios de la Capital repitieron la noticia!

-¿Y por qué ya no se chequea, hoy, como era antes, al menos en los medios serios?

-Por la necesidad ridícula de llegar antes que el otro o, por lo menos, de no llegar después. Digo ridícula, en este caso, porque, para contar que una persona se murió, lo mejor que podés hacer es escribir una nota que implique un gran homenaje y no llegar antes con la información. Pero todos corrieron sin chequear, sin llamar a la familia. Esa carrera infernal por llegar antes lo que hace es terminar desvirtuando al periodismo.

-Nos estamos obnubilando, dejando llevar por el vértigo.

-Estamos perdiendo rigor y estamos perdiendo legitimidad como periodistas, en la medida en que entramos en esta lógica porque, además, la gente inmediatamente globaliza. Porque si ve que veinte medios hicieron esto, los dos o tres que no lo hicieron no quedan afuera de la bolsa. Nos estamos suicidando.

-¿Y por qué tanta obsesión por estar primeros? Da la sensación de que la primicia ya no existe más. Al menos como antaño, cuando un diario de papel podía ufanarse de su acierto todo un día. Hoy, con el periodismo digital y en tiempo real, la novedad dura apenas un segundo. ¿Qué valor tiene la primicia?

-Es muy bajo. Lo que sí tiene valor es la nota diferencial. De una primicia lo que vos podés hacer es un análisis mejor, obtener más información o datos más relevantes. Pero, coincidimos: la primicia perdió valor porque es simultánea.

-Lo cual redunda en beneficio de las audiencias.

-Claro, para la gente es muy fructífero, porque tiene la información de inmediato. Pero la realidad es que, en esta competencia loca en la que algunos entran con tanta vocación y desesperación, queremos ganarnos por segundos. Y esto entra en el terreno del ridículo constantemente.

-Vos lo sabés muy bien desde tu puesto de trabajo en Radio Continental.

-Yo manejo los contenidos web de la radio. Y sé que no corro contra Infobae. ¡¿Cómo voy a correr contra Infobae?! No tengo, desde todo punto de vista, ninguna posibilidad.

-¿Por qué?

-Por años de experiencia, por volumen de redacción, por capacidad investigativa de muchos de sus periodistas. Entonces, lo que hago, de algunas notas interesantes de Infobae a las que voy a llegar tarde, es buscar mejores testimonios, reunir mejores pruebas, documentos, elementos. Pero correr, para ganarle, sería ridículo.

-Hay un tramo de tu libro que nos resulta muy fuerte e impactante, cuando decías que la democracia representativa ha caducado y que marchamos hacia una democracia totalitaria y fanática. Algo que se ve tan cercano y cierto, que mete miedo.

-Es posible que haya mucha gente que disienta, pero creo también que el tiempo próximo va a terminar de corroborarlo.

-¿A qué lo atribuís?

-Porque es inviable. Doy el ejemplo de la Ciudad de Buenos Aires. Tiene 25 diputados nacionales para dos millones y medio de electores, más o menos. Con lo cual, cada uno de ellos representa a unos cien mil tipos. A mí, si uno solo me diera un poder para que lo representara, no sé si podría hacerlo. ¡Imaginate a cien mil tipos con intereses cruzados y diversos! Así, cuando salgo a apoyar el aborto, alguien me está matando; al respaldar el incremento del gasto público, me mata otra porción; y en esta última porción se mezclan los que me mataban antes y los que me aplaudían. Es insostenible.

-Claro, por la dinámica de los tiempos actuales.

-Porque la gente empezó a comunicarse entre sí de forma masiva y constante. Esta pandemia, aparte, nos dejó el saldo de que muchísimas personas que no estaban volcadas a las redes, al estar muy aburridas en su casa, se metieron en ellas y las exploraron, entendiendo que allí cuentan con un lugar de participación y libertad que no tienen en ningún otro lugar.

-Cambió el tejido social.

-Esa forma en que la gente se abocó a participar de las redes sociales hace que todos sepan lo que piensa el otro acá, en Alemania y en Turquía. Con lo cual se formaron nuevos grupos de pertenencia, nuevas identidades en las que la representación política, esa ficción que creamos para darle forma a la democracia moderna, empieza a defaultear.

-¿Por qué?

