ANÁLISIS Y OPINION

El vandalismo del aerosol debería ser una de las prioridades del Jurado Vecinal que votó la Ciudad

La creación en Capital de un Jurado Vecinal para que juzgue las infracciones al Código de Convivencia ha despertado interés, sobre todo por el creciente vandalismo

Un día antes de que los piqueteros mendocinos del Polo Obrero hicieran un nuevo acampe en la plaza Independencia para protestar contra la caída de los planes sociales irregulares que detectó el Gobierno nacional, la Municipalidad de Mendoza había decidido una inusual movida para frenar las conductas que de manera creciente no respetan el Código de Convivencia.

Esta vez se votó por unanimidad en el Concejo Deliberante un inédito plan -propuesto por el Ejecutivo- que crea un Jurado Vecinal para que sea la propia ciudadanía la que pueda juzgar las infracciones a las normas que buscan hacer más habitable la Ciudad, de manera particular ante el avance del vandalismo del aerosol y el uso indebido del espacio público.

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Avenida España casi Peatonal. Mármoles y vidrios tapizados de aerosoles.

Avenida España casi Peatonal. Mármoles y vidrios tapizados de aerosoles.

Este envión ha sido una reacción política interesante.Todavía falta conocer la letra chica de cómo se implementará y los recaudos republicanos que se tomarán en su reglamentación. El intendente Ulpiano Suarez ha dicho que la ordenanza no afectará la libertad de acción sino que buscará generar responsabilidades sobre los actos.

De lo que se trata es de una convivencia más justa y sana, en la que quien actuó mal no se la lleve de arriba. Aquel que a sabiendas hace algo que afecta la vida social en común debe tener algún tipo de sanción.

¿Y la sociedad civil?

Sería oportuno que la Comuna alentara, al mismo tiempo, a las organizaciones civiles a sumarse a esta campaña para darle más volumen a la prédica por una Ciudad amable y menos hostil. Una ciudad más educada, calificativo éste que no es muy usual que se use. Ocurre que la multa más efectiva suele ser la sanción social.

En muchas de las ciudades europeas cuyos gobiernos vienen combatiendo con éxito el vandalismo del aerosol, la labor de las ONG y otras instituciones de la civilidad ha sido fundamental.

Hace rato que el Código de Convivencia debería estar funcionando como una política de Estado en Capital y en la Provincia. El hecho de que este nuevo Jurado Vecinal de Ciudad se haya votado por unanimidad puede que ayude a esa idea.

Uno de los problemas prioritarios que deberá abordar el Jurado Vecinal será el del avance incesante del vandalismo del aerosol contra bienes públicos y privados, cuyo accionar desbocado ya ha pasado de castaño a oscuro.

Tu firulete

Realmente se ha tornado agobiante la invasión de tags, firmas y otros firuletes visuales en las paredes de Mendoza. Se trata de un enchastre vandálico que tiene su clímax en la gran profusión de esos pegotes visuales (conjuntos de letras gordas, apelmazadas y chillonas) con las que la tiranía del aerosol ha inundando los frentes, tanto de edificios públicos y privados, como las cortinas metálicas de los comercios. Son calcos de calcos en los que la creatividad brilla por su ausencia.

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El edificio de los tribunales de Familia es uno de los edificios públicos más atacados.

El edificio de los tribunales de Familia es uno de los edificios públicos más atacados.

¿Debemos mirar ese avance sin chistar, como si fuera una fatalidad de los centros urbanos? Casi que ya no quedan frentes de escuelas que estén limpios, al igual que los de muchas reparticiones públicas, como los juzgados de familia. El aerosol ladino y zonzo ha atacado incluso a la Biblioteca pública que el general San Martín creó en la Alameda.

Decididamente no hay que hacer la vista gorda cuando estos depredadores de frentes vomitan sus aerosoles sobre edificios como el del Ministerio de Cultura (ex Banco Hipotecario) de casi 100 años, o cuando agarran para el churrete las paredes del Espacio Contemporáneo de Arte (ex Banco de Mendoza).

¡Frenen, che!

Ya no hay frenos. Ahora algunos enchastradores se la han agarrado con los ingresos de los edificios de departamentos. En algunos de estos inmuebles de altura los más osados escalan hasta el primero o segundo piso para seguir pintarrajeando las paredes con una saña difícil de entender.

Y en algunas viviendas ingresan hasta las cocheras para dejar en las paredes sus "deposiciones artísticas". Un desprecio total sobre la propiedad privada consagrada por nuestra Constitución nacional.

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Los vecinos de esta esquina acababan de pintar cuando recibieron un regalo.

Los vecinos de esta esquina acababan de pintar cuando recibieron un regalo.

Hay una gran diferencia entre esos cultures de firmas y tags y los animadores del art street o los grafiteros creativos o los muralistas que no actúan con la intención de hacer daño y de joderle la vida al prójimo, sino que buscan dejar una propuesta artística. El verdadero artista pacta con el dueño de las paredes su uso para dejar algo distinto y que sea inspirador. Y trabaja de día.

El enchastrador, en cambio, actúa en las sombras, de canuto, en la madrugada. Su loca misión es la de sentar presencia, y marcar territorio estampando su "nombre de guerra" o su alias en la paredes mediante ese amontonamiento de letras gordas que, de tan vistas ya resultan insoportables. Lo importante (creen) es llegar primero a una pared que esté sin inscripciones. Encima, algunos de ellos se hacen llamar writers (escritores).