Análisis y Opinión

El peronismo renueva su piel: la platita al conurbano y el dividir a la oposición lo hicieron

La proeza de Sergio Massa se explica por los fondos que volcó en el conurbano, lo que facilitó el triunfo determinante de Kicillof frente a una oposición dividida

El ministro-candidato debía mover las piezas con extremo cuidado para no cometer errores no forzados y para influir en el desempeño de la oposición.

Ha quedado demostrado que Sergio Massa tiene mucha más muñeca como político que como economista improvisado.

Los indicadores de una economía en bancarrota, que empeoró desde que asumió el ministerio, eximen de más comentarios al respecto, pero las decisiones de reparto de fondos para todos y todas rindió sus frutos: el crecimiento desde las PASO en la Provincia de Buenos Aires le garantizaron el hándicap que tendrá de partida para afrontar la segunda vuelta.

En esta columna publicada ayer decía que "podrá Sergio Massa quedar fuera de carrera o lograr el objetivo de entrar a una segunda vuelta, pero no está en dudas de que es un animal político que ha logrado mantener la musculatura del peronismo para afrontar con chances estas elecciones".

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La habilidad política que Massa ha demostrado en su carrera, ya desde que se abrió del kirchnerismo para enfrentar a Cristina o cuando con pragmatismo se volvió a asociar con ella, está fuera de discusión. Y no sólo en sus estrategias de alianzas, sino en cómo ha influido en el arco opositor.

Javier Milei tomó vuelo con el apoyo logístico del massimo para ponerle un techo al crecimiento de Juntos por el Cambio y porque tácticamente para Massa era más sencillo enfrentar a un libertario sin estructura que a una fuerza desplegada en todo el territorio. Es dos más dos.

No fue Massa el que ocasionó la debacle de Juntos por el Cambio, sino su propia dirigencia con sus peleas a la vista de todos. La aparición de Milei, el verdadero cisne negro para las chances de los opositores tradicionales hizo el resto.

Es cierto que el crecimiento del libertario fue prohijado por el peronismo en una jugada maestra, porque le permitió entrar al balotaje y dar un golpe de nock out a Patricia Bullrich, quien no logró liderar al arco opositor que en conjunto ha sumado 54 por ciento de los votos, sin contar los de Schiaretti y de Bregman.

A cada santo una vela

Massa la tiene servida teniendo los resortes del reparto en sus manos, lo que le hizo crecer casi tres millones de votos respecto de las PASO. Ahora deberá cuidar que nada se le desmadre demasiado antes del balotaje en menos de un mes. Ya después del 10 de diciembre deberá lidiar con su propia herencia, pero eso es historia de otro capítulo.

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Sergio Massa habló el domingo por la noche del fin de la grieta.

Sergio Massa habló el domingo por la noche del fin de la grieta.

Entre tantas promesas y fondos repartidos a medida de cada quien, Massa está convocando a la unión nacional. "La grieta se murió", sentenció, en busca de los votos que necesita para sumar la mitad más uno.

Los que quedaron fuera de juego deberán conformarse con optar por uno de sus rivales o por el voto en blanco. Nadie es dueño de los sufragios de los electores, pero los dirigentes estarán siendo observados en sus pronunciamientos, una presión más que apunta al desguace de Juntos por el Cambio. Puestos en una posición incómoda y no deseada, no pocos radicales de paladar negro han sido los primeros en rechazar la opción Milei.

Ofendidos por los insultos libertarios, cosecha más rechazo la opción antisistema que la antikirchnerista. Y, después de todo, Massa no tributa a una débil Cristina, sino a sí mismo, y es considerado más del palo por la esfera radical aunque se tapen la nariz.

En cuanto al Pro, veremos a los que tironeen para el lado de Milei, como podría suceder con el mismo Mauricio Macri, con quien ha coqueteado en la campaña que contribuyó a minar las chances de Patricia Bulrich, y por otro lado los que prefieran Massa. De hecho, surge de la evaluación poselectoral que un cuatro por ciento de los votos de Rodríguez La Reta no fueron retenidos por Bullrich, y es conocida la vieja afinidad del Jefe de Gobierno Porteño con el tigrense.

Los disparates declarativos de los allegados de Milei, que se acentuaron en las horas finales de la campaña, también le pusieron un coto a las posibilidades de quedar primero y mucho menos de ganar sin balotaje.

En Mendoza, La Libertad Avanza volvió a triunfar, y con tres diputados nacionales que entraron, le propinó un duro castigo tanto al radicalismo como al peronismo, que igual festejó por el crecimento que tuvo en la provincia y en la nación con Sergio Massa traccionando.

El Congreso tendrá muchas caras libertarias nuevas, la mayoría desconocidas. Por delante tendrán el desafío de consolidar una nueva fuerza, en principio sin fieles seguidores, ya que sus votantes se inspiraron sólo en Javier Milei como un símbolo disruptivo que les representaba un cambio de cuajo.

En el ámbito parlamentario, Juntos por el Cambio deberá sopreponerse a la pérdida de bancas y mantener los interbloques que les dé fuerza como interlocutores necesarios y frente al nuevo gobierno y como representantes de una suerte de liga de gobernadores radicales y del PRO.

En cuanto al gobierno de Alfredo Cornejo, se abren interrogantes, aunque en caso de confirmarse el triunfo de Sergio Massa, es plausible suponer que entre políticos razonables es más fácil entenderse pese a las distancias partidarias. Después de todo, la relación entre los gobiernos de la Provincia y de la Nación difícilmente sea peor que lo que han sido estos años para Mendoza.

Arranca un nuevo partido cuya definición se dará el 19 de noviembre, y habrá qué ver qué ofrecen y negocian los dos candidatos finalistas.

En las elecciones de ayer la campaña del miedo le ganó al voto bronca. Pero la división de la oposición y el plan platita recargada surtieron efecto para posicionar a Massa, aún haciendo una magra elección de apenas el 36.7 por ciento de los votos.

Se abre una nueva instancia en la se presume que la mayoría volverá a optar por "malo conocido". De todos modos, encabezando un nuevo gobierno tendrá la oportunidad de revivir las esperanzas del país.

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