-Porque es una ficción. Sabemos que es una ficción. Como tantas cosas. Como el contrato social. Son ficciones a las que les damos validez para sostener nuestras instituciones. Pero en algún momento fallan.

-Pero cambió otra cosa. No solo te matan o te apoyan por distintas razones, sino que, además, las personas empiezan a dialogar con vos y entre sí en las redes. Esto no ocurre con la política, que se va quedando afuera de la conversación mundial.

-Eso ocurre cuando la política no participa de ese diálogo, porque hay quienes sí lo hacen bien. En el libro trabajamos muchos sobre Trump. Más allá de la conspiración final que terminó con su intento de reelección, Trump era un tipo que tuiteaba como la gente. Ese fue uno de sus grandes aciertos.

-Tuiteaba con la misma arbitrariedad de la gente.

-Claro. Lógico. La gente lo sentía como uno de ellos. Es decir, es una de las pocas cosas que hoy te dan legitimidad: que la gente te sienta como parte de ella. Si te siente afuera, si vos te parás en el pedestal del político, de la autoridad que da indicaciones, estás frito.

-Algo aplicable también a los rumores, ¿no?

-El día que vos desmentís un rumor desde una tarima y con un comunicado, lo que hacés es confirmarlo, que todo el mundo se burle de vos y darle mucha más velocidad.

-Vos explicás, al mismo tiempo, que el rumor existe porque cubre una necesidad de la gente. Necesidad informativa, emotiva, de entretenimiento o de lo que sea. Por eso prende.

-Veamos. Es mucho más divertido, viable y accesible, para mí y para todo el mundo, lo que me cuenta en 140 caracteres un avatar que suele ponerme memes graciosos, que un político que yo sé que se está llevando mi plata y que me está contando, desde una tarima, en un lugar de autoridad, alguna cosa técnica en una explicación de veinte minutos que yo no quiero escuchar.

-Por eso las teorías conspirativas funcionan. Porque son muchos más divertidas que la cruda verdad, ¿no?

-Claro. Pensá, históricamente, en cuando no existía esta velocidad en el tráfico de la información. Cuando Ptolomeo elaboró la teoría geocéntrica, estuvimos quinientos años creyendo que la Tierra como centro del universo era la verdad. Después apareció Copérnico para decirnos que el que estaba en el centro del sistema era el sol y cambiamos una verdad por otra. Cuando todos creen en algo, eso es la verdad.

-Vos ponés en relieve una palabra, factoide, que actúa como pegamento de todo este andamiaje en torno al rumor y las fake news.

-No la inventé yo. Es un trabajo del biógrafo de Marilyn Monroe (Norman Mailer), para quien los factoides eran lo que los medios decían que era la verdad. Los medios instalaban la verdad que la gente creía. Y no se hablaba todavía de redes sociales.

-O sea, no una verdad verdadera sino una verdad construida.

-Justamente él se refería a verdades que no lo eran. Pero la realidad, volviendo a las fake news, es que nunca son absolutamente fake, porque, si no, no serían creíbles. Por ejemplo, si empieza a correrse por las redes que yo tengo dos cabezas, la gente se va a reír. Va a ser una broma. En cambio, si empiezan a decir que salgo con mi vecina y hay una foto mía charlando con ella en la puerta, a partir de ahí se arma un despelote.

-Eso ya es un factoide.

-Exacto. Se armó un factoide con un elemento aportado que no es una prueba. A partir de ahí empieza a correrse, a decorarse, porque alguien, que también es vecino, alguna vez nos vio caminando muy juntos o entramos juntos al almacén. Se armó el rumor. Y ya está. Es la verdad creída por todos los que participan de ese entorno social.

-A relajarse, porque el rumor ya es una cuestión global, dice tu trabajo. Por otra parte, empezamos todos a estar bajo el dominio de la inteligencia artificial. La vida se rige cada vez más por algoritmos, por protagonistas virtuales. ¿Cómo hace un político para discutir con un dibujo animado o un avatar? ¿Adónde vamos?

-Es que no resulta posible. Si vos tenés que discutir con un avatar es porque se trata de un avatar que ha conseguido instalarse, que tiene ciento de miles de seguidores…

-Es cultura pop…

-Es cultura pop, sí. Y es aceptado por un sector social que hoy tiene veintipico de años y que dentro de diez va a gobernar el mundo. Ojo porque la democracia entra en una transición. El político entra en un proceso de adaptación.

