Análisis y opinión

El mesianismo de Javier Milei ya molesta a los que le daban un apoyo crítico

Por defender y expandir el credo libertario, el presidente Javier Milei se olvida que hoy por hoy su credo debería ser la Argentina

Lo de Javier Milei se ha pasado de castaño oscuro. En cinco meses ha hecho más viajes no oficiales al exterior que Gulliver, aquel personaje literario inventado por el escritor Johnatan Swift. Gulliver partía en barcos para vivir historias extraordinarias en lugares como el reino de Liliput donde todos sus habitantes tenían escasísima altura. ¿Seremos los argentinos un remedo de aquellos liliputienses?

A él le "importan tres carajos" quienes lo critican por eso y por otras cosas. No se va a poner a discutir "con cucarachas". La política está llena de "ratas". Milei se percibe como "uno de los cinco líderes más importantes del mundo".

Por eso se permite ir a otros países como si fuera un particular que no se mezcla con las castas políticas de esos estados sino que se vincula sólo con esa entente de libertarios ultras que instauró el pirucho Donald Trump y de la cual nuestro Presidente es un alumno con audacia e iniciativa.

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Pedro Sánchez criticó duramente al presidente Javier Milei por sus calificaciones hacia su esposa, a quien trató de corrupta.

Pedro Sánchez criticó duramente al presidente Javier Milei por sus calificaciones hacia su esposa, a quien trató de corrupta.

La presidencia argentina le queda chica. Su misión en el mundo -dicho por él mismo- es la de ser un ideólogo, un predicador de "la palabra" en contra del "socialismo arrogante y delirante". Para él, por ejemplo, la UCR es socialista y Alfonsín es una mala palabra.

Afiebrado

El "doctor Milei", así lo presentaron en el acto del partido ultraderechista Vox al que asistió en España, dijo lindezas como que se sentía "asqueado" por el ejercicio de la negociación que le demanda su puesto de Presidente argentino.

Él no se fija en "conveniencias" sino que su meta es la batalla cultural que "las fuerzas del cielo" le han encomendado y que se resume en el ideario del anarco capitalismo, un mundo ideal donde esa "basura" llamada "Estado" ha desaparecido.

La megalomanía de Milei está compendiada en ese discurso que dio en la reunión de Vox, el partido que preside Santiago Abascal, un ultra que al lado del argentino parece de centro. Hay que revisar ese video para verlo de lleno en su rol de predicador afiebrado.

Allí él admite que puede ser que a veces haya caído en el pecado de pragmatismo en estos primeros cinco meses de gobierno en Argentina pero que son pecadillos para poder "salvar el camino de la libertad".

Inquietos

Ya cerca de los seis meses de gestión presidencial de Milei muchos argentinos que, sin ser libertarios, lo votaron para que sentara las bases de una nueva etapa argentina, con menos populismo y con más eficiencia de gestión, se han comenzado a hacer preguntas.

¿Por qué Milei no se concentra en su tarea de sanear la economía y deja para más adelante su carrera internacional y sus ardores de creerse destinado a salvar el mundo de las garras de la socialdemocracia, conformada por una manga de "rastreros".

Es cierto que no hemos caído en una hiper, que la inflación está bajando tras la devaluación del primer mes de gobierno y que se han empezado a desarmar algunas madejas de corrupción que nos dejó el "Estado presente" según lo entendía el kirchnerismo.

Pero no es menos cierto que la endeblez político-institucional del gobierno libertario genera demasiadas dudas, al igual que la consolidación de un rumbo que se pierde en medio de tantos frentes de pelea que genera todos los días.

Onereoso pavoneo

El conflicto que ha generado con el gobierno socialista de España ha escalado a niveles de delirio. Por pavonearse ante derechistas ultras de esa nación, nucleados en el partido Vox de resonancias franquistas, Milei parece haber olvidado que él no es la esencia de la Argentina sino nuestro representante temporario.

Las explicaciones para justificar que nos haya puesto al borde de la ruptura de relaciones diplomáticas con España no tienen justificativo. Y su insistencia compadrita en redoblar la apuesta son propias de alguien que está en la adolescencia de la política.

El presidente Pedro Sánchez no es ningún santo varón, pero es un zorro viejo de la política, una actividad donde Milei está haciendo los palotes. El interés de los ciudadanos argentinos y españoles están por encima de estos dos apellidos que deberían serenar sus ánimos. La historia común que tenemos con España nos obliga a un baño de sensatez.

En su afán de defender y expandir el credo libertario, Milei se olvida que hoy por hoy su credo debería ser la Argentina. Su promesa de campaña fue la de sanear la economía y convertir a nuestro país en una nación creíble y pujante. No es con chicanas de tablón como se logran propósitos de ese tipo.