-Caducan los modos tradicionales…

-El político que recorre los pueblos buscando votos y hablando en cada comité con diez tipos, está frito. Está totalmente fuera de foco. En diez años no existe más.

-¿Cuánto de esto debe preocuparnos de cara al futuro?

-A mí no me asusta mucho. Los sistemas siempre entran en crisis. Y habrá que ver su capacidad de adaptación.

-¿Qué rol cumplen en este proceso los líderes fanáticos que hoy se destacan en el mundo, como afirma tu libro?

-Puede ser, simplemente, parte de la transición hacia algo mejor, un lugar donde la gente se está recostando por una cuestión de necesidad mientras el sistema se adapta.

-¿Estamos yendo hacia una democracia directa? ¿O, al revés, a una realidad cada vez más manipulada? Hoy dependemos de los algoritmos. Y los algoritmos tienen detrás a alguien que los diseña. Son los dueños de los datos, de la información.

-Es que, si hoy se sientan en una mesa los tres o cuatro tipos que manejan las redes sociales más los cuatro o cinco que manejan las criptomonedas, nosotros no tenemos más nada que hacer.

-Definitivamente se corrió el poder.

-Claro, porque la gente prefiere el tráfico de información, el diálogo, la conversación y la formación de identidad de grupo mediante esas redes sociales u otras en el futuro. Y la gente que puede prefiere invertir en criptomonedas y no en monedas nacionales. La creación del dólar electrónico, por ejemplo, va hacia un destino similar donde el dólar papel no tiene mucho sentido. O sea, la inversión en moneda electrónica tiene que ver con monedas que no manejan los Estados.

-Entendiendo esto, uno piensa que los señores de Facebook, Google, YouTube, Amazon, etcétera, están teniendo piedad de nosotros al permitirnos, al menos, la ilusión de que todavía nos movemos con libertad.

-No creo que sea piedad. Creo que es lo necesario para que la gente no termine de darse cuenta de que la gobiernan diez tipos y se arme un despelote infernal. Porque es lo que va a terminar pasando.

-¿Y mientras tanto?

-Esto funcionará mientras la gente crea que su voto vale algo, que vive en una democracia y que sus representantes la van a defender de los abusos. Porque, cuando esté claro que diez tipos gobiernan el mundo, van a empezar a escarbar sobre los abusos.

-¿Cuál es el límite?

-Mientras la gente crea que hay quien la defienda con cierto poder como sería el Estado; y que ese Estado está gobernado por alguien que ella eligió, esas investigaciones tienen sus límites. Hace poquito salió que la Unión Europea va a sancionar a Facebook por tal cosa. Y con eso la gente se conforma. Mientras tanto, la sanción no implica nada para Facebook. Son unos pesitos para ellos.

-Alguien nos aporta que Harari y otros pensadores han explicado que la manipulación y los algoritmos son todo lo contrario de la democracia directa. Vos lo citás expresamente a Yuval Harari.

-Hay como una ficción de democracia directa. Y en algún punto, respecto de la política y los políticos, aparece como una situación así porque la gente los está gobernando. La gente, por las redes, les grita, los insulta y les exige respuesta.

-Pero no termina funcionando estrictamente como tal.

-Es que, por otro lado, eso se mixtura con la aparición de un gobierno oligocrático de diez empresas. Digamos, pasan las dos cosas.

-Para terminar, coincidimos con vos en que no se puede tapar el sol con las manos. La clave es conocer cómo funciona todo esto.

-Sí. Saber que existe. Y, después, tratar de adaptarse.

-Nos va a costar de todos modos.

-Es cierto que resulta muy difícil. Y yo no puedo decir que esté adaptado. Lo que sí pude fue describir lo que yo creo que es la realidad. Después… como dice más o menos Harari, un día nos van a seleccionar la pareja en Google.

-Es lo que plantean series como The One o Soulmates.

-Claro. ¿Por qué si la inteligencia artificial es tan eficiente no vamos a buscar por Google nuestra pareja perfecta? Seguramente con ella la compatibilidad sea tan absoluta que la pasemos bárbaro toda la vida. ¿Por qué no?